La Oficina de Análisis Económico de EE. UU. ha publicado su segunda estimación del crecimiento del producto interno bruto en el primer trimestre de este año. Se cumplieron las previsiones de crecimiento económico negativo, ya que el PIB cayó a una tasa anual del 0,7 por ciento durante los tres primeros meses de 2015. ¿Qué debemos pensar de este informe? Con la salvedad de que discernir un patrón a partir de un solo informe, basado en una única serie de datos para un trimestre, puede ser arriesgado, estas son varias posibilidades de lo que este informe podría indicar sobre el ritmo actual del crecimiento económico de EE. UU.
La primera es, sencillamente, que hay un defecto en los datos. Los datos publicados para el público general se ajustan de varias maneras, incluido un ajuste para tener en cuenta las fluctuaciones que se producen a lo largo del año. Un solo ejemplo: las ventas aumentan cada diciembre debido a las compras navideñas, así que se aplica un ajuste estacional para tener en cuenta esos patrones habituales y evitar que pensemos que el crecimiento del PIB repunta cada diciembre. Pero, dado el patrón de débil crecimiento en el primer trimestre de los últimos años, muchos economistas y analistas se han preocupado por posibles defectos en los ajustes estacionales de la BEA. En una publicación en Bruegel, Jeremie Cohen-Setton, de la Universidad de California en Berkeley, recopila varios artículos sobre este posible problema con los datos del PIB.
Pero ¿y si el ajuste estacional no es el problema? El crecimiento del PIB fue extremadamente débil durante el primer trimestre, pero, con la excepción de marzo, el crecimiento del empleo no parece haber disminuido significativamente. Así que una segunda posibilidad es esta: probablemente no estamos experimentando un descenso de la actividad económica general. En otras palabras, una recesión no parece inminente.
Sin embargo, que el empleo siga creciendo pese al débil crecimiento de la producción sería señal de una tercera posibilidad: un bajo crecimiento de la productividad. Grep Ip, de The Wall Street Journal, sostiene esta hipótesis y establece un paralelismo entre la situación de Estados Unidos y las condiciones de Japón y Alemania. En este caso, el débil crecimiento de la producción en el primer trimestre no es señal de una inminente desaceleración, sino de un menor crecimiento potencial a largo plazo.
La cuarta posibilidad: el crecimiento económico sigue siendo débil porque la recuperación plena desde el final de la Gran Recesión, a mediados de 2009, aún no se ha materializado. Es posible que la tasa general de desempleo ronde el nivel que algunos economistas consideran su tasa natural, de alrededor del 5 por ciento; sin embargo, la proporción de trabajadores en edad productiva, de 25 a 54 años, que tienen empleo —el 77,2 por ciento— sigue por debajo del máximo previo a la recesión de 2007. El crecimiento del PIB ha sido positivo desde hace algún tiempo, pero, según varias estimaciones del PIB, el descenso comunicado hoy podría ser señal de una recuperación menos sólida de lo que querríamos.
Por supuesto, es posible que una combinación de todas estas posibilidades se acerque más a la realidad. Por eso no deberíamos reaccionar de forma exagerada ante una caída del PIB. En cambio, deberíamos dedicar algo de tiempo a intentar entender por qué se produjo.
Este artículo se publica en colaboración con Washington Center for Equitable Growth. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.
Imagen: Se ve a trabajadores que se desplazan por la mañana frente a la Bolsa de Nueva York, el 30 de julio de 2012. REUTERS/Brendan McDermid.

