Este artículo se publica en colaboración con VOX EU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
La economía mundial tiene un rendimiento muy inferior a su potencial en crecimiento y en distribución debido a tres desajustes:
Entre la demanda agregada y la oferta agregada;
Entre las necesidades de inversión y los fondos invertibles; y
Entre la promesa y los riesgos del cambio tecnológico.
En primer lugar, la demanda agregada es insuficiente en relación con la oferta agregada. Al analizar las brechas de producción, como ha hecho el FMI, el panorama es el de un bajo rendimiento persistente de la economía mundial, que se sitúa entre el 1,5 % y el 2 % del PIB más de cinco años después de la Gran Recesión (FMI 2015, Zhu 2015). De hecho, el crecimiento de las economías de mercados emergentes también se ha desacelerado, encabezado por la caída de los precios de las materias primas y por una desaceleración del comercio mundial. Algunas, concretamente las que disponen de margen fiscal, han recurrido a impulsar la demanda interna, favoreciendo a menudo el consumo sobre la inversión, mientras que otras, que carecen de esta posibilidad, se enfrentan a la elección entre un crecimiento bajo o unos déficits mayores que afectan a la perspectiva de sostenibilidad de la deuda, especialmente si los tipos de interés suben desde sus niveles anormalmente bajos.
En segundo lugar, las enormes necesidades de inversión, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo que se urbanizan rápidamente, siguen sin cubrirse pese a la existencia de reservas de liquidez desmesuradamente grandes, gran parte de las cuales genera rendimientos subóptimos. Algunos estiman que las tenencias de los fondos de pensiones, los fondos soberanos y los fondos de gestión de activos superan los 60 billones de dólares, es decir, casi tanto como el PIB mundial (Blaine 2014). Más allá de los riesgos de los proyectos se encuentran los riesgos regulatorios e institucionales que limitan las inversiones en, por ejemplo, África, donde el Banco Mundial estimó la brecha de inversión en cerca de 100 000 millones de dólares (Banco Mundial 2010). Con los rendimientos bajos desde 2009 y unas curvas de rendimiento relativamente planas, la financiación a largo plazo debería estar fácilmente disponible si los riesgos fueran más manejables.
En tercer lugar, la promesa de las nuevas tecnologías disruptivas para elevar la productividad general viene acompañada del desafío del desplazamiento laboral y de la concentración de las ganancias en menos manos. Las perspectivas de las tecnologías transformadoras son muy halagüeñas según quienes siguen de cerca estos avances (véase McKinsey Global Institute 2015). Estas tecnologías pueden mejorar la vida en todas partes y economizar los recursos de la Tierra. Sin embargo, la velocidad y el alcance actuales de la automatización son, en efecto, alarmantes (Frey y Osborne 2013), aunque otros han ofrecido visiones más moderadas (Autor 2014). La velocidad con la que se destruyen los empleos rutinarios (codificables) supera actualmente la tasa de creación de nuevos empleos. Esta tendencia, señalada por algunos tras la crisis financiera (Boeri y Garibaldi 2012), parece persistente en las economías avanzadas. Las consecuencias de la automatización sobre la distribución y la desigualdad han sido bien documentadas (Autor 2014), lo que conduce a tensiones fiscales y malestar social. El reto consiste en cómo gestionar y orientar la transición, que puede ser bastante prolongada.
Nuestro trabajo reciente
Como exponemos en un reciente Libro Blanco (Spence et al. 2015), los desafíos que representan estos desajustes se entrecruzan e interactúan, y se manifiestan de forma distinta a corto, medio y largo plazo. Normalmente se considera que la insuficiencia de la demanda agregada es un desafío de corto plazo del ciclo económico, pero el desajuste actual a escala global se ha prolongado más de siete años desde el inicio de la crisis de 2008. Un nivel bajo de demanda agregada inhibe la inversión, que es la base del aumento del potencial productivo de la economía mundial a medio plazo. La brecha no cubierta entre las necesidades de inversión y las fuentes de financiación también reduce la inversión, lo que a su vez reduce la demanda agregada en otra vuelta de la espiral, contribuyendo a un crecimiento más lento en la actualidad y a obstáculos para la productividad a medio y largo plazo. La demanda insuficiente de mano de obra, como resultado de una demanda agregada débil en general, reduce los salarios o provoca desempleo si los salarios son rígidos, lo que empeora la distribución de la renta en ambos casos. Esta tendencia hacia una mayor desigualdad solo se agravará como consecuencia de las tendencias a largo plazo de las tecnologías que desplazan mano de obra. Aunque a largo plazo estas tendencias pueden ser beneficiosas, el desplazamiento de mano de obra y el aumento de los rendimientos del capital y de las cualificaciones agudizarán la desigualdad de ingresos. Una mayor desigualdad de ingresos puede exacerbar aún más la insuficiencia de la demanda agregada y reducir el rendimiento del crecimiento económico (Ostry et al. 2014).
Estos tres desajustes, que se refuerzan mutuamente, son indicio no solo de un fallo de mercado, sino también del fracaso de los gobiernos para hacer frente a los desafíos que plantean. Creemos que se necesita una acción pública concertada en al menos tres frentes para mejorar el rendimiento de la economía mundial en crecimiento y en distribución.
