¿Quiere acabar con la pobreza? Empiece por la corrupción

¿Quiere acabar con la pobreza? Empiece por la corrupción
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Mientras el mundo busca trazar un rumbo para acabar con la pobreza y garantizar el desarrollo sostenible para 2030, hay algo seguro: detener la corrupción debe ocupar un lugar prioritario en la agenda.

En 2000, los líderes mundiales formularon ocho promesas de desarrollo que debían cumplirse para 2015, conocidas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de la ONU. A falta de un año, solo cuatro de las metas de los ODM se han alcanzado a escala mundial. Las conclusiones de Transparency International muestran que los altos niveles de corrupción y los bajos niveles de gobernanza son responsables de ello.

Si realmente queremos acabar con la pobreza para 2030, la buena gobernanza y la lucha contra la corrupción, que no se incluyeron en los ODM originales, deberían considerarse un objetivo en los nuevos compromisos, conocidos como Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Todos los países deben cumplir estos objetivos, que son de aplicación universal. Como se ha visto, ningún país está libre de corrupción ni ha perfeccionado su gobernanza.

Lo que quiere el mundo

Las instituciones responsables e inclusivas no solo son fundamentales para el éxito de los ODS, sino que también cuentan con un amplio apoyo de las bases. La encuesta de la ONU «My World», que ha recabado las opiniones de más de 7 millones de personas, muestra que la gobernanza figura sistemáticamente entre las cuatro principales demandas de la población de todo el mundo. El apoyo público a este objetivo es crucial, pues dará forma a la agenda social mundial durante mucho tiempo.

Las conclusiones de Transparency International muestran que el acceso a la información, un Estado de derecho sólido y la legislación contra la corrupción tienen un efecto positivo en los logros de los ODM en materia de salud materna, alfabetización y agua limpia. Sin embargo, los altos niveles de corrupción se correlacionan con el incumplimiento de muchas metas. Esta relación se observa en todos los objetivos de desarrollo relacionados con la pobreza y el hambre, la educación, la salud materna e infantil, las enfermedades transmisibles, el agua y el saneamiento.

Por qué el soborno hace tanto daño

La investigación realizada en más de 100 países muestra claramente que el nivel de corrupción de un país determinado tiene una correlación directa y significativa con su desarrollo. Por ejemplo, en los países donde más del 60 % de la población declara haber pagado un soborno, casi cinco veces más personas viven con menos de 1 dólar al día que en los países donde menos del 30 % de la población declara haber pagado sobornos.

En los países donde más personas pagaron más sobornos para acceder a servicios básicos, murieron más mujeres durante el parto, menos niños superaron los cinco años, más personas carecieron de agua potable o retretes, y menos niñas terminaron la educación secundaria.

El soborno también anula los beneficios del crecimiento económico. Por ejemplo, cualquier avance en la mejora del acceso al agua potable cuando aumentan los ingresos familiares queda contrarrestado por el efecto negativo del soborno.

Muchas formas distintas de corrupción en el sector público pueden perjudicar el desarrollo. Nuestra investigación muestra que el 50 % de los escolares no termina la educación primaria en los países donde el soborno es habitual. El absentismo del profesorado, la falta de libros de texto debido a la corrupción y la mala calidad de las instalaciones, como las aulas —que a menudo quedan en mal estado porque la corrupción desvía los fondos destinados a la construcción— impiden que los niños terminen la educación primaria.

Una gobernanza transparente y responsable puede contribuir al desarrollo. En los países donde el Estado de derecho es sólido, se ha avanzado hacia el logro de los ODM. De hecho, el Estado de derecho es tan importante como el crecimiento económico. La investigación comparó los logros de los ODM con el valor agregado de las puntuaciones asignadas a los países en la sección del Informe de Integridad Global 2011 dedicada a la lucha contra la corrupción. También comparó los logros de los ODM con el crecimiento del PIB per cápita. Los resultados mostraron que la buena gobernanza es tan importante como el crecimiento económico para reducir la pobreza.

Garantizar datos más completos, comparables y oportunos para todos los indicadores posteriores a 2015, incluido el desarrollo de indicadores que midan los niveles de transparencia y rendición de cuentas, es clave para el éxito. También es igual de importante desarrollar un sistema de seguimiento de los objetivos posteriores a 2015 que se base en la transparencia, la rendición de cuentas y la participación, y las promueva.

No podemos ganar la guerra contra la pobreza sin ganar primero la batalla contra la corrupción.

Autor: Cobus de Swardt es el director general de Transparency International

Imagen: Una trabajadora de una casa de empeños cuenta billetes de baht tailandeses antes de comprar artículos a un cliente en la casa de empeños Easy Money, en Bangkok, el 27 de agosto de 2013. REUTERS/Athit Perawongmetha

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