En primer lugar, la transformación económica de China: dejar atrás el crecimiento y la manufactura impulsados por las exportaciones y la inversión para centrarse más en el consumo y los servicios. Este proceso, aunque necesario y saludable a más largo plazo, tiene implicaciones a corto plazo para el crecimiento de China y sus relaciones con sus socios comerciales.
En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, está la caída de los precios de las materias primas. Años de alta demanda mundial impulsaron los precios al alza y estimularon la inversión en los sectores de las materias primas. Pero cuando China empezó a desacelerarse a principios de esta década, muchos precios de las materias primas comenzaron a bajar, a partir del segundo semestre de 2011, y su caída se ha acelerado recientemente.
En tercer lugar, se avecina la normalización de la política monetaria en Estados Unidos. El desempeño relativamente favorable de la producción y los precios en Estados Unidos podría justificar pronto un aumento de las tasas de interés, pero las posibles repercusiones mundiales, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo, se suman a las incertidumbres actuales.
En medio de estos acontecimientos, proyectamos que, a corto plazo, el crecimiento mundial seguirá siendo moderado y desigual, con mayores riesgos a la baja que los que se vislumbraban en nuestra actualización de julio de 2015. El «santo grial» de una expansión mundial sólida y sincronizada sigue siendo esquivo.
Fortunas dispares
¿Qué dicen las cifras? En términos generales, reflejan una revisión a la baja con respecto a nuestras previsiones de julio pasado. El PIB real mundial creció un 3,4 % el año pasado, pero este año crecerá apenas un 3,1 %. Para 2016, proyectamos un repunte del crecimiento hasta el 3,6 %. Hemos reducido ambas cifras en 0,2 puntos porcentuales respecto de nuestras últimas proyecciones, publicadas hace tres meses.
Las cifras agregadas reflejan fortunas dispares entre las economías avanzadas y las economías de mercados emergentes y en desarrollo. En las economías avanzadas proyectamos una aceleración moderada del crecimiento este año con respecto al anterior, especialmente en Estados Unidos y la zona del euro. Lamentablemente, el crecimiento de Japón parece estar perdiendo impulso tras un sólido primer trimestre. Las economías avanzadas crecieron a una tasa del 1,8 % el año pasado; prevemos un modesto aumento al 2,0 % este año y una aceleración al 2,2 % en 2016.
Como siempre, las cifras de las economías avanzadas en general ocultan perspectivas diversas entre los distintos países. Los principales productores de materias primas, en particular Canadá, pero también Australia y Noruega, atraviesan una desaceleración. Además de la caída de los ingresos reales debida al deterioro de los términos de intercambio, también hay efectos negativos sobre la inversión en los sectores productores de materias primas, que han supuesto un importante lastre para el crecimiento incluso en Estados Unidos.
Sin embargo, la tendencia a la baja de los precios de las materias primas, que, como he señalado, se ha acelerado recientemente, está teniendo sus efectos más drásticos en los países emergentes y en desarrollo exportadores de materias primas. Para este grupo de países —que ahora representa mucho más de la mitad del PIB mundial y seguirá generando la mayor parte del crecimiento mundial— se proyecta que el crecimiento de 2015 caiga al 4,0 %, frente al 4,6 % de 2014. Esta tasa de crecimiento es mucho menor que la registrada durante la recuperación de la crisis mundial y representa el quinto año consecutivo de desaceleración del crecimiento del PIB en las economías emergentes y en desarrollo.
Por supuesto, aunque las materias primas son una parte importante de la historia, no lo explican todo: en algunos casos, la inestabilidad política podría ser un factor más importante, o bien el exceso de deuda acumulado tras las entradas de capital y la sobreinversión de principios de esta década.
Proyectamos un repunte para el próximo año, con un crecimiento del 4,5 % en las economías emergentes y en desarrollo, y una aceleración adicional en los años siguientes. Este repunte refleja principalmente la normalización gradual prevista de las condiciones en los países que este año atraviesan recesiones especialmente profundas —como Brasil y Rusia—, así como en algunas otras economías que actualmente crecen muy por debajo de su tendencia, entre ellas las de América Latina.
Riesgos futuros para los países emergentes y de bajos ingresos
Es cierto que muchos mercados emergentes han aumentado su resiliencia a las perturbaciones externas gracias a una mayor flexibilidad del tipo de cambio, mayores reservas de divisas, una mayor dependencia de los flujos de inversión extranjera directa y del financiamiento externo en moneda nacional, y marcos de política generalmente más sólidos.
Dicho esto, últimamente nos preocupan más los posibles riesgos a la baja que podrían amenazar esta recuperación, sobre todo porque algunos países disponen de un margen de maniobra limitado para responder. Las nuevas ediciones del Informe sobre la estabilidad financiera mundial y del Monitor Fiscal analizan en detalle los riesgos financieros y fiscales. Sin embargo, destacan algunas preocupaciones evidentes. Un riesgo notable es una rápida descompresión de las primas de riesgo de los bonos, que provoque aumentos bruscos de las tasas de interés a más largo plazo. De hecho, ya hemos observado parte de este aumento en algunas economías emergentes y en desarrollo, especialmente en los países exportadores de materias primas.
La depreciación del tipo de cambio ha sido, en general, un amortiguador útil para los países emergentes y en desarrollo que atraviesan desaceleraciones del crecimiento —y ya ha sido sustancial—, pero podría provocar efectos adversos en los balances cuando hay endeudamiento en moneda extranjera. Algunos países han endurecido de forma preventiva la política monetaria para mantener bien ancladas las expectativas de inflación.
Se necesita una gestión proactiva de las políticas
No existe un conjunto único de recomendaciones de política adecuado para todos los países que buscan mejorar el crecimiento o fortalecer su resiliencia. Sin embargo, siguen siendo válidos algunos principios generales conocidos.
Las economías de mercados emergentes y en desarrollo deben prepararse para la normalización de la política monetaria de Estados Unidos. Será útil reforzar la vigilancia de las vulnerabilidades financieras y seguir reduciendo la dependencia del financiamiento mediante deuda, especialmente en moneda extranjera. Las medidas selectivas sobre los flujos de capital también pueden desempeñar un papel útil. Deben fortalecerse los marcos fiscales, prestando la debida atención a la necesidad de proteger el crecimiento y preservar las redes de protección social para las personas más vulnerables.
Las economías avanzadas deben seguir abordando las secuelas de la crisis, incluidos los préstamos morosos allí donde persistan. Al mismo tiempo, debe mantenerse la flexibilización monetaria cuando las brechas de producción sean negativas, complementada con medidas fiscales cuando haya margen fiscal. Las presiones deflacionarias persisten en varias regiones.
En muchas economías, sean avanzadas o no, los argumentos a favor de invertir en infraestructura parecen convincentes en un momento de tasas de interés reales a largo plazo muy bajas y de preocupación por la escasa demanda mundial. Una mayor inversión es una manera de aumentar el crecimiento potencial de la producción, pero las reformas estructurales selectivas también pueden desempeñar un papel positivo importante. Estas reformas ayudan no solo a impulsar el crecimiento futuro, sino también a fortalecer su resiliencia.
Este artículo se publica en colaboración con FMI. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Maurice Obstfeld es consejero económico y director de investigación del Fondo Monetario Internacional.
Imagen: Una vista muestra la sede de una empresa francesa. REUTERS.