En primer lugar, es necesario ampliar la demanda agregada mundial. Sin embargo, ha habido poco interés por utilizar el estímulo fiscal como palanca de demanda. En parte, esta falta de acción refleja estancamientos políticos (el caso de Estados Unidos), mientras que en otras partes del mundo avanzado refleja niveles de deuda sin precedentes. No obstante, si la economía mundial fuera una empresa con niveles de deuda excesivos pero con mejores perspectivas, y dados los tipos de interés muy bajos, esperaríamos ver programas de reestructuración de la deuda para reducir los niveles de endeudamiento y revitalizar el crecimiento. En nuestra opinión, existe un enfoque excesivo en determinados indicadores macroeconómicos, como la ratio deuda/PIB, que resulta especialmente engañosa cuando el denominador tiene un mal comportamiento. Las debilidades de las cuentas fiscales surgidas tras la crisis financiera de 2009–2010 se debieron más a la caída de los ingresos fiscales que a episodios de gasto anticíclico desmedido (Arbatli et al. 2014). Cada país debe, por supuesto, examinar sus respectivos sistemas fiscales, incluidos la recaudación y la elusión fiscal, así como el equilibrio entre el consumo público y la inversión pública. Rompiendo con la tradición, el FMI (2015) ha instado a los países con una posición de deuda razonable a gastar más en infraestructuras. El reciente «análisis de multiplicadores» del FMI apunta al efecto muy positivo del gasto en infraestructuras en las economías avanzadas para impulsar el crecimiento, especialmente cuando las brechas de producción son grandes y hay exceso de capacidad en muchas economías, como ocurre hoy. Las pruebas recientes muestran que el multiplicador de un estímulo fiscal adicional sería significativo para la economía mundial, sobre todo si se coordina de la manera en que lo hicieron los paquetes de estímulo coordinados del G20 entre 2008 y 2009 (véase FMI 2014).
En segundo lugar, la brecha entre los enormes volúmenes de capital excedente y las enormes necesidades de infraestructura no cubiertas debe cerrarse. Una cuestión central es la de la mitigación de riesgos, en cuyo caso debemos examinar el papel de los gobiernos y de los mecanismos multilaterales para fomentar el reciclaje del capital excedente. Los participantes del mercado señalan el exceso de demanda de emisiones de deuda que incorporan mecanismos de mitigación de riesgos, como los bonos en los que participa el Banco Mundial y otras instituciones multilaterales. Así, un mecanismo infrautilizado consiste en ampliar y apalancar los balances de los bancos multilaterales de desarrollo y utilizar su capacidad para realizar análisis objetivos de proyectos que identifiquen proyectos financiables para los inversores privados. El Plan Juncker ha ampliado el papel del Banco Europeo de Inversiones en el mercado de préstamos a la inversión. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, de inspiración china, pretende corregir el fallo de mercado de una inversión insuficiente en casos de rendimientos aparentemente elevados. Dado que existe un gran número de proyectos financiables, cabe preguntarse si la comunidad internacional ha hecho lo suficiente para movilizar fondos para la inversión, especialmente en los mercados emergentes y en las economías en desarrollo, y si las instituciones multilaterales utilizan sus balances con la suficiente agresividad, o incluso si sus balances son lo bastante grandes. En este sentido, señalamos que el Global Infrastructure Facility, confiado al Grupo del Banco Mundial, es demasiado pequeño y que las conversaciones sobre nuevas fuentes de financiación climática siguen en fase incipiente (Banco Mundial 2015).
En tercer lugar, los efectos distributivos negativos de los rápidos avances tecnológicos y de la integración global deben abordarse mediante mecanismos que garanticen una distribución más amplia e intergeneracional de los beneficios de los aumentos de productividad. Ya sea que las consecuencias de las nuevas tecnologías que desplazan mano de obra impulsen salarios más bajos o desempleo, la concentración de las ganancias en unas pocas manos puede no solo ser éticamente objetable, sino también socialmente insostenible (Commission on Growth and Development 2008). Una estrategia central de crecimiento a medio plazo debe consistir en mejorar la distribución del capital humano, fortaleciendo la educación y la salud de los hogares de bajos ingresos. Las políticas integrales y activas del mercado laboral, incluida la recualificación, pueden ayudar. Además, se necesitan políticas dirigidas directamente a mejorar la productividad, especialmente en las pequeñas empresas de los países en desarrollo, que son el sustento del empleo de un gran número de personas pobres (Kanbur 2014). La experiencia de América Latina en el control de la desigualdad ofrece lecciones importantes para el resto del mundo. Una combinación de políticas de oferta en educación, una mejor integración de los mercados laborales mediante infraestructuras y transferencias monetarias condicionadas a que los niños permanezcan en la escuela llevó a una reducción de la desigualdad durante una década y media, frente a las mismas tendencias tecnológicas y de globalización que aumentaron la desigualdad en otras partes del mundo (Lustig et al. 2011). Aunque claramente forman parte de una estrategia a medio plazo, si estos enfoques tienen éxito también impulsarán la demanda agregada, ya que la renta se redistribuye hacia el extremo inferior de la escala, con mayor propensión al consumo.
