Qué esperar de la economía mundial en 2018

Bank notes of different currencies, including Euro, U.S. Dollar, Turkish Lira or Brazilian Reais, are photographed in Frankfurt, Germany, in this illustration picture taken May 7, 2017. Picture taken May 7, 2017. REUTERS/Kai Pfaffenbach/Illustration - RC114B905640
Changes in important developing economies have made the future outlook even murkier.Image: REUTERS/Kai Pfaffenbach
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Stanford: todos los principales indicadores macroeconómicos —crecimiento, desempleo e inflación— apuntan a que 2017 será el mejor año de la economía estadounidense en una década. Y la economía mundial disfruta de un crecimiento generalizado y sincronizado que supera todas las expectativas. La pregunta ahora es si este sólido desempeño continuará en 2018.

La respuesta, por supuesto, dependerá de las políticas monetarias, fiscales, comerciales y afines de Estados Unidos y del resto del mundo. Y, sin embargo, es difícil predecir qué propuestas de política surgirán en 2018. Hay jefes de Estado relativamente nuevos en Estados Unidos, Francia y el Reino Unido; los líderes alemanes aún no han formado un gobierno de coalición desde las elecciones generales de septiembre; y la Reserva Federal de Estados Unidos tiene un nuevo presidente a la espera de confirmación. Además, los importantes cambios en economías en desarrollo como Argentina, Arabia Saudita y Brasil han vuelto aún más incierto el panorama futuro.

Aun así, deberíamos esperar lo mejor. Ante todo, deberíamos esperar que el crecimiento mundial sincronizado, a un ritmo apenas inferior al 4%, continúe en 2018, tal como el Fondo Monetario Internacional proyectó en octubre. El crecimiento no solo eleva los ingresos, sino que también facilita la gestión de problemas acuciantes como los préstamos bancarios morosos y los déficits presupuestarios. Como dijo célebremente el expresidente estadounidense John F. Kennedy en un discurso de octubre de 1963 en el que defendió sus propuestas de reducir los impuestos a las empresas y a las personas, «la marea creciente levanta todos los barcos».

Por mi parte, pronostico que la recuperación mundial continuará, pero a un ritmo de crecimiento algo menor, de alrededor del 3,5%. Los dos riesgos más evidentes que conviene vigilar son Europa, donde la recuperación cíclica podría estancarse, y el Oriente Medio, rico en petróleo, donde las tensiones podrían volver a estallar.

Image: Banco Mundial

En segundo lugar, esperemos que la Reserva Federal, guiada por la mano firme de su nuevo presidente, Jerome «Jay» Powell, continúe o incluso acelere la normalización de su política monetaria, tanto subiendo su tasa de referencia de los fondos federales como reduciendo su abultado balance. También deberíamos esperar que las condiciones económicas permitan a los demás bancos centrales importantes, en especial al Banco Central Europeo, hacer lo mismo.

En este frente, pronostico que los principales bancos centrales seguirán normalizando sus políticas monetarias de forma más gradual de lo necesario. El mayor riesgo es que los mercados intenten poner a prueba a la Reserva Federal bajo su nueva dirección, por ejemplo, si la inflación aumenta más rápido de lo previsto.

En tercer lugar, esperemos que el paquete fiscal republicano, si se aprueba, cumpla su promesa de aumentar la inversión, la producción, la productividad y los salarios durante la próxima década. En este caso, pronostico que la legislación será aprobada y que la inversión en Estados Unidos durante los próximos años será relativamente mayor que si no se hubiera tomado ninguna medida.

Desde luego, que la inversión aumente desde su nivel actual, bastante bajo, dependerá de muchos factores además de la tasa del impuesto de sociedades. Pero cabe esperar que el paquete fiscal impulse la producción, la productividad y los salarios. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo.1

Si los efectos plenos de la legislación no se perciben antes de las elecciones de 2018 o 2020, ese retraso podría tener consecuencias políticas. El mayor peligro es que sus beneficios tarden en llegar y que sus disposiciones clave se revoquen cuando los demócratas vuelvan al poder.

En cuarto lugar, esperemos que los gobiernos de todo el mundo empiecen a abordar la crisis inminente de los costos de las pensiones públicas y la atención médica, que llevan décadas aumentando. A medida que los programas sociales se encarecen, desplazan el gasto público en necesidades como la defensa y generan cada vez más presión para imponer impuestos más altos que frenan el crecimiento.

Europa, en particular, no debe dejar que su recuperación cíclica la sumerja en la complacencia. Muchos Estados miembros de la Unión Europea aún deben reducir su deuda pública, y la eurozona necesita resolver su crisis de los «bancos zombis». Además, serían muy bienvenidas reformas estructurales del mercado laboral como las que impulsa el presidente francés Emmanuel Macron.

Lamentablemente, me temo que los avances en las reformas estructurales serán, en el mejor de los casos, esporádicos. El peligro es que el lento crecimiento no genere suficientes aumentos salariales y empleos para desactivar la bomba de tiempo del elevado desempleo juvenil en muchos países. Otro riesgo es que los intentos de reforma provoquen una reacción política adversa que perjudique la inversión a largo plazo.

En quinto lugar, esperemos que la eurozona pueda evitar una crisis monetaria. Esto dependerá en gran medida de si la canciller alemana Angela Merkel logra formar un gobierno de coalición y restablecer la estabilidad política en la mayor economía de Europa.

En sexto lugar, deberíamos esperar que la UE y el Reino Unido acuerden unas condiciones razonables para el Brexit que preserven unas relaciones comerciales relativamente sólidas. El principal riesgo es que las caídas localizadas del comercio se extiendan y causen daños más amplios.

Y, más allá de Europa, esperemos que las negociaciones entre Estados Unidos, Canadá y México sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) den lugar a un acuerdo que siga facilitando el comercio en el continente. En términos generales, el mayor riesgo comercial es que la administración Trump inicie una disputa comercial en la que todos salgan perdiendo, debido a su comprensible afán por ayudar a los trabajadores de la industria manufacturera estadounidense.

En séptimo lugar, esperemos que las nuevas políticas dirigidas a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) logren el equilibrio adecuado entre las preocupaciones legítimas y contrapuestas de todas las partes interesadas. Por un lado, hay motivos para preocuparse por la concentración del poder de mercado de ciertas empresas de Internet, sobre todo en los contenidos y la distribución en línea, y por los efectos de las nuevas tecnologías en la privacidad personal, la aplicación de la ley y la seguridad nacional. Por otro lado, los nuevos avances tecnológicos podrían generar enormes beneficios económicos.

Es fácil imaginar un escenario con demasiada regulación o con muy poca. También es fácil imaginar una reacción pública generalizada contra las principales empresas tecnológicas, en especial si una autorregulación deficiente o la negativa a cooperar con las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley conduce a algún suceso terrible.

En este caso, pronostico que alcanzar un equilibrio adecuado en materia de políticas llevará años. Si algún acontecimiento futuro toca una fibra sensible, el ánimo del público podría cambiar drásticamente. Sin embargo, en última instancia, sospecho que la competencia y la innovación sobrevivirán a las próximas regulaciones.

Por último, y lo más importante, esperemos que se frene el terrorismo en todas partes, que cesen los conflictos, que la democracia y el capitalismo recuperen cierto impulso y que vuelvan al debate público una mayor cortesía y un diálogo sincero. Si eso ocurre en 2018, será sin duda un muy buen año.

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