Lo que nos enseña la historia sobre la globalización y el crecimiento

Lo que nos enseña la historia sobre la globalización y el crecimiento
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Una proposición fundamental de la economía es la relación positiva entre el comercio y el crecimiento. Sin embargo, en una reciente contribución a Vox, Constantinescu et al. (2015) encuentran que la relación, aunque positiva, es inestable a lo largo del tiempo. Una explicación compatible con este tipo de hallazgos es que resulta más difícil materializar los beneficios del comercio cuando el grado de apertura es mayor: un caso de exprimir aún más jugo de limones viejos (Rodrik 2011). La cuestión son las dinámicas subyacentes a la cambiante relación entre comercio y crecimiento. ¿En qué circunstancias podríamos ser pesimistas respecto de las tendencias futuras?

Abordamos la cuestión desde una perspectiva histórica, utilizando un nuevo conjunto de datos comerciales granulares de Bélgica para las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial (Huberman et al. 2015). Como es bien sabido, el final del siglo XIX fue el apogeo de la globalización, precursora de su variante moderna. La explicación convencional del auge comercial comienza con la revolución del transporte, que en Bélgica puede fecharse en la apertura del Escalda y las posteriores inversiones en Amberes, el puerto más concurrido de Europa. Como otros países europeos, Bélgica participó en la expansión de la red de tratados de acuerdos bilaterales que combinaban aranceles más bajos con la cláusula de nación más favorecida. Estos acuerdos anticiparon el sistema comercial actual basado en normas (Irwin 2002). Debido a su pequeño tamaño y a su compromiso con la liberalización del comercio, Bélgica resistió el giro hacia el proteccionismo que abrazaron países grandes como Francia, Alemania e Italia, en reacción a la invasión de cereales procedentes del Nuevo Mundo y Rusia. Como el país abundaba en capital y mano de obra, y contaba con una extensa red ferroviaria, los trabajadores podían trasladarse sin obstáculos a nuevos sectores exportadores manufactureros. Entre 1870 y la víspera de la guerra, el grado de apertura de la economía belga pasó de alrededor del 30 al 60%.

El problema es que, aunque la globalización era omnipresente, el crecimiento económico fue débil. En la Figura 1 contrastamos la expansión del número de bienes entregados y de destinos atendidos (Estados independientes y colonias), que se duplicaron con creces entre 1870 y 1910, con el crecimiento de la producción per cápita, que registró un aumento inferior al 50%. La brecha entre el crecimiento del número de artículos enviados y la tasa de aumento de la producción per cápita se amplió durante el período. Esto resulta curioso. Se considera que la expansión de los bienes es una metáfora de nuevas innovaciones en productos y procesos (Baldwin y Robert-Nicoud 2008). En términos más generales, cabría esperar que un crecimiento del comercio de esta magnitud se reflejara en el traslado de recursos hacia establecimientos grandes y productivos orientados a la exportación, los llamados efectos positivos de selección de la liberalización comercial (Melitz 2003). Pero en Bélgica, el declive de productos tradicionales, como los tejidos de algodón, fue glacial, y el auge exportador de nuevas industrias, como el acero y los productos químicos, se pospuso hasta la década de 1920.

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El enigma reconsiderado

Nuestra resolución de la paradoja entre comercio y crecimiento se basa en contribuciones recientes que estudian las empresas «heterogéneas», la diferenciación de productos y el comercio internacional (Bernard et al. 2007). Para empezar, planteamos que la reducción de los costos fijos fue un factor determinante del auge comercial, junto con la reducción de los costos variables (de transporte). En el caso de Bélgica, la reducción de los costos fijos estuvo relacionada con el establecimiento de una extensa red diplomática que atendía a más de 70 países en 1910. Los países grandes tenían una ventaja natural para vender bienes en el extranjero, pero las inversiones del Estado belga en representación exterior nivelaron el terreno de juego. La red proporcionaba abundante inteligencia comercial sobre mercados lejanos, reduciendo así los costos de establecerse en ellos y permitiendo la entrada de nuevos productos, muchos de los cuales antes no eran competitivos en los mercados internacionales.

Para evaluar la importancia del efecto de la reducción de los costos fijos sobre los bienes nuevos, la Figura 2 desglosa el cambio en el valor de las exportaciones atribuible a la introducción de nuevos bienes, el margen extensivo, y a los bienes que continuaron exportándose o ya estaban presentes, el margen intensivo (Bernard et al. 2009). Durante todo el período, la contribución de los bienes nuevos (58%) superó la de los bienes que continuaron exportándose (45%); gran parte del crecimiento se produjo en la primera mitad del período, cuando se estaban desarrollando nuevos bienes. La importancia de los nuevos productos anticipa el crecimiento del margen extensivo provocado por la reducción de los costos fijos asociados a la pertenencia a la OMC (Dutt, Milhov y Van Zandt 2013).

