¿Cuál es la mejor manera de abordar la desigualdad?

¿Cuál es la mejor manera de abordar la desigualdad?
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La desigualdad de ingresos ha aumentado en la mayoría de las principales economías y, en muchas de ellas, de forma significativa. Esto es motivo de creciente preocupación, y con razón: la desigualdad no solo puede socavar las perspectivas de crecimiento a largo plazo de una economía, sino que también puede frenar el crecimiento a corto plazo al deprimir la demanda agregada.

El enfoque habitual para abordar la desigualdad —las políticas fiscales redistributivas de impuestos y transferencias— puede ser controvertido y polarizador, debido a las compensaciones percibidas entre el crecimiento económico y una mayor igualdad. El resultado suele ser un debate acalorado y una retórica apasionada, pero poca acción concreta. Los políticos son especialmente propensos a esta dinámica, como lo demuestra buena parte del debate sobre la desigualdad en la actual campaña presidencial en Estados Unidos.

Existe una vía mejor, menos controvertida y políticamente más viable para la acción: poner en marcha reformas que promuevan un crecimiento sólido e inclusivo que, por su naturaleza, reduzca la desigualdad. Este enfoque se centra en reducir las desigualdades de oportunidades y en ampliar la base de participantes en el proceso de crecimiento, garantizando así que más personas se beneficien de él. Los políticos que defienden este enfoque podrían encontrar más fácil formar coaliciones ganadoras para aplicarlo.

La gama de políticas que pueden estimular un crecimiento inclusivo es amplia. Incluye mejorar el acceso a los mercados, nivelar el terreno de juego para las grandes y pequeñas empresas, invertir en capital humano y promover la creación de empleo. Las reformas regulatorias e institucionales que fortalecen el Estado de derecho y promueven entornos empresariales abiertos, competitivos y justos son un ejemplo. Esta agenda también incluye el desarrollo de infraestructuras que amplíen las oportunidades económicas, y políticas que faciliten el acceso al financiamiento.

La educación es un ámbito clave que debe considerarse al promover un crecimiento inclusivo. Mejorar la disponibilidad y la calidad de la educación amplía la reserva de talento en la fuerza laboral y mejora y amplía su base de competencias. Los programas de desarrollo infantil temprano, por ejemplo, han demostrado proporcionar beneficios educativos a lo largo de toda la vida y sentar las bases del éxito en el lugar de trabajo.

Además, es importante eliminar las barreras en el mercado laboral. Una mayor flexibilidad es fundamental para ofrecer a una fuerza de trabajo educada oportunidades de encontrar empleos bien remunerados, especialmente cuando estos esfuerzos se complementan con políticas macroeconómicas que impulsen la demanda de mano de obra. La eliminación de las barreras a la participación de las mujeres en la actividad económica es otra palanca importante para impulsar un crecimiento inclusivo.

La eficacia y la pertinencia de las reformas que promueven el crecimiento inclusivo variarán de un lugar a otro. Pero pocos países carecen de oportunidades significativas para reforzar varias políticas en este ámbito.

Sin duda, las políticas fiscales redistributivas seguirán siendo necesarias en muchos casos. Pero es importante que se diseñen de forma que causen el menor daño económico posible. Las políticas bien diseñadas de impuestos y transferencias pueden no ser incompatibles con el crecimiento, o al menos pueden minimizar el costo de eficiencia de la redistribución. En el ámbito de los impuestos, los ejemplos incluyen ampliar la base del impuesto sobre la renta de las personas físicas, garantizar que la estructura de tipos sea progresiva, eliminar las exenciones excesivas y regresivas, y mejorar la tributación de la propiedad. En el ámbito de las transferencias, incluyen la reorientación de las redes de protección social para fomentar la adquisición de nuevas competencias y capacidades (las transferencias monetarias condicionadas son una posibilidad) y la reorientación de los programas de seguro social para eliminar incentivos adversos y reforzar su alcance y sostenibilidad.

Esta agenda es aún más importante porque el aumento de la desigualdad puede provocar una reacción contra la globalización y el cambio tecnológico, ambos motores fundamentales del crecimiento económico. En lugar de intentar frenarlos, las políticas deben abordar sus efectos más disruptivos de manera cuidadosa e imaginativa, mediante programas de educación y reciclaje profesional, mercados laborales más flexibles que permitan a los trabajadores adaptarse a los cambios del entorno económico, y redes de protección bien diseñadas que los acompañen durante ese proceso. La cooperación internacional será clave para gestionar algunos aspectos de la globalización, especialmente en lo que respecta a los impuestos sobre el capital móvil.

En un momento en que el mundo se preocupa tanto por la desaceleración del crecimiento económico como por el aumento de la desigualdad, las políticas que pueden ser simultáneamente favorables al crecimiento y a la igualdad merecen una atenta consideración. Es hora de dejar de intentar repartir de nuevo la tarta y empezar a asegurar que crezca de forma más inclusiva, de modo que haya más para repartir y más personas reciban una porción.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: Zia Qureshi es investigador principal no residente en la Brookings Institution y director de Estrategia y Operaciones en la Oficina del Vicepresidente Senior y Economista Jefe del Banco Mundial.

Imagen: Vista del barrio marginal de Turano en Río de Janeiro. REUTERS/Sergio Moraes.

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