Qué puede aprender el mundo sobre igualdad de los países nórdicos

The Royal Palace is seen at the end of Karl Johans Gate in Oslo, Norway, in this December 11, 2012 file photo. REUTERS/Suzanne Plunkett/Files - RTX29MFW
Looking north.Image: REUTERS/Suzanne Plunkett/Files
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El aumento de la desigualdad es uno de los mayores problemas sociales y económicos de nuestro tiempo. Está vinculado a un menor crecimiento económico y fomenta el descontento y la inestabilidad social. Por eso, dado que los cinco países nórdicos —Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia— se encuentran entre los más igualitarios del mundo según varios indicadores, tiene sentido buscar en ellos lecciones para construir una sociedad más igualitaria.

Los países nórdicos son todos socialdemócratas y tienen economías mixtas. No son socialistas en el sentido clásico: se rigen por los mercados financieros y no por planes centralizados, aunque el Estado desempeña un papel estratégico en la economía. Cuentan con sistemas jurídicos que protegen la propiedad personal y empresarial y contribuyen a hacer cumplir los contratos. Son democracias con controles, equilibrios y poderes que se contrarrestan.

Los países nórdicos demuestran que es posible llevar a cabo importantes reformas igualitarias y contar con amplios Estados de bienestar en países capitalistas prósperos y muy integrados en los mercados globales. Sin embargo, su éxito cuestiona la idea de que la economía capitalista ideal es aquella en la que los mercados carecen de restricciones. También sugieren que el capitalismo puede ofrecer resultados humanos e igualitarios, mientras que el socialismo en toda regla siempre ha, en la práctica, conducido al desastre.

Los países nórdicos se encuentran entre los más igualitarios en cuanto a la distribución de los ingresos. Según el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de ingresos (donde 1 representa la desigualdad total y 0, la igualdad total), los datos de la OCDE asignan a Estados Unidos una puntuación de 0,39 y al Reino Unido una puntuación algo más igualitaria de 0,35; ambas están por encima del promedio de la OCDE, de 0,31. En cambio, las puntuaciones de los cinco países nórdicos oscilaban entre 0,25 (Islandia, el más igualitario) y 0,28 (Suecia).

Sin embargo, la posición relativa de los países nórdicos en cuanto a la distribución de la riqueza no es tan igualitaria. Los datos muestran que Suecia presenta una desigualdad de riqueza mayor que Francia, Alemania, Japón y el Reino Unido, pero menor que Estados Unidos. Noruega es más igualitaria: su desigualdad de riqueza supera la de Japón, pero es inferior a la de Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos.

Aun así, los países nórdicos obtienen puntuaciones muy altas en los principales indicadores de bienestar y desarrollo. Noruega y Dinamarca ocupan el primer y el quinto puesto, respectivamente, en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia han estado entre los seis países menos corruptos del mundo, según el índice de percepción de la corrupción elaborado por Transparency International. Según el mismo indicador, el Reino Unido ocupa el décimo puesto, Islandia el 14.º y Estados Unidos el 18.º.

Los cuatro países nórdicos más grandes han ocupado los cuatro primeros puestos en los índices mundiales de libertad de prensa. Islandia, Noruega y Finlandia ocuparon los tres primeros puestos en un índice mundial de igualdad de género, mientras que Suecia quedó en quinto lugar, Dinamarca en el 14.º y Estados Unidos en el 49.º.

Las tasas de suicidio en Dinamarca y Noruega son inferiores al promedio mundial. En Dinamarca, Islandia y Noruega, las tasas de suicidio son inferiores a las de Estados Unidos, Francia y Japón. La tasa de suicidio en Suecia es aproximadamente igual a la de Estados Unidos, pero en Finlandia es mayor. En 2017, Noruega fue clasificada como el país más feliz del mundo, seguida inmediatamente por Dinamarca e Islandia. Según el mismo índice de felicidad, Finlandia ocupa el sexto puesto, Suecia el décimo y Estados Unidos el 15.º.

En cuanto a la producción económica (PIB) per cápita, Noruega supera a Estados Unidos en un 3%, mientras que Islandia, Dinamarca, Suecia y Finlandia están un 11%, un 14%, un 14% y un 25% por debajo, respectivamente. El resultado es dispar, pero sigue siendo notable. El PIB per cápita de cada país nórdico supera al del Reino Unido, Francia y Japón.

¿Condiciones especiales?

Está claro que los países nórdicos han alcanzado niveles muy altos de bienestar, junto con niveles de producción económica que se comparan favorablemente con los de otros países muy desarrollados. Estos resultados se deben a niveles relativamente altos de solidaridad social y tributación, junto con un sistema político y económico que preserva la iniciativa empresarial, la autonomía económica y las aspiraciones.

Sin embargo, los países nórdicos son pequeños y más homogéneos en términos étnicos y culturales que la mayoría de los países desarrollados. Estas condiciones especiales han facilitado altos niveles de confianza y cooperación en todo el país y, por consiguiente, la disposición a pagar impuestos por encima del promedio.

Por ello, las políticas y las instituciones nórdicas no pueden exportarse fácilmente a otros países. Los grandes países desarrollados, como Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania, son más diversos en cuanto a culturas y grupos étnicos. Exportar el modelo nórdico plantearía importantes desafíos de asimilación, integración, fortalecimiento de la confianza, creación de consensos y formación de instituciones. Aun así, sigue siendo importante aprender de él y experimentar.

A pesar de que predomina en el mundo una ideología favorable a los mercados, la privatización y la austeridad macroeconómica, persiste una considerable diversidad entre los países capitalistas. Además, algunos países siguen obteniendo resultados mucho mejores que otros en los indicadores de bienestar e igualdad económica. Podemos aprender de las economías mixtas nórdicas, con su sólida protección social que no reduce el papel de las empresas. Muestran un camino distinto tanto del socialismo estatista como de los mercados sin restricciones.

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