3 formas de mejorar el sistema de patentes y proteger a los inventores

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Para muchos países en desarrollo, la promesa de un crecimiento económico impulsado por la innovación sigue sin cumplirse. Incluso con sistemas de propiedad intelectual bien establecidos, pocos innovadores locales se benefician. En cambio, las concesiones de patentes a extranjeros superan con creces las concedidas a solicitantes locales, pese a una fuerte cultura innovadora local.

Las patentes impulsan la creación de valor para los inventores individuales y las pequeñas empresas que pueden ayudar a estos países a crecer. Atraen inversión. Y ofrecen protección cuando las pequeñas empresas necesitan colaborar con terceros para llevar a cabo su visión. Sin acceso a patentes, los innovadores se encuentran en una desventaja palpable en el mercado. Cuando estos inventores no pueden competir, todos nos vemos privados de su innovación.

Más del 80 % de la población mundial vive en regiones menos desarrolladas, lo que significa que la mayoría de nosotros vivimos en lugares donde obtener patentes sigue siendo una lucha real. Y, sin embargo, ninguno de nosotros puede predecir el origen del próximo avance. Más aún ante la Cuarta Revolución Industrial y la democratización a gran escala de los datos que trae consigo. Por ello, existe un imperativo global de liberar toda la ingenuidad de la humanidad. Esto no puede lograrse sin empoderar a los inventores para proteger los frutos de su imaginación.

En 2017, la oficina de patentes de China recibió más del doble de solicitudes que su homóloga estadounidense.Image: Base de datos estadísticos de la OMPI

Crear un entorno en el que los inventores prosperen requiere hacer hincapié en la infraestructura de innovación. Los inventores destacan en la resolución de problemas, pero generalmente carecen de la formación jurídica necesaria para navegar por el sistema de patentes. Un ecosistema de innovación sostenible necesita conectar el talento con la experiencia jurídica. Juntas, estas dos disciplinas deben aspirar a asegurar una protección que permita el éxito a escala mundial. Sin este enfoque consciente, es probable que la creación de empleo y el crecimiento económico que pueden derivarse del talento de una nación pasen desapercibidos.

1. Convertir el ingenio en activos intelectuales

En muchos países en desarrollo, la proporción de patentes concedidas a personas locales es muy inferior al nivel de innovación del país. ¿Por qué? Pocos inventores reciben el apoyo profesional que necesitan para asegurar activos fundamentales. En cambio, suelen representarse a sí mismos ante la oficina de patentes local debido a sus limitados recursos y al coste de contratar a un especialista. Desalentados por la complejidad del procedimiento de concesión de patentes, abandonan en las primeras etapas del proceso y sus invenciones nunca llegan a evaluarse por sus méritos.

Reconociendo la importancia de las patentes para el progreso, algunos países desempeñan un papel activo para garantizar que las grandes ideas puedan transformarse en activos intelectuales. Cinco países –Colombia, Ecuador, Marruecos, Sudáfrica y Filipinas– lo están logrando a través del Programa de Asistencia a Inventores (IAP, por sus siglas en inglés). El programa, dirigido por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en cooperación con el Foro Económico Mundial, nivela el terreno de juego para los inventores al ponerlos en contacto con expertos en patentes que ofrecen sus servicios jurídicos sin coste alguno. Para muchos inventores, el IAP ofrece la única esperanza de proteger sus invenciones.

2. Desarrollar una profesión local en materia de patentes

Sin profesionales altamente cualificados, pocos inventores en países en desarrollo protegerán sus ideas mediante patentes. Pero no todos los países han consolidado profesiones especializadas en patentes, sobre todo en ausencia de una demanda clara. En otros países, los profesionales de patentes construyen sus carteras de clientes centradas en atender a clientes extranjeros. Normalmente, otro profesional redacta la solicitud de patente y dirige la estrategia técnica y jurídica para toda la familia de patentes resultante. Esto requiere un conjunto de competencias mucho más limitado que el necesario para apoyar a los inventores locales.

Los inventores que llegan con una idea en lugar de una solicitud de patente preparada requieren asistencia adicional. Los profesionales de patentes deben comprender la tecnología que impulsa la invención para redactar, en primera instancia, una solicitud de patente. Utilizando este conocimiento, también deben prever cómo se desarrollará y cómo encajará en las cadenas de suministro. Así, mientras que en algunos países las competencias jurídicas para tramitar casos ante la oficina de patentes local pueden perfeccionarse con facilidad, en otros aún deben desarrollarse. Agravando el desafío, la mayoría de los países en desarrollo no exigen formación en una disciplina científica para ejercer ante la oficina nacional de patentes.

