¿Cuáles son las consecuencias de la desaceleración del crecimiento de China?

¿Cuáles son las consecuencias de la desaceleración del crecimiento de China?
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Este artículo se publica en colaboración con VoxEU.

La economía china creció a una tasa media anual del 9,75 % entre 2000 y 2014, según los Indicadores del Desarrollo Mundial del Banco Mundial. Este desempeño ha sido ampliamente elogiado, no solo por su impacto en la reducción de la pobreza en el país más poblado del mundo, sino también como motor de la economía mundial. Se considera ampliamente que los efectos positivos del crecimiento chino incluyen la disponibilidad de bienes de producción y de consumo baratos —en beneficio de los consumidores y las empresas de los países desarrollados— y el aumento de la demanda de materias primas, en beneficio de los mercados emergentes.

No obstante, algunos también atribuyen al modelo de crecimiento chino la creación de desequilibrios en la economía mundial.

La tasa de crecimiento de China se ha reducido desde el inicio de esta década. El crecimiento anual oficial fue del 9,5 % en 2011, del 7,8 % en 2012, del 7,7 % en 2013 y del 6,9 % en los tres primeros trimestres de 2015. El Gobierno chino prevé una tasa de crecimiento del 7 % para 2015. El FMI prevé un 6,8 %, las Perspectivas Económicas Mundiales del Banco Mundial pronostican un 7,1 % y las Perspectivas de Desarrollo de Asia del Banco Asiático de Desarrollo, un 6,7 %. Sin embargo, algunos pronosticadores del sector privado son notablemente más pesimistas. En cualquier caso, aunque existe desacuerdo sobre la magnitud de la desaceleración, su existencia no está en discusión.

La desaceleración se ha atribuido a diversas causas: el exceso de capacidad como resultado de un modelo de crecimiento demasiado centrado en la inversión; la acumulación de un apalancamiento excesivo en varios sectores de la economía; y el agotamiento del motor de crecimiento que representa la migración del campo a la ciudad, a medida que los diferenciales de renta entre las zonas rurales y urbanas se han estrechado y las ciudades se han vuelto cada vez más congestionadas. Algunos de estos factores apuntan a una desaceleración más profunda, mientras que otros implican que la tasa de crecimiento debería estabilizarse o, si se gestiona adecuadamente, incluso volver a niveles más elevados.

Persistencia de la desaceleración del crecimiento de China

La primera pregunta de la encuesta de este mes realizada por el Centre for Macroeconomics (CFM) trata de si ya hemos visto la magnitud total de la desaceleración o si aún cabe esperar tasas de crecimiento anual más bajas a medio plazo.

P1: ¿Está de acuerdo en que es probable (digamos, con más de un 50 % de probabilidad) que la economía china mantenga a medio plazo (digamos, durante al menos diez años) una tasa de crecimiento anual superior al 6 %?

Treinta y dos de los expertos de nuestro panel respondieron a esta pregunta, de los cuales el 75 % discrepa o discrepa totalmente. Todo el 25 % restante está de acuerdo o totalmente de acuerdo. Estas proporciones apenas varían al ponderarlas por el grado de confianza con que los encuestados sostienen sus opiniones.

Figura 1a. ¿Seguirá China creciendo con rapidez?

Figura 1b. ¿Seguirá China creciendo con rapidez? (Respuestas ponderadas según el nivel de confianza)

Las razones citadas para pensar que el crecimiento será persistentemente inferior al 6 % incluyen:

  • El hecho de que la brecha en el PIB real per cápita con respecto a los países desarrollados se haya reducido, lo que deja menos margen para el crecimiento de convergencia; por ejemplo, John Driffill (Birkbeck), Charles Bean (LSE), Akos Valentinyi (Cardiff) y Costas Milas (Liverpool);

  • La adversa dinámica demográfica: John Driffill y Charles Bean;

  • Los problemas del sector financiero: David Bell (Stirling) y Martin Ellison (Oxford);

  • La disminución de los flujos de migrantes del campo a la ciudad: Charles Bean;

  • El reequilibrio «intencionado» desde la industria de alto crecimiento hacia los servicios de crecimiento moderado: Richard Portes (LBS) y Michael Wickens (Cardiff y York);

  • Y los riesgos a la baja derivados del «estancamiento secular» en las economías desarrolladas o de los problemas persistentes en la eurozona: Wouter den Haan (LSE).

Quienes consideran que el crecimiento chino puede mantenerse elevado no coinciden en que el margen para el crecimiento de convergencia se esté agotando. Por ejemplo, Andrew Mountford (Royal Holloway) señala que el 30 % de la fuerza laboral sigue empleada en la agricultura, y Morten Ravn (UCL) nos recuerda que «el PIB per cápita sigue estando muy por debajo del nivel de los países industrializados». Nicholas Oulton (LSE) también apunta a «enormes inversiones en infraestructuras e I+D».

