El declive de varias décadas de los sindicatos en Estados Unidos es un fenómeno estudiado desde hace mucho tiempo, pero ahora varios académicos se preguntan si las investigaciones anteriores subestimaron el papel de ese declive en el aumento de la desigualdad económica. La nueva investigación también plantea la cuestión secundaria de cómo podrían los sindicatos recuperar protagonismo para ayudar a reducir la desigualdad.
Diversas investigaciones muestran que el descenso de la afiliación sindical fue un factor significativo en el aumento de la desigualdad de ingresos en los países de altos ingresos. Se cita ampliamente un reciente artículo de los sociólogos Bruce Western, de la Universidad de Harvard, y Jake Rosenfeld, de la Universidad de Washington. Su investigación concluye que la disminución de la afiliación sindical puede explicar entre una quinta parte y un tercio del aumento de la desigualdad salarial.
De manera similar, un ensayo reciente de las economistas del Fondo Monetario Internacional Florence Jaumotte y Carolina Osorio Buitron anticipa su nueva investigación, que concluye que el descenso de la afiliación sindical también afecta a la desigualdad en los niveles más altos de las economías industrializadas. Según Jaumotte y Buitron, «el descenso de la afiliación sindical explica aproximadamente la mitad del aumento de 5 puntos porcentuales en la proporción de ingresos del 10 por ciento más rico» de estas naciones.
Pero Adam Ozimek, economista de Moody’s Analytics, hace una observación muy importante. ¿Cómo recuperarán exactamente los sindicatos su protagonismo? Ozimek cita diversas investigaciones que muestran que el crecimiento del empleo en las empresas sindicalizadas es más lento que en las no sindicalizadas. En concreto, cita un artículo del economista de la Universidad de Harvard Richard Freeman que plantea este punto: para que aumente la tasa de sindicalización, el empleo en las empresas sindicalizadas tendría que crecer más rápido que en las no sindicalizadas.
Entonces, ¿qué podría hacer que el empleo en las empresas sindicalizadas creciera relativamente más rápido que en las empresas no sindicalizadas? Los resultados citados por Freeman nos llevarían a creer que tal desenlace es improbable. Parece improbable que la tasa de sindicalización aumente de forma sostenida.
Sin embargo, en el mismo artículo, Freeman señala que los aumentos de las tasas de sindicalización en el pasado se produjeron gracias a incrementos grandes y repentinos de la afiliación sindical. Así que una reforma repentina de la legislación laboral podría facilitar mucho la sindicalización. O podría darse un fuerte aumento de la demanda de sindicalización. O podrían ocurrir ambas cosas, un escenario más probable.
A mediados del siglo XX, los sindicatos eran una parte integral de la economía estadounidense. Más del 30 por ciento de los trabajadores del sector privado pertenecían a sindicatos, y algunos de los sectores más exitosos de la época, como la industria automotriz, estaban altamente sindicalizados. A comienzos del siglo XXI, la posición de los sindicatos ya no es tan sólida. Menos del 7 por ciento de los trabajadores del sector privado pertenecen a sindicatos, y los sectores que antes estaban altamente sindicalizados ya han pasado su época de esplendor.
Sin embargo, una ventaja de la que disponen los sindicatos de cara al futuro es que, al parecer, es menos probable que las industrias en crecimiento de la economía estadounidense se trasladen al extranjero, como ocurrió con los empleos manufactureros altamente sindicalizados en las últimas décadas. En este sentido, es más probable que los empleos del sector servicios permanezcan en el país.
La conclusión es esta: un aumento de la sindicalización en Estados Unidos reduciría casi con certeza la desigualdad salarial y de ingresos. Pero el camino hacia una tasa más alta es arduo. Un salto repentino parece ser la única vía para avanzar. Pero ¿qué provocará o incluso permitirá tal aumento? Está por verse.
Este artículo se publica en colaboración con Washington Center for Equitable Growth. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.
Imagen: Un hombre pasa junto a edificios en el distrito central de negocios de Singapur el 14 de febrero de 2007. REUTERS/Nicky Loh.


