En las primeras horas de la mañana del domingo 14 de diciembre del año pasado, los negociadores sobre el clima concluyeron las conversaciones de la COP-20 en Lima, Perú, con un acuerdo entre 195 países.
La Llamada de Lima para la Acción Climática, o Acuerdo de Lima, representa tanto un compromiso clásico entre los países ricos y pobres en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) como una especie de avance tras veinte años de difíciles negociaciones climáticas.
El texto, aprobado sin oposición, sentó las bases del próximo gran acuerdo climático internacional, que se finalizará y firmará en la COP-21 en París este diciembre para su aplicación en 2020, como sucesor del Protocolo de Kioto de 1997.
¿Por qué es tan significativo este acuerdo de Lima y en qué debemos fijarnos en París?
Amplia participación
La decisión de Lima supone un gran cambio respecto a las dos últimas décadas de política climática internacional. Desde el Mandato de Berlín de 1995 y el Protocolo de Kioto de 1997, los acuerdos solo han abarcado a un pequeño grupo de países, concretamente los llamados países del Anexo I (más o menos, las naciones industrializadas de hace veinte años).
El Acuerdo de Lima amplía considerablemente la participación de los países. Combina compromisos nacionales de abajo arriba —denominados «Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional» (INDC) en la jerga de la CMNUCC— con elementos de arriba abajo para la presentación de informes y la síntesis de las contribuciones por parte de la Secretaría de la CMNUCC.
Es importante señalar que la decisión de Lima pide a cada país que presente planes de mitigación de emisiones antes de junio. Estos planes (las INDC) pueden establecer objetivos y calendarios específicos para reducir las emisiones, tomando como referencia la línea de base que elija el país; pueden fijar metas aspiracionales o describir medidas de política.
Sin embargo, debido a la profunda división entre países desarrollados y en desarrollo, diversos aspectos del acuerdo se diluyeron durante las últimas 30 horas. No se tiró al bebé junto con el agua de la bañera, pero esta división persistente augura un camino difícil hacia París para los negociadores.
Efectos del acuerdo entre EE. UU. y China
Estaba claro que el anuncio conjunto de los objetivos nacionales de China y Estados Unidos en noviembre desempeñó un papel importante en la consecución del Acuerdo de Lima. Los compromisos de los dos mayores emisores, que representan más del 40 por ciento de las emisiones mundiales de CO2, ofrecieron a los delegados en Lima el estímulo que tanto necesitaban.
En los próximos seis meses, los demás países industrializados anunciarán sus propias contribuciones y, más importante aún, también lo harán las demás grandes economías emergentes: India, Brasil, Corea, Sudáfrica, México e Indonesia. Con Europa ya a bordo, esto abarcará entre el 80 % y el 90 % de las emisiones mundiales. En cambio, los países que participan en el actual (segundo) período de compromiso del Protocolo de Kioto solo representan el 14 % de las emisiones mundiales de CO2.
Sin embargo, siguen pendientes importantes interrogantes sobre qué cabe esperar de algunos países clave, entre ellos India, Rusia y Australia.
Enfoque a largo plazo
En el libro Economics and Policy Issues in Climate Change (Economía y cuestiones de política en el cambio climático), de 1998, editado por William Nordhaus, Richard Schmalensee lamentó que el Protocolo de Kioto exigiera recortes drásticos a un pequeño grupo de naciones. Señaló con notable previsión que esto era precisamente lo contrario de lo que sería un camino sensato a seguir.
Sería más fructífero empezar con una participación amplia, aunque la ambición inicial fuera menor. Ahora parece que ese enfoque podría adoptarse por fin con el Acuerdo de París de 2015.
La decisión de Lima sin duda decepcionará a algunos activistas medioambientales. Las conversaciones no conducirán a una reducción inmediata de las emisiones mundiales ni impedirán que las temperaturas atmosféricas aumenten más de 2 grados Celsius (3,6 grados Fahrenheit). Aunque se acepta ampliamente como objetivo político, ese umbral de cambio de temperatura se ha vuelto inalcanzable.
Sin embargo, Lima es importante porque reclama medidas a largo plazo y cuenta con una amplia participación geográfica. Es una base sólida para alcanzar el éxito en última instancia.
Pese a los compromisos de última hora, el acuerdo de Lima ofrece un nuevo camino en el que participan todos los países y promete una acción mundial significativa para hacer frente a la amenaza del cambio climático. Así pues, a pesar de toda la acritud entre las partes y del retraso de 30 horas en concluir las conversaciones, Lima podría resultar un paso clave en el camino.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Robert N. Stavins es profesor Albert Pratt de Empresa y Gobierno en la Escuela Kennedy de Harvard.
Imagen: Fragmentos de hielo se desprenden de uno de los costados del glaciar Perito Moreno. REUTERS.

