La tasa oficial de desempleo lleva varios años disminuyendo: sin duda, una buena señal, ¿verdad? Sin embargo, la tasa actual, cercana al 5 %, oculta daños persistentes en el mercado laboral derivados de la Gran Recesión. Tampoco un aumento de la tasa de desempleo durante una recesión ofrece una imagen completa de la dinámica del mercado laboral en ese momento. Un nuevo documento de trabajo del economista de la Universidad de Princeton Henry S. Farber destaca una dinámica importante que se da en épocas de tensión económica: la tasa de pérdida de empleo.
Cuando el informe mensual sobre la situación del empleo de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. muestra una disminución del empleo, esa cifra solo indica que el empleo en las empresas ha disminuido en términos netos, pues mide tanto los nuevos puestos de trabajo como los que se han eliminado. Pero el número de puestos de trabajo efectivamente suprimidos, antes de contabilizar los nuevos, no aparece en la cifra general de desempleo. Si nos interesa saber qué les ocurre a los trabajadores después de ser despedidos, necesitamos un conjunto de datos que identifique a quienes dejaron involuntariamente a sus empleadores. Eso es lo que hace la Encuesta sobre Trabajadores Desplazados, un suplemento de la Encuesta de Población Actual de la BLS.
¿Por qué debería importarnos la tasa de pérdida de empleo? Porque nos aporta información importante sobre la dinámica de un mercado laboral que la tasa básica de desempleo no capta. En su documento, Farber compara dos períodos en los que la economía de EE. UU. sufrió profundas recesiones: aproximadamente entre 1981 y 1983, y entre 2002 y 2009, ambas con secuelas duraderas para el mercado laboral. Las tasas de desempleo durante esos dos períodos fueron aproximadamente iguales (9,6 % en 1983 y 9,3 % en 2007). Sin embargo, existe una diferencia significativa en la tasa de pérdida de empleo. Entre 1981 y 1983, esta tasa fue del 12,8 %. Entre 2007 y 2009, fue del 16 %, un aumento del 25 % en la tasa.
Dicho de otro modo, a principios de la década de 1980, aproximadamente 1 de cada 8 trabajadores perdió su empleo, mientras que durante la Gran Recesión despidieron a 1 de cada 6.
Fijarse únicamente en la tasa de desempleo impediría apreciar esta diferencia; por eso debemos analizar los despidos para comprender mejor la salud del mercado laboral. Y, como señala Farber, esto significa que ahora es más necesario comprender los efectos, tanto a corto como a largo plazo, que tiene para los trabajadores perder su empleo durante una recesión.
Las pruebas actuales sobre estos efectos no son alentadoras. Al hablar de un artículo sobre los efectos de los despidos, el economista Justin Wolfers lo resumió con mucha concisión: «perder el empleo es una mierda». Determinar hasta qué punto es una mierda con el paso del tiempo es una importante pregunta de investigación de cara al futuro.
Este artículo se publica en colaboración con The Washington Centre for Equitable Growth. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para estar al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.
Imagen: En esta ilustración se ven ofertas de empleo en Milán. REUTERS/Alessandro Garofalo.


