Además de ser el principal motor del crecimiento económico, el progreso tecnológico también tiene consecuencias distributivas. A menudo favorece a determinados factores de producción y a ciertos tipos de trabajadores. Hay indicios de que la polarización del empleo y el cambio estructural —dos fenómenos con importantes implicaciones para el mercado laboral— se deben a un progreso tecnológico desigual.
La polarización del empleo es el aumento conjunto del empleo y los salarios en las ocupaciones de ingresos bajos y altos, en comparación con las intermedias. Se cree que este fenómeno, ampliamente documentado en Estados Unidos y varios países europeos desde la década de 1980, se debe en gran medida al cambio tecnológico sesgado en las tareas laborales. En el cambio tecnológico sesgado, las tecnologías de la información y la computación sustituyen a trabajadores en ocupaciones con una mayor proporción de tareas rutinarias (ocupaciones rutinarias), situadas en el centro de la distribución salarial; complementan a quienes realizan tareas abstractas (ocupaciones abstractas), en la parte superior de la distribución salarial; y dejan prácticamente sin cambios a quienes desempeñan ocupaciones manuales, en la parte inferior de la distribución salarial (Autor et al. 2006, Autor y Dorn 2013).
También se han producido cambios significativos en el empleo por sector industrial. Las economías desarrolladas han experimentado una rápida reasignación: primero, de la agricultura al sector productor de bienes y, después, de los bienes a los servicios. Por ejemplo, en Estados Unidos, el sector de bienes representaba el 44 % del total de horas trabajadas en 1960; para 2010, esa proporción era de apenas el 21 %.
Las investigaciones publicadas sobre la transformación estructural suelen explicar estos cambios señalando las diferencias en el crecimiento de la productividad entre sectores. Los bienes y los servicios tienden a ser complementarios en el consumo y, en promedio, la productividad laboral crece más rápido en la producción de bienes que en otros sectores, por lo que la oferta de bienes supera su demanda. Esto reduce el empleo en el sector de bienes y aumenta el empleo en los servicios (Ngai y Pissarides 2007).
La mayoría de los estudios analizan por separado la polarización del empleo y la transformación estructural, pero algunos han relacionado ambos fenómenos. En un estudio anterior mostramos que la polarización del empleo en Estados Unidos comenzó ya en la década de 1950 y estuvo estrechamente vinculada al retroceso de la manufactura (Bárány y Siegel 2018a). Varios estudios recientes han propuesto que el cambio tecnológico sesgado entre ocupaciones puede provocar cambios estructurales entre sectores (Goos et al. 2014, Duernecker y Herrendorf 2017, Lee y Shin 2017). Estos estudios no pretenden determinar si el sesgo del cambio tecnológico se da en el nivel ocupacional o industrial, sino que restringen a priori la naturaleza del sesgo.
Un análisis más detallado de los datos
En un trabajo reciente (Bárány y Siegel 2018b), damos un paso más y analizamos qué tipo de proceso tecnológico podría explicar tanto la polarización del empleo como el cambio estructural. La figura 1 muestra la proporción sectorial de las horas trabajadas en Estados Unidos entre 1960 y 2010, así como su desglose por categorías ocupacionales.
Figura 1 Proporción sectorial de las horas trabajadas en Estados Unidos entre 1960 y 2010

La figura muestra que la contracción del empleo en el sector de bienes se produjo exclusivamente mediante una reducción del empleo en ocupaciones rutinarias, y que casi todo el descenso de este tipo de empleo tuvo lugar en dicho sector. Se observa un patrón similar en los servicios de alta cualificación y las ocupaciones abstractas. Estos patrones ponen de relieve la estrecha conexión entre las reasignaciones del empleo por sector y por ocupación. También muestran por qué es difícil identificar la verdadera naturaleza del cambio tecnológico.