El comentario más heterodoxo procede de este grupo: según Patrick Minford (Cardiff), «el factor principal que genera la creencia en la previsión es que los chinos cerrarán filas porque temen más el desorden que la injusticia y la incompetencia». Sin embargo, el propio Minford advierte de que «existe una incertidumbre considerable sobre esta previsión, porque la dirigencia china, bajo Xi Jinping, intenta hacer muchas cosas a la vez: liberalizar los mercados, limitar la capacidad de las autoridades regionales para invertir en sus campeones locales, acabar con la corrupción, impedir rebeliones mediante detenciones generalizadas, evitar un colapso bancario al tiempo que impone restricciones presupuestarias estrictas a los prestatarios, promover una política exterior agresiva pero seguir siendo un buen miembro de la Organización Mundial del Comercio, etcétera».

Consecuencias de la desaceleración

Dado que el crecimiento chino se ha considerado a menudo un motor del crecimiento en otros lugares, parecería lógico concluir que cualquier desaceleración persistente en China tendrá un impacto adverso en el crecimiento mundial. Esta conclusión resulta especialmente difícil de evitar en el caso de los mercados emergentes dependientes de las materias primas.

En el caso de las economías desarrolladas, hay más margen para el desacuerdo sobre la importancia de China. Deben tenerse en cuenta los vínculos comerciales directos e indirectos (es decir, a través de terceros países). Además, el impacto en las economías desarrolladas puede depender de la capacidad de estas para reorientar sus relaciones comerciales hacia otros países con un nivel de desarrollo similar al de China. Asimismo, la consiguiente caída de los precios de las materias primas puede resultar beneficiosa para los importadores de estas. Por otro lado, el Banco de Inglaterra ha señalado que le preocupan los acontecimientos mundiales como factores de riesgo para el Reino Unido.

Nuestra segunda pregunta de este mes se refiere al impacto en los países desarrollados y, en concreto, en el Reino Unido.

P2: ¿Está de acuerdo en que, si la desaceleración china resulta ser persistente, tendrá un impacto significativo en el crecimiento del Reino Unido (digamos, del orden de algunas décimas de punto porcentual) y/o justificará un cambio sustancial en la política monetaria (por ejemplo, en cuanto al momento y la velocidad del retorno a tipos de interés «normales») y en la política fiscal (por ejemplo, en cuanto al momento y la velocidad de la contracción fiscal).

Treinta y cuatro de los expertos de nuestro panel respondieron: el 44 % discrepa o discrepa totalmente, el 35 % está de acuerdo o totalmente de acuerdo y el 21 % ni está de acuerdo ni en desacuerdo. Si se tiene en cuenta la confianza declarada por los panelistas, la mayoría en desacuerdo se refuerza: el 52 % discrepa o discrepa totalmente, el 36 % está de acuerdo o totalmente de acuerdo y el 11 % no adopta ninguna de las dos posturas.

Figura 2a. ¿Afectará una desaceleración china a la economía del Reino Unido?

Figura 2b. ¿Afectará una desaceleración china a la economía del Reino Unido? (Respuestas ponderadas según el nivel de confianza)

Los panelistas de ambos bandos discrepan sobre si el efecto directo en las exportaciones del Reino Unido sería grande (debido a que China es uno de sus principales socios comerciales) o pequeño (debido a que ningún socio comercial individual representa más que una pequeña parte de las exportaciones o del PIB del Reino Unido).

Pero algunos de los encuestados que están de acuerdo destacan los efectos indirectos. Por ejemplo, Michael McMahon (Warwick) subraya los efectos que la desaceleración china ya está teniendo en Australia, Indonesia y Alemania (un gran exportador a China), y sostiene que los efectos en cadena sobre el Reino Unido podrían no ser desdeñables. Otra preocupación (expresada por Charles Bean, quien, sin embargo, ni está de acuerdo ni en desacuerdo) es la posibilidad de «pérdidas inesperadamente grandes para los bancos británicos con exposiciones considerables en Asia». Por último, Wouter den Haan señala posibles efectos negativos sobre la confianza.

Por otro lado, algunos de los encuestados que discrepan (Patrick Minford y Nicholas Oulton) rechazan la idea de que el crecimiento del Reino Unido a medio y largo plazo pueda estar impulsado por factores distintos de las características estructurales de la economía británica. Varios de quienes discrepan también citan el efecto favorable de las ganancias en los términos de intercambio asociadas a la caída de los precios de las materias primas, y Richard Portes ve oportunidades «en el giro de China hacia el consumo, en particular, los viajes al extranjero y la educación de estudiantes chinos en el exterior», así como en «la liberalización financiera china y el desarrollo de su sector financiero».

La publicación de este contenido no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: Angus Armstrong, Ph.D., es director de Investigación Macroeconómica del National Institute for Economic and Social Research. Francesco Caselli es catedrático Norman Sosnow de Economía en la London School of Economics. Jagjit S Chadha es catedrático de Economía en la Universidad de Kent. Wouter den Haan es catedrático de Economía en la London School of Economics and Political Science.

Imagen: Una bandera nacional china ondea en la sede de un banco comercial en una calle financiera. REUTERS/Kim Kyung-Hoon.

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