Los acontecimientos geoeconómicos están demostrando el poder de las alianzas mundiales, pero también las limitaciones de los sistemas actuales. Como Japón asume por primera vez este año la presidencia del G20, la comunidad internacional tiene la oportunidad de reafirmar su compromiso con un enfoque cooperativo hacia el crecimiento económico y de actualizar nuestro sistema comercial para que sea más resiliente y responda mejor a las nuevas tecnologías.
Para Japón, 2018 fue un periodo productivo en cuanto al fortalecimiento del comercio mundial: la Unión Europea y Japón firmaron el Acuerdo de Asociación Económica el pasado verano, y el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífica, que reúne a once países, entró en vigor a finales del año pasado. En conjunto, se espera que estos acuerdos expected añadan un total de 750.000 nuevos empleos y 13 billones de yenes al año a la economía japonesa.
En efecto, estas proyecciones concuerdan con los amplios beneficios que hemos observado de la globalización durante el último cuarto de siglo. Desde 1990, el PIB mundial en términos reales se ha duplicado y la proporción de la población que vive en pobreza extrema ha pasado del 36 % al 10 %, según el Banco Mundial. Un factor clave de este avance ha sido el comercio.
Sin embargo, en octubre de 2018, el Fondo Monetario Internacional redujo su previsión de crecimiento económico mundial para 2018-2019, la primera rebaja desde julio de 2016, debido, entre otros factores, a la tensión en las relaciones comerciales. Después, en enero, el FMI volvió a rebajar sus proyecciones, señalando de nuevo las tensiones comerciales como una de las causas. Esto confirma que nuestro sistema presenta fragilidades y que las guerras comerciales entre grandes economías son más un problema que una solución.
Lograr un crecimiento sólido y sostenido, tanto a nivel nacional como mundial, solo puede lograrse mediante políticas cooperativas y beneficiosas para todas las partes. Las medidas proteccionistas, si bien responden al descontento con el estado actual del sistema económico mundial, acaban perjudicando no solo a la economía en general, sino también a los ciudadanos a quienes pretenden beneficiar. Dado que las cadenas de suministro modernas abarcan varios países, los aranceles punitivos destinados a ayudar a las empresas nacionales a menudo solo logran aumentar el coste de hacer negocios.
Sin embargo, la importancia general del comercio no significa que debamos seguir como hasta ahora. Si bien la globalización ha erradicado la pobreza en un grado histórico, hemos observado un aumento de la desigualdad en muchos países. Lo que se necesita es repensar la globalización para que haya más equidad y más solidaridad. Un sistema más inclusivo será más sostenible y resiliente, y alimentará un crecimiento continuo que nos permita afrontar la próxima crisis económica.
Al mismo tiempo, nuestro sistema mundial también debe tener en cuenta que la economía global está cambiando rápidamente como consecuencia de la digitalización. Algunas proyecciones prevén que la conectividad digital genere un aumento neto de 19 billones de dólares en valor económico mundial para 2025; por ello, necesitamos medidas que aceleren los beneficios para la sociedad y reduzcan al mínimo los riesgos derivados del comercio digital y los flujos de datos.
Tanto Japón como el Foro Económico Mundial trabajan para contribuir a desbloquear las posibilidades de una economía mundial basada en la innovación. Por ello, Japón celebrará una Reunión Ministerial sobre Comercio y Economía Digital en los días previos a la cumbre del G20 de la primavera. También por ello, el Foro Económico Mundial puso en marcha una iniciativa conjunta con la Organización Mundial del Comercio y la Plataforma Electrónica de Comercio Mundial, diseñada para impulsar el diálogo público-privado sobre el comercio electrónico, y el Foro lidera un Proyecto de Comercio Digital para apoyar el desarrollo de protocolos de datos.
Este año será una oportunidad para que el Foro, Japón y toda la comunidad internacional sigan trabajando para fortalecer nuestro sistema mundial, de modo que pueda adaptarse mejor a las nuevas fuerzas de la innovación y sea más inclusivo. Un ingrediente clave para el éxito será que los líderes emprendan una acción cooperativa significativa, una acción que abra oportunidades a las partes interesadas en toda la sociedad. De este modo, veremos una economía mundial que crece con más fuerza y resiliencia a medida que los frutos de la cooperación se comparten ampliamente.
Una versión de este artículo, publicada originalmente en japonés en «Diplomacia económica de Japón 2019», publicación de la Oficina Económica del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón.



