La renta básica universal cuesta mucho menos de lo que imaginas. He aquí por qué

A money changer counts U.S. dollar banknotes at a currency exchange office in Diyarbakir, Turkey May 23, 2018. REUTERS/Sertac Kayar
Crunching the numbers.Image: REUTERS/Sertac Kayar
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¿Quieres acabar con la pobreza, reducir la desigualdad y ofrecer estabilidad financiera en un mundo de trabajo precario? Entonces, ¿por qué no dar simplemente a todo el mundo dinero suficiente para garantizar su sustento básico?

Esta es la solución engañosamente sencilla que proponen los defensores de la renta básica universal (RBU). Basta con transferir a todo el mundo, cada mes, dinero suficiente para garantizar un nivel de vida básico. La política es universal e incondicional (se recibe sin importar quién seas ni a qué te dediques).

Esto significa que no hace falta una burocracia pesada para administrar el programa ni imponer requisitos de información gravosos a las personas pobres. Tampoco hay que esperar a presentar documentos para recibir la prestación: tanto si pierdes el empleo, decides emprender una nueva trayectoria profesional o te tomas un tiempo sin trabajar para cuidar de un familiar, el dinero ya está ahí.

Pero el movimiento a favor de la RBU tiene un problema importante: ni sus críticos ni siquiera muchos de sus partidarios entienden cuánto costaría realmente el programa. Para calcular el coste, la mayoría se limita a multiplicar el importe de la renta mensual (por ejemplo, 1.000 dólares) por la población (al fin y al cabo, es universal) y, voilà, obtiene una cifra que parece inasumiblemente elevada.

Pero ese no es el coste de la RBU. El coste real —la cantidad de dinero que de verdad hay que quitarle a alguien y redistribuirla a otra persona— es solo una pequeña fracción de esas estimaciones.

La clave para entender el coste real de la RBU es comprender la diferencia entre el coste bruto (o inicial) y el neto (o real). He aquí un ejemplo sencillo: imaginemos una habitación con 15 personas que quieren establecer una RBU de 2 dólares por persona. El coste inicial de la política sería de 30 dólares. Se pide a las diez personas más ricas de la habitación que aporten 3 dólares cada una para financiarla. Una vez que cada una aporta 3 dólares, con lo que se reúne el total de 30 dólares necesario, todas las personas de la habitación reciben sus 2 dólares de renta básica universal. Pero, como las diez personas más ricas aportaron 3 dólares y luego recibieron 2 dólares de vuelta en concepto de RBU, su contribución neta real es, de hecho, de 1 dólar cada una. Así que el coste real de la RBU es de 10 dólares.

Las estimaciones que se limitan a multiplicar el importe de la RBU por la población de un país equivalen a afirmar que el coste de la RBU en la habitación del ejemplo anterior es de la friolera de 30 dólares. Pero el coste real en este caso —el dinero redistribuido de las personas ricas— es de solo 10 dólares.

El dilema del multimillonario

Es importante entender quién recibirá dinero mediante una RBU y quién contribuirá a financiarla. El error habitual es contar dos veces a quienes aportan una contribución neta. Sí, reciben una RBU, pero al contribuir al fondo de la RBU, primero devuelven lo que recibieron y luego aportan algo más. Por eso, no es correcto incluirlos al calcular el coste real de la RBU.

Este es un aspecto fundamental que a menudo se pasa por alto: quienes pagan impuestos para financiar la RBU recuperarán parte de ese coste al recibirla. También se puede plantear al revés: aunque la RBU se destina a todo el mundo, las personas ricas, en la práctica, la devuelven con el primer tramo de impuestos que pagan, así que no hace falta incluir su RBU en las estimaciones de costes.

Esto también resuelve el «dilema del multimillonario» de la RBU: ¿por qué darle una renta básica a alguien como Bill Gates? La respuesta es que Gates simplemente devolvería esa RBU mediante sus impuestos y ayudaría a financiar la de otras personas. Pero si de repente Gates quedara en la indigencia, seguiría recibiendo la RBU cada mes. Y, como su factura fiscal disminuiría, pasaría a ser beneficiario neto en lugar de contribuyente neto.

Los costes reales

Cualquier estimación de la RBU que se limite a multiplicar su importe por la población es una señal de alarma: el coste se ha exagerado. Una estimación del coste real siempre indicará quiénes serán los beneficiarios netos, quiénes serán los contribuyentes netos y a qué ritmo las personas pasarán gradualmente de ser beneficiarias a contribuyentes a medida que aumenten sus ingresos (a veces se denomina tasa de recuperación, tasa de retirada o tipo impositivo marginal; no se trata de un impuesto general, sino simplemente del ritmo al que las personas empiezan a devolver su RBU al fondo común a medida que ganan más).

Las estimaciones de costes que tienen en cuenta la diferencia entre el coste inicial y el real son una fracción de las estimaciones brutas infladas. Por ejemplo, el economista y filósofo Karl Widerquist ha demostrado que, para financiar una RBU de 12.000 dólares estadounidenses por adulto y 6.000 dólares estadounidenses por menor cada año (manteniendo sin cambios todos los demás gastos), Estados Unidos tendría que recaudar 539.000 millones de dólares estadounidenses adicionales al año, menos del 3 % de su PIB. Esto representa una pequeña fracción de las cifras de más de 3 billones de dólares estadounidenses que suelen mencionarse (el coste bruto de esta política). En el esquema simplificado de Karl, las personas empiezan poco a poco a devolver su RBU mediante impuestos al fondo común a medida que ganan más, y son beneficiarios netos quienes ganan individualmente menos de 24.000 dólares estadounidenses al año.

Este argumento sigue siendo válido si se recaudan fondos para la RBU a través de fuentes distintas de los impuestos sobre la renta o el patrimonio. Si se utiliza un impuesto de sociedades o un impuesto sobre los datos, o un impuesto sobre los recursos naturales o un impuesto sobre el carbono para financiar una RBU, se sigue redistribuyendo dinero que, de otro modo, acabaría siendo beneficios para los accionistas de Google o los directivos de BP. Y se les quita menos de lo que se podría pensar, porque ellos también reciben una RBU. Así, el dinero que acaban perdiendo debido al nuevo impuesto se compensa con la RBU que reciben. Lo mismo ocurre si se financia una RBU reasignando el presupuesto.

Algunas personas se confunden y se preguntan si la RBU es realmente universal cuando solo una parte de la población termina percibiendo ingresos adicionales y otra parte la financia. Pero toda política universal y redistributiva funciona así. El transporte público, las carreteras y las escuelas son beneficios universales, pero algunas personas pagan mucho para financiarlos mediante sus impuestos, mientras que otras los disfrutan gratis o a un coste menor.

A la luz de las enormes ventajas disponibles gracias a una RBU, es una pérdida de tiempo discutir sobre estimaciones de costes muy infladas. Las cifras están ahí: podemos financiar una renta básica.

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