Los países deben dar prioridad a la creación de capacidad para la protección de patentes. Los defensores locales comprenderán el entorno y se apasionarán por ayudar a sus conciudadanos a tener éxito. La alternativa –contratar a un experto en el extranjero– resultará prohibitiva en cuanto al coste para muchos inventores. En última instancia, muchos renunciarán por completo a la protección.

Las autoridades también deberían considerar si se debería permitir ejercer ante sus oficinas de patentes a un conjunto más amplio de profesionales. En la mayoría de los países en desarrollo, solo los abogados pueden ejercer ante la oficina de patentes. Sin embargo, pocos abogados de estos países también poseen las competencias técnicas necesarias para redactar solicitudes de patente. Por otra parte, permitir que profesionales sin formación jurídica elaboren y defiendan documentos complejos con importantes implicaciones legales, como ocurre con las solicitudes de patente, puede suscitar otras preocupaciones para las oficinas de patentes. Los niveles de personal de las oficinas de patentes y el volumen de solicitudes requieren comunicaciones estructuradas para funcionar con eficiencia. Equilibrando todas las limitaciones anteriores, algunos países exigen que quienes deseen ejercer ante la oficina de patentes demuestren su competencia jurídica mediante un examen. Aunque no existen soluciones sencillas, centrarse en formar un cuerpo de profesionales locales de patentes cualificados es fundamental para desarrollar la capacidad nacional en materia de patentes.


3. Hacer asequible la presentación en el extranjero

Pocas empresas operan en un único país. Sin embargo, las patentes solo otorgan derechos en un país concreto. Si los planes de negocio llevan a los inventores a otros mercados para vender, asociarse o fabricar, asegurar la protección en el extranjero es esencial. Pero esta protección adicional tiene un precio elevado.

Considérese el caso de un inventor en Marruecos, país con una renta nacional bruta per cápita de 2.860 dólares. Para proteger una invención en solo dos países, el coste de las tasas oficiales por sí solo puede superar fácilmente el salario de un año. Si a ello se suma el gasto de contratar ayuda profesional para navegar por el sistema de patentes, la cantidad probablemente quede fuera de su alcance. Pocos inventores en países en desarrollo pueden autofinanciar este nivel de inversión.

Las cifras anteriores reflejan los descuentos existentes disponibles para los inventores de países en desarrollo. Por ejemplo, la OMPI, mediante el sistema del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), ofrece una reducción del 90 % en determinadas tasas para nacionales de países en desarrollo, y la Oficina Europea de Patentes reduce sus tasas en un 75 % para personas físicas de países de ingresos bajos y medianos bajos. Sin embargo, fuera de los PMA, estos descuentos solo están disponibles para personas físicas y no para las pequeñas empresas, que pueden estar en mejor posición para aplicar la tecnología. No obstante, un número creciente de países (incluido Estados Unidos), conscientes de la importante función que cumplen estas empresas para impulsar sus economías, ofrecen ahora descuentos a las pequeñas entidades.

Si queremos liberar los beneficios de la participación global en la innovación, necesitamos medidas concretas. Las oficinas de patentes deberían considerar reducir o eximir de tasas a los inventores de países en desarrollo, tanto a las personas físicas como a las empresas. Las agencias centradas en las pequeñas empresas, como las de Colombia, Sudáfrica y otras, están movilizando recursos para ayudar a los inventores a asegurar la protección más allá de sus fronteras. Estos programas garantizan que las invenciones más prometedoras de un país estén bien posicionadas para competir. Los bancos de desarrollo también pueden desempeñar un papel fundamental.

Necesitamos innovación procedente de todas partes si queremos afrontar los desafíos que nos esperan como mundo. Y no podemos permitir que el país de origen de un inventor determine si una solución llega o no al mercado. Para lograrlo, los inventores necesitan apoyo. Necesitan acceso a profesionales capacitados que redacten patentes que les permitan relacionarse con socios y competidores con más recursos. Y necesitan respaldo financiero para proteger sus innovaciones en los lugares donde sus soluciones tendrán un impacto. Con estos elementos, empoderamos a los inventores para que lideren a sus países por el camino de la prosperidad, y al resto de nosotros, hacia un futuro mejor.

• David Kappos es socio de Cravath, Swaine & Moore y preside el comité directivo del Programa de Asistencia a Inventores.

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