En 2014, un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, el pueblo de Ucrania arrancó a un régimen desacreditado otra oportunidad para refundar su nación. Tras el levantamiento popular, Ucrania se ha ganado de nuevo la atención y el respeto de las principales democracias avanzadas. Ahora corresponderá a los ucranianos aprovechar sus propias fortalezas y la buena voluntad de sus amigos para forjar una nueva economía que sustente un Estado democrático sólido. En un círculo virtuoso, el Estado y el Estado de derecho que implica posibilitarán el crecimiento, creando así una oportunidad única para replantear por completo el modelo económico de Ucrania.
Ningún país ha recorrido el mismo camino en la transición postsoviética, y ninguno ha sido fácil. La transformación más reciente de Ucrania se vio impulsada por el deseo de su pueblo de acelerar la integración en el espacio económico europeo. Un acuerdo comercial con la UE surgió como símbolo de ese impulso. Sin embargo, Ucrania regresa al mercado mundial en la otra fase del ciclo económico: se vio lanzada por primera vez al mercado global a principios de la década de 1990, cuando la economía mundial experimentaba un fuerte auge, el incipiente mercado único europeo vecino era pujante, el mercado ruso prometía inmensas riquezas y la oferta mundial de crédito era abundante. El mundo al que Ucrania se reincorpora hoy es distinto del que encontró tras la primera Revolución Naranja. El mercado regional y mundial refleja varios años de crisis financiera, una menor demanda de materias primas básicas y nuevos patrones de producción, financiación y consumo. El antiguo nicho de Ucrania como proveedor de materias primas de gran volumen e intensivas en energía para otros mercados emergentes ha llegado a su fin.
Dada la ruptura con Rusia y la pérdida general de competitividad, es probable que el comercio por sí solo no sea un motor suficiente para el crecimiento. Según la OCDE, las exportaciones ucranianas de mercancías disminuyeron en 2014 más de un 14 % con respecto al mismo período de 2013, mientras que las importaciones de mercancías se desplomaron casi un 30 %. Aun con esta caída del comercio, en enero de 2015 Ucrania notificó a sus socios de la OMC un recargo a las importaciones del 5-10 % del valor en aduana de los bienes importados, con exenciones para los hidrocarburos, algunos medicamentos esenciales y dispositivos médicos. Si el comercio exterior sigue deprimido, ¿qué otros motores tiene a su alcance la economía ucraniana? Dadas las limitaciones del apoyo del FMI, la respuesta reside en una combinación de privatización y asignación estratégica de los recursos limitados disponibles en el país y a través de instituciones internacionales a sectores que puedan respaldar la competitividad regional de Ucrania.
La desregulación debe ocupar un lugar prioritario para reducir el costo de la formación de capital y liberar el espíritu emprendedor de la población ucraniana. Sin desregulación, la privatización no generará un crecimiento sólido, ya que los inversores privados no podrán desarrollar los activos que adquieran. Solo en el sector agroindustrial hay literalmente cientos de permisos y procedimientos que solo pueden justificarse por la búsqueda de rentas. El código laboral ucraniano está lastrado por la herencia de la época soviética. Hay mucho que se puede hacer para reducir el costo del gobierno. Aunque la privatización reducirá la presión sobre el presupuesto y mejorará la gestión de algunas empresas, pasará mucho tiempo antes de que los activos se reestructuren por completo y empiecen a contribuir al crecimiento y al empleo.
Mientras se elimina la maraña burocrática y se preparan las entidades estatales para el mercado, es esencial movilizar los recursos humanos del país en torno a una visión de crecimiento futuro que responda a las realidades de la economía actual, no a los recuerdos de la burbuja mundial del crédito. También acudirán inversores a más largo plazo si pueden respaldar la visión económica que ofrece la nueva Ucrania.
Aquí es donde la comunidad empresarial mundial puede hacer otra contribución importante e inmediata. Deberíamos ofrecer a los responsables de las políticas ucranianos y al sector empresarial una evaluación honesta de las tendencias mundiales y regionales, con el objetivo de ayudar a identificar en qué ámbitos Ucrania tiene más posibilidades de saltarse algunas etapas de la transición. ¿En qué áreas puede Ucrania crear una oferta interna que responda a la demanda internacional? Es poco probable que invertir en industrias heredadas las revitalice, si no ha ocurrido en los últimos 20 años.
¿Debería Ucrania aspirar a reactivar la industria manufacturera tradicional, altamente dependiente de la energía, con la expectativa de un repunte de la demanda mundial de materias primas, o crear las mejores capacidades de banda ancha de la región, destinándoles todos los recursos? ¿El futuro de la agricultura ucraniana está en la producción de grandes volúmenes o en los cultivos especializados? El gobierno debe escuchar al sector empresarial sobre los escenarios probables para los próximos 5-10 años, cuando las inversiones y reformas actuales darán fruto en forma de crecimiento económico sostenible. Los recursos que inevitablemente se destinen a la reconstrucción tras el conflicto pueden generar una valiosa demanda interna de manera concentrada. La recuperación y el crecimiento deben formar parte de una misma visión política. Si aprovecha el momento, Ucrania puede convertirse en un importante motor del crecimiento regional y mundial, aprovechando plenamente los acuerdos comerciales por los que ha pagado un alto precio.
Autor: Gary Litman, vicepresidente de Iniciativas Estratégicas Internacionales, Cámara de Comercio de Estados Unidos, Washington, D. C.
Imagen: Un empleado junto a tuberías de gas en el almacenamiento subterráneo de gas de Oparivske, en la región de Lviv, el 30 de septiembre de 2014. REUTERS/Valentyn Ogirenko