Un marco flexible para identificar los cambios en la productividad
Desarrollamos un nuevo enfoque para evaluar en qué medida el cambio tecnológico está realmente sesgado entre sectores y ocupaciones. Un desafío importante es que la productividad ocupacional no puede medirse directamente a partir de los datos, ya que la producción solo puede medirse en el nivel de la empresa o la industria, no en el de las ocupaciones. Para superar este problema, especificamos una función de producción sectorial en la que el trabajo de distintas ocupaciones se combina con una elasticidad de sustitución constante para producir el producto de cada sector. Suponemos que el crecimiento de la productividad es específico de cada combinación de sector y ocupación. Esto nos permite inferir a partir de los datos, mediante condiciones de primer orden, la productividad laboral de cada combinación en cada período.
Este enfoque flexible contempla la posibilidad de que las tecnologías estén vinculadas al trabajo que realizan las personas, definido tanto por el sector como por la ocupación del trabajador. Cabe señalar que suponer que la productividad evoluciona en el nivel de cada combinación de sector y ocupación no excluye tendencias comunes en el cambio tecnológico, por ejemplo, en el nivel sectorial o en el ocupacional.
A partir de datos del censo de Estados Unidos, la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense y la Oficina de Análisis Económico correspondientes al período 1960-2010, las condiciones de optimalidad del lado de la producción de la economía nos permiten inferir cómo evolucionó la productividad en cada combinación de sector y ocupación a lo largo del tiempo. En concreto, podemos estimar los cambios en:
las proporciones del ingreso laboral ocupacional dentro de los sectores, que determinan los cambios en la productividad entre ocupaciones dentro de los sectores;
los precios relativos entre sectores, que nos permiten identificar los cambios de productividad entre sectores;
el crecimiento global del PIB por trabajador, que revela los cambios de productividad a lo largo del tiempo. Descomposición de los cambios de productividad
A continuación, buscamos factores comunes en el cambio tecnológico para estimar hasta qué punto el crecimiento de la productividad es específico de determinados sectores (controlando el papel de las ocupaciones) o de determinadas ocupaciones (controlando el de los sectores). Observamos —para una amplia gama de valores de la elasticidad de sustitución entre distintas ocupaciones— que entre el 75 % y el 80 % de los cambios de productividad pueden explicarse conjuntamente por el crecimiento de la productividad específico de sectores y de ocupaciones, y que apenas una fracción (menos del 2 %) es atribuible a tecnologías de propósito general (o al crecimiento de la productividad total de los factores, PTF). También observamos que, del 75-80 % explicado conjuntamente por factores sectoriales y ocupacionales, la mayor parte se debe a factores específicos de las ocupaciones, mientras que las diferencias de crecimiento de la productividad entre sectores desempeñan un papel relativamente pequeño.
Implicaciones para los mercados laborales
Por último, queremos entender la contribución de estos factores a la evolución observada de los resultados de interés, incluidos el empleo por ocupación y sector, los salarios ocupacionales y los precios sectoriales. Para evaluar el papel de estos componentes, completamos el modelo suponiendo que los hogares eligen su consumo por sector y que las personas eligen su ocupación de manera óptima. Después realizamos experimentos contrafactuales en los que anulamos distintos componentes del crecimiento de la productividad.
Observamos que, para la evolución de los precios sectoriales, son importantes tanto las diferencias de crecimiento de la productividad entre ocupaciones como entre sectores. En cuanto al empleo y los salarios, constatamos que, aunque los componentes sectorial y ocupacional implican cambios cualitativamente similares a los observados en los datos, el sesgo sectorial es insuficiente desde el punto de vista cuantitativo y, con mucho, la mayor parte se explica por las diferencias ocupacionales en el cambio tecnológico.
Dirigir las políticas a los trabajadores, no a los empleos
Nuestro análisis es un primer paso para evaluar las políticas en mercados laborales que cambian rápidamente. Últimamente, gran parte del debate político se ha centrado en las políticas activas del mercado laboral (como los programas de formación) y en políticas proteccionistas destinadas a mantener el empleo en determinadas industrias. Nuestro modelo no incluye fricciones ni externalidades que puedan justificar estas políticas, pero nuestros resultados arrojan luz sobre la importancia de la tecnología en la economía y atribuyen un papel destacado a los cambios específicos de las ocupaciones. Estos hallazgos implican que, para mejorar los resultados del mercado laboral, las políticas dirigidas a las decisiones ocupacionales de los trabajadores podrían ser más eficaces que las políticas industriales.