Estas tres áreas de acción pública concertada —impulsar la demanda mundial (con énfasis en la inversión y los servicios esenciales), desbloquear el flujo de fondos excedentarios hacia las necesidades de inversión no cubiertas y mitigar la creciente desigualdad— se refuerzan mutuamente. Los argumentos analíticos que las sustentan son sólidos. Las soluciones de política pública son posibles para afrontar muchos desafíos económicos si se logra un consenso político para abordarlos, tanto a nivel nacional como global. Lo que se necesita es una visión global y voluntad política que puedan hacerlas realidad y, así, reactivar la economía mundial para que pueda alcanzar su potencial en crecimiento y en distribución (Spence et al. 2015).
Referencias
Arbatli, E, T Baunsgaard, A Guerson y K-S Min (2014), “Fiscal Policy Response in Advanced and Emerging Market Economies”, en C Cottarelli, P Gerson y A Senhadji (eds.) Post-Crisis Fiscal Policy, pp. 256–285, New Haven: MIT Press.
Autor, D (2014), “Skills, Education, and the Rise of Earnings Inequality among the Other 99 Percent”, Science 344(6186): 843–51.
Blaine, C (2014), “World’s Largest Asset Managers on Quest for $100 Trillion in Assets”, disponible en http://247wallst.com/banking-finance/2014/02/18/worlds-largest-asset-managers-on-quest-for-100-trillion-in-assets/.
Boeri, T y P Garibaldi (2012), “Financial Shocks and the Labor Markets: Should Economic Policy Save Jobs?”, en O Canuto y D M Leipziger (eds.) Ascent after Decline: Regrowing Global Economies after the Great Recession, Washington, DC: World Bank, p. 21.
Brynjolfsson, E, y A McAfee (2015), The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies, Nueva York: Norton.
Commission on Growth and Development (2008), The Growth Report: Strategies for Sustained Growth and Inclusive Development, Washington, DC: World Bank.
Frey, C B, y M A Osborne (2013), “The Future of Employment: How Susceptible are Jobs to Computerisation?”, documento de trabajo de la Oxford Martin School, Universidad de Oxford.
Fondo Monetario Internacional (2014), World Economic Outlook. Washington, DC: FMI.
Fondo Monetario Internacional (2015), World Economic Outlook. Washington, DC: FMI.
Kanbur, R (2014), “Informality: Causes, Consequences and Policy Responses”, Reserve Bank of India, Department of Economic and Policy Research, disponible enhttps://rbidocs.rbi.org.in/rdocs/Publications/PDFs/KNS300614FR.pdf.
Lustig, N, L F Lopez-Calva y E Ortiz-Juarez (2011), “The Decline in Inequality in Latin America: How Much, Since When and Why”, Working Papers 1118, Tulane University, Department of Economics.
McKinsey Global Institute (2015), “Global Growth: Can Productivity Save the Day in an Aging World?”, McKinsey & Company, disponible en http://www.mckinsey.com/insights/growth/can_long-term_ global_growth_be_saved.
Ostry, J, A Berg y C Tsangarides (2014), “Redistribution, Inequality, and Sustained Growth: Reconsidering the Evidence”, IMF Staff Discussion Note SDN 14/02, disponible enwww.imf.org/external/pubs/ft/sdn/2014/sdn1402.pdf.
Spence, M, D Leipziger, J Manyika y R Kanbur (2015), “Restarting the Global Economy: Harnessing the Forces of Economic Growth”, Growth Dialogue White Paper, disponible enhttp://www.growthdialogue.org/sites/default/files/publication/documents/Bellagio_2015_FINAL_web_9-29-15.pdf.
Banco Mundial (2010), Africa’s Infrastructure. A Time for Transformation, Washington, DC: World Bank.
Banco Mundial (2015), “From Billions to Trillions: MDB Contributions to Financing for Development”, disponible en http://www.worldbank.org/mdgs/documents/FfD-MDB-Contributions-July-13-20….
Zhu, M (2015), “World Economy: Output Gap and Potential Output Growth”, presentación del FMI en el Simposio de Bellagio sobre Crecimiento Económico Sostenible y Compartido, Centro Bellagio de la Fundación Rockefeller, Italia, mayo de 2015.
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Autores: Ravi Kanbur es Profesor T. H. Lee de Asuntos Mundiales, Profesor Internacional de Economía Aplicada y Gestión, y Profesor de Economía en la Universidad de Cornell. Danny Leipziger es Profesor de Negocios Internacionales en la Escuela de Negocios de la Universidad George Washington y Director Gerente de The Growth Dialogue. James Manyika es director del McKinsey Global Institute. Michael Spence es Senior Fellow de la Institución Hoover, premio Nobel, y Profesor Emérito Philip H. Knight de Gestión en la Escuela de Posgrado en Administración de Empresas de la Universidad de Stanford.
Imagen: Un hombre camina frente a edificios en el distrito central de negocios de Singapur, febrero de 2007. REUTERS/Nicky Loh.



