La organización benéfica GiveDirectly entregó $1,000 a hogares pobres de todo el condado de Siaya, Kenia.
El dinero tuvo un efecto multiplicador en la economía de la región, ya que por cada $1 de efectivo entregado se generaron $2.60 en gasto adicional.
Si bien el dinero amplificó las desigualdades existentes, demuestra el potencial de los programas de renta básica universal (RBU) tanto en economías desarrolladas como en desarrollo.
Asentado a orillas del lago Victoria, el condado de Siaya, en Kenia, es rico en belleza natural. Pero miles de personas de esta zona viven por debajo de la línea de pobreza rural oficial del gobierno de menos de $15 al mes.
La mayoría trabaja en la agricultura, y muchos viven en viviendas con techo de paja, un indicador sencillo de la pobreza en la región.
Pero ¿qué ocurriría si estas personas recibieran una cantidad de dinero que cambiara su vida?
Un equipo de investigadores decidió averiguarlo. En colaboración con la organización benéfica GiveDirectly, se propusieron descubrir cómo las transferencias de efectivo afectan a las economías locales: no solo a los beneficiarios del dinero, sino también a la comunidad en general.
El efecto multiplicador
La organización benéfica entregó un total de $10 millones a 328 aldeas. Cada uno de los 10,500 hogares que cumplieron los requisitos (por tener una vivienda con techo de paja) recibió $1,000, pagados en tres transferencias.
El total desembolsado equivalió a alrededor del 75% del gasto medio anual de los hogares de la región.
Los investigadores estudiaron después el efecto que el dinero tuvo en los beneficiarios, en los no beneficiarios, en las empresas y en los mercados de la zona.
Economistas de Berkeley, Princeton y la Universidad de California en San Diego analizaron un total de 653 aldeas. Realizaron encuestas mensuales durante 2.5 años, en 61 mercados locales. Y descubrieron que muchas personas se beneficiaron del efectivo: no solo quienes lo recibieron, sino también las personas de las aldeas cercanas.
De hecho, según explican los investigadores, por cada $1 de efectivo entregado se generaron $2.60 en gasto o ingresos adicionales en la zona.
Renta básica
Los resultados de la investigación abren la posibilidad de que este tipo de programas se adopten como estrategia de los programas internacionales de ayuda que buscan generar un impacto más duradero. ¿Podría la renta básica universal (RBU), por ejemplo, ser más útil que los métodos tradicionales de lucha contra la pobreza en los países pobres?
Si bien la renta básica universal se ha probado en países occidentales, como Finlandia, existen pocos estudios sobre sus efectos en las naciones en desarrollo, según un reciente informe del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
Entre los programas similares se encuentran los que se llevan a cabo en Madhya Pradesh (India), en dos aldeas de Namibia y en Irán, donde en 2011 se introdujo una transferencia de efectivo a nivel nacional para compensar la retirada de subvenciones a los alimentos y a los combustibles. El MIT afirma que ninguno de estos programas ha sido evaluado experimentalmente para investigar el impacto a largo plazo de la RBU en las economías en desarrollo.
Aquí es donde el trabajo de GiveDirectly podría resultar importante. La organización benéfica lleva unos diez años estudiando cómo las transferencias de efectivo afectan a los beneficiarios en el África subsahariana. Pero su investigación en curso en Kenia es, según afirma, una de las primeras en medir los efectos macroeconómicos.
¿Margen de mejora?
GiveDirectly también informó de que, si bien el efecto multiplicador benefició a personas ajenas al grupo de beneficiarios, también amplificó las desigualdades existentes. Quienes recibieron dinero fueron clasificados como los más pobres de sus aldeas. En consecuencia, el beneficio que obtuvieron del efectivo fue considerable.
Sin embargo, cuando sus fondos entraron después en la economía en general, la brecha entre ricos y pobres entre los no beneficiarios se amplió ligeramente.
Otro hallazgo algo desalentador del estudio fue que apenas hubo mejoras en dos indicadores clave no financieros. «Las medidas de salud y de empoderamiento femenino no cambiaron significativamente ni para los beneficiarios ni para los no beneficiarios», afirma la organización benéfica.



