¿Cuál es la perspectiva económica de América Latina?

¿Cuál es la perspectiva económica de América Latina?
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La actividad económica en América Latina y el Caribe se ha estado enfriando desde hace varios años, y en muchos lugares la temperatura sigue bajando. Ahora se prevé que el crecimiento regional caiga por debajo del 1 por ciento en 2015, frente al 1,3 por ciento de 2014. Aparte de una breve recesión durante la crisis financiera mundial, sería la tasa de crecimiento más baja desde 2002.

Sin embargo, la dinámica del crecimiento varía en la región, en líneas generales según un eje norte-sur. Aunque quizá ya se sienta la primavera en México, Centroamérica y partes del Caribe, el clima económico sigue siendo decididamente frío en gran parte de Sudamérica. ¿Qué explica estas perspectivas divergentes y cómo puede volver a despejarse el panorama en toda la región?

Señales de primavera en el norte…

Dos factores externos desempeñan un papel clave en las perspectivas de la región:

  • La sólida recuperación de la economía estadounidense, cuyo crecimiento se proyecta en un 3 por ciento en 2015.

  • La persistente debilidad de los mercados mundiales de materias primas, incluido el desplome de los precios del petróleo desde mediados de 2014.

Para la mayoría de las economías de Centroamérica y el Caribe, ambos acontecimientos son buenas noticias. Vinculadas a la economía estadounidense mediante el comercio, las remesas y los flujos turísticos, se beneficiarán de la vigorosa actividad en Estados Unidos, aunque ello implique un aumento gradual de las tasas de interés estadounidenses. Al mismo tiempo, el abaratamiento del petróleo supone un alivio considerable y reduce las facturas de importación en un promedio de 3-4 puntos porcentuales del PIB. El repunte del crecimiento sería mayor si no fuera por problemas internos de larga data que siguen lastrando la actividad, en particular, la débil situación fiscal de muchos países y los importantes desafíos de competitividad del Caribe, dependiente del turismo. Un entorno externo más favorable ofrece una buena oportunidad para abordar estos problemas.

A su vez, se proyecta que la economía de México acelere su ritmo, respaldada por una mayor demanda de Estados Unidos. Los menores precios del petróleo ocasionan algunas pérdidas de ingresos para el gobierno, pero, dado que la producción petrolera ya no representa una gran proporción de la actividad, los obstáculos al crecimiento deberían ser limitados.

…pero el frío persiste en el sur

En cambio, para Sudamérica, los acontecimientos externos recientes han sido mayormente desfavorables. Los vínculos comerciales con la economía estadounidense son relativamente modestos, lo que limita los efectos positivos indirectos. Mientras tanto, la continua caída de los precios de las materias primas ha afectado a los principales exportadores de estos productos de la región. En los últimos meses, las economías más afectadas han sido las que exportan cantidades importantes de petróleo y gas, en particular Venezuela, Bolivia, Ecuador y Colombia, cuyos términos de intercambio (el precio de las exportaciones en relación con el de las importaciones) se han desplomado. Los desafíos propios de cada país, entre ellos la muy débil confianza del sector privado en Brasil y la intensificación de la crisis económica en Venezuela, lastran aún más sus perspectivas.

En este entorno, se proyecta que el crecimiento se desacelere aún más en la mayoría de los países de Sudamérica, a medida que la debilidad de la inversión empresarial se extienda al gasto de los consumidores. Se prevé que tres de las economías más grandes (Argentina, Brasil y Venezuela) se contraigan en 2015. En cambio, el crecimiento debería repuntar en Chile y Perú, con ayuda de políticas fiscales y monetarias favorables que reflejan marcos macroeconómicos sólidos y reservas acumuladas en épocas de bonanza. En otros países, las perspectivas dependen de la naturaleza del shock externo que enfrentan las economías —Uruguay, por ejemplo, ha visto mejorar recientemente sus términos de intercambio, ya que las ganancias derivadas de las importaciones de petróleo más baratas superan las pérdidas por los menores precios de exportación agrícola— y de su capacidad de ajuste. Los tipos de cambio flexibles pueden desempeñar un papel importante para facilitar el ajuste, al desplazar la demanda hacia los bienes producidos localmente. Colombia es un ejemplo: se prevé que la marcada depreciación del peso impulse la demanda de sus exportaciones (no relacionadas con materias primas).

No hay una solución rápida para subir la temperatura

Aunque Sudamérica lidia con un bajo crecimiento, el desempleo sigue en niveles históricamente bajos en la mayoría de las grandes economías. La inflación supera los objetivos de mitad de rango, mientras que los déficits en cuenta corriente, en general, se han ampliado aún más. En conjunto, estos hechos indican que la capacidad ociosa de la economía sigue siendo limitada. Dado que también se han revisado a la baja las previsiones de crecimiento a mediano plazo, está claro que la región enfrenta algo más que una desaceleración cíclica temporal. Además, las perspectivas de crecimiento estructuralmente más débiles coinciden con una pérdida considerable de margen de acción en materia de políticas: los colchones fiscales se han erosionado en muchos países y la depreciación de los tipos de cambio reduce el margen para una mayor flexibilización monetaria.

Cómo volver a tiempos más soleados

Por lo tanto, conviene actuar con cautela antes de intentar subir la temperatura mediante un estímulo excesivo de las políticas macroeconómicas. En cambio, para restablecer perspectivas de crecimiento sólidas será necesario centrarse claramente en abordar las debilidades estructurales en infraestructura, educación, gobernanza y entorno empresarial.

Los responsables de las políticas de toda América Latina también deberán vigilar de cerca los riesgos del sector financiero. Tras varios años de fuerte crecimiento del crédito, entradas de capital y aumento de la emisión de bonos corporativos en los mercados internacionales, las empresas y los hogares de muchos países enfrentan ahora condiciones de financiamiento más restrictivas, al mismo tiempo que las ganancias empresariales y el empleo han comenzado a debilitarse. Además, una normalización de la política monetaria estadounidense más rápida de lo previsto u otros shocks mundiales podrían provocar nuevas turbulencias en los mercados financieros, mientras que la marcada apreciación del dólar podría perjudicar a los prestatarios con deuda en dólares sin cobertura. En general, los balances sólidos y los compromisos creíbles en materia de políticas ofrecen la mejor protección frente a las perturbaciones financieras. En particular, los bancos centrales deberían mantener un enfoque claro en cumplir los objetivos de inflación y, al mismo tiempo, estar preparados para prevenir una volatilidad excesiva de los tipos de cambio o dinámicas desordenadas del mercado mediante intervenciones selectivas.

En resumen, los responsables de las políticas de América Latina y el Caribe tienen mucho trabajo por delante. Con vigilancia ante los riesgos financieros, un compromiso firme con políticas macroeconómicas prudentes y avances decididos en las reformas estructurales, el prolongado período de frío acabará dando paso nuevamente a temperaturas más cálidas en toda la región. Analizaremos estos temas con mayor profundidad en nuestro próximo informe Perspectivas económicas regionales, que se publicará el 29 de abril.

Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Alejandro Werner asumió su cargo actual como director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional en enero de 2013.

Imagen: Un hombre camina por el distrito financiero de Buenos Aires, 31 de julio de 2014. REUTERS/Marcos Brindicci.

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