Apoyar a las personas con salarios bajos es una de las claves para promover un crecimiento inclusivo, y los salarios mínimos son una forma habitual, aunque a veces controvertida, de hacerlo.
De los 34 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), 26 tienen un salario mínimo; 9 de ellos lo introdujeron desde 1990.
Pero las tasas varían considerablemente, como muestra este gráfico, que presenta los valores en dólares estadounidenses por hora después de impuestos y ajustados por paridad del poder adquisitivo (lo que tiene en cuenta las anomalías de los tipos de cambio).
Las cifras —extraídas de un reciente informe de la OCDE — muestran que Australia y Luxemburgo encabezan la lista, con salarios mínimos de más de 9 dólares por hora, mientras que Letonia y México quedan rezagados, con menos de 2 dólares por hora.
Sin embargo, la clasificación sería muy distinta si se comparara el salario mínimo de cada país con su salario mediano. En ese caso, Turquía ocuparía el primer puesto, con un salario mínimo apenas inferior al 70 % del salario mediano. Estados Unidos estaría cerca del final, con apenas un 37 %, ligeramente por delante de México y la República Checa.
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Autor: Paul Muggeridge es director de Contenidos en Formative Content.
Imagen: Trabajadores en una línea de montaje en Winnsboro, Carolina del Sur. REUTERS/Chris Keane


