¿Qué le espera a Abenomics?

¿Qué le espera a Abenomics?
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No es de extrañar que Japón sea cauto ante las promesas de Abenomics.

En el ámbito minorista, la población en general lleva años con expectativas deflacionistas, mientras que en el ámbito profesional, los gestores de fondos y las empresas han visto cómo los gobiernos inestables se suceden unos a otros. Aunque existe consenso sobre la dirección que deben tomar las políticas del gobierno, hay dudas sobre su capacidad para ejecutarlas, para mantenerse unido en el liderazgo, para hacer frente a los grupos de presión y para mantener el rumbo más allá del impulso monetario inicial.

El mensaje parece ser: «Estoy de acuerdo con lo que intentan hacer; de hecho, voy a votar por ustedes, pero no les daré el beneficio de la duda hasta que vea progresos reales en el frente estructural».

Como resultado, ni los gestores de fondos ni los fabricantes han realizado ajustes significativos en sus asignaciones de activos o en sus ratios de cobertura. Ha habido desviaciones moderadas respecto de determinados índices de referencia, pero los propios índices en gran medida no han cambiado.

Habiendo ya emprendido una flexibilización monetaria sin precedentes, Japón debe llevar a cabo reformas estructurales. De lo contrario, las consecuencias de la inacción serían demasiado grandes.

A pesar de la posibilidad de luchas internas dentro del partido gobernante, hoy existe una masa crítica de personas en el poder ejecutivo, en el sector empresarial y en el ámbito académico que creen que ha llegado su momento y que lograrán imponer medidas del lado de la oferta. Esta determinación se habrá visto reforzada por las recientes elecciones a la Cámara Alta celebradas el mes pasado.

¿Qué tipo de medidas podrían adoptarse? Esta es una lista de lo que podría constituir un progreso «bajo la tercera flecha»:

  1. Reformas laborales: una mayor flexibilidad para realizar reducciones de plantilla ayudaría a revertir la deflación. Cuando las empresas no pueden despedir personal, la única forma de reducir costos es deprimir la remuneración de manera generalizada.

  2. Participación de las mujeres: elevar la tasa de participación de las trabajadoras hasta la media de la OCDE impulsaría el crecimiento y la producción.

  3. Reformas agrícolas, en particular las acordes con la Asociación Transpacífica (TPP).

  4. Reformas sanitarias acordes con los estándares globales.

  5. Competitividad en energía y electricidad, especialmente la reactivación de las centrales nucleares que se detuvieron tras el desastre de 2011 y que luego fueron sustituidas por importaciones de gas natural y carbón.

  6. Nuevas empresas al estilo de «Silicon Valley». En un evento reciente del Foro Económico Mundial celebrado en Tokio se destacó que la industria de capital riesgo en Japón vale 1.000 millones de dólares, frente a los 20.000 millones de dólares de Estados Unidos.

  7. Incentivar el gasto de capital y la investigación y el desarrollo de las empresas mediante reducciones o créditos fiscales.

  8. Inversión exterior en Asia en forma de coinversión con el sector privado.

  9. Reducir o poner fin al apoyo a las denominadas empresas zombi.

La clave de la «tercera flecha» del primer ministro Abe fue obtener una mayoría estable en la Cámara Alta. Su partido controla ahora de forma efectiva todas las comisiones principales de esa cámara, así como sus presidencias. Esto, junto con la mayoría de la coalición liderada por el PLD en la Cámara Baja, les otorga un control incontestable sobre la elaboración de políticas.

Japón está ahora preparado para disparar la tercera flecha.

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Autor: Lutfey Siddiqi es Director Gerente y Codirector de Divisas para Asia-Pacífico en el banco de inversión UBS. Es Joven Líder Global del Foro Económico Mundial.

Imagen: Un hombre camina por una calle de Tokio. REUTERS/Yuya Shino.

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