Las empresas estadounidenses gastan menos en salarios, como muestra este gráfico.
En el cuarto trimestre de 2022 gastaron apenas un 1 % más en salarios, una marcada caída frente al 1,3 % y el 1,4 % de principios de año.
Aunque la reducción de los costos para las empresas es buena para la inflación, deja a los trabajadores con menos poder de negociación para conseguir salarios y prestaciones laborales más altos.
Las empresas estadounidenses están moderando el gasto en salarios, un dato que probablemente aliviará las preocupaciones de los responsables de la Reserva Federal sobre la inflación.
En el cuarto trimestre de 2022, las empresas estadounidenses gastaron apenas un 1 % más en salarios que en el tercer trimestre. Esto supuso una caída frente al 1,3 % adicional que habían gastado del segundo al tercer trimestre y al 1,4 % adicional del primero al segundo.
Dos trimestres consecutivos de descenso indican que los costos para las empresas están bajando y que, por tanto, tendrán menos motivos para subir los precios, una buena señal para quienes están preocupados por la inflación. Sin embargo, también significa que actualmente los trabajadores tienen menos poder de negociación para conseguir salarios más altos.
Si no se producen más cambios en la economía, parece que el gasto de las empresas en salarios volverá a la tendencia prepandémica. En 2018 y 2019, el aumento promedio de este tipo de gasto fue del 0,75 % por trimestre.
Las empresas estadounidenses están recortando las prestaciones
Las empresas también están reduciendo las prestaciones que ofrecen a sus empleados. Su gasto en prestaciones aumentó apenas un 0,8 % en el cuarto trimestre y lleva tres trimestres consecutivos disminuyendo.
Varios economistas empiezan a entender la inflación no como un fenómeno monetario neutral, sino como una lucha entre trabajadores y empresas por ver quién se beneficia del trabajo. Estos últimos datos muestran que los trabajadores están perdiendo esa lucha.
La Reserva Federal sabe que sus herramientas (como la subida de los tipos de interés) entrañan el riesgo de aumentar la desigualdad. Sin embargo, se ampara en la autoridad que le confiere el Congreso para seguir subiéndolos hasta que sus responsables consideren que la inflación vuelve a encaminarse hacia su venerado objetivo del 2 %.