Figura 2. Contribución de los márgenes extensivo e intensivo

A continuación, examinamos el efecto de los distintos tipos de empresa y de la diferenciación de productos en el auge comercial. Como en el modelo de Chaney (2008), encontramos que el auge comercial fue mayor en los sectores que mostraban un alto grado de diferenciación de productos, porque los mercados de estos bienes eran menos competitivos. Además, el auge comercial fue mayor en los sectores en los que los tipos de empresa eran más homogéneos o similares, porque un pequeño cambio en los costos comerciales permitiría que muchas más empresas nuevas participaran en el comercio, especialmente en los mercados de productos diferenciados.

El impacto positivo del comercio en la productividad no estaba garantizado. Por ejemplo, Bélgica era conocida por sus tranvías y exportaba equipos de transporte a destinos muy lejanos. En este sector, un puñado de empresas líderes producía bienes diferenciados, y la productividad aumentó al mismo ritmo que el comercio. Pero en otros sectores, como el textil, un alto grado de uniformidad entre las empresas en cuanto a técnicas y procesos atenuó el efecto del comercio sobre la productividad. Muchas de las nuevas empresas que comenzaron a exportar eran, de hecho, pequeñas y, aunque enviaban bienes diferenciados a mercados extranjeros, el crecimiento de la productividad del sector fue insignificante. Estas dinámicas son prueba de efectos negativos de selección de una mayor integración. El problema era que la proporción de los productos tradicionales en la producción total superaba la de las nuevas industrias y, como resultado, se estancó la productividad media de la industria. Contrariamente a lo esperado, la globalización tuvo el efecto de sostener la economía tradicional poco productiva, en lugar de reorientar los recursos hacia sectores nuevos y más dinámicos.

Observaciones finales: tecnología frente a geografía

Nuestra investigación ha tratado de identificar las vías por las que la globalización afecta al crecimiento económico. Aunque es arriesgado hacer proyecciones a partir de un estudio de caso, dejamos un mensaje agridulce. El desplome de los costos fijos permitió a un país pequeño como Bélgica participar en el auge del comercio mundial. La inversión en una red diplomática comercial amplió y profundizó el alcance del país en los mercados globales. Pero la otra cara de la moneda da menos motivos para el optimismo. En ciertos mercados, el desplome de los costos comerciales propició la entrada de empresas que antes no eran competitivas. Se produjo una especie de contienda entre los efectos positivos de selección derivados del traslado de recursos y los efectos negativos debidos a la reducción de los costos comerciales: una carrera entre la tecnología y la geografía. El equilibrio entre ambos cambió a medida que se intensificó la globalización. Esta avanzó sin freno y llevó nuevos bienes a nuevos destinos, pero, incluso cuando aumentó la proporción del PIB correspondiente al comercio, disminuyó la participación de las empresas de alto rendimiento y otras menos competitivas ocuparon su lugar.

Referencias

Baldwin, R E y F Robert-Nicoud (2008), «Trade and Growth With Heterogeneous Firms», Journal of International Economics, 74: 21-34.

Bernard, A B, J B Jensen, S J Redding y P K Schott (2007), «Firms in International Trade»,Journal of Economic Perspectives, 21: 105-30.

Bernard, A B, J B Jensen, S J Redding y P K Schott (2009), «The Margins of US Trade», The American Economic Review, 99: 487-93.

Chaney, T (2008), «Distorted Gravity: The Intensive and Extensive Margins of International Trade»,The American Economic Review, 98: 1707-21.

Constantinescu, C, A Mattoo y M Ruta (2015), «Explaining the global trade slowdown», VoxEU.org, 18 de enero.

Dutt, P, I Mihov y T Van Zandt (2013), «The Effect of WTO on the Extensive and Intensive Margins of Trade», INSEAD, documento de trabajo, 2013/38/EPS.

Huberman, M, C M Meissner y K Oosterlinck (2015), «Technology and Geography in the Second Industrial Revolution: New Evidence from the Margins of Trade», documento de trabajo N.º 20851 de NBER.

Irwin, D (2002), «Long-Run Trends in World Trade and Income», World Trade Review, 1: 89-100.

Melitz, M (2003), «The Impact of Trade on Intra-Industry Reallocations and Aggregate Industry Productivity», Econometrica, 71: 1695-1725.

Rodrik, D (2011), The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economy, Nueva York: W.W. Norton.

Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Michael Huberman ocupa la cátedra McConnell de Estudios Americanos en la Université de Montréal y es investigador asociado de CIREQ y CIRANO. Christopher M. Meissner es profesor de Economía en la Universidad de California, Davis. Kim Oosterlinck es profesor de Finanzas en la Solvay Brussels School of Economics and Management, Université libre de Bruxelles.

Imagen: Una ilustración fotográfica tomada con la función de exposición múltiple de la cámara muestra una moneda de un euro y un mapa de Europa. REUTERS/Kai Pfaffenbach

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