Estos desafíos marcarán la economía mundial durante años

A 100,000 Indonesian rupiah note is seen through a magnifying glass among other Southeast Asian currency note in this photo illustration taken in Singapore March 14, 2013. Singapore's foreign exchange market has come under pressure for change since regulators, spurred by a global scandal over bankers rigging key lending rates, ordered reviews last autumn into various rates set by the city-state's banking association. The probes uncovered attempts by traders to manipulate Singapore's rate fixings for certain currencies, fuelling the ire of central bankers in Malaysia and Indonesia who for years have held concerns about the impact of offshore speculation on their own spot currency markets. REUTERS/Edgar Su (SINGAPORE - Tags: BUSINESS) - GM1E93F0EW301
Growth is slowing worldwide.Image: REUTERS/Edgar Su
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Ante una desaceleración mundial cada vez más sincronizada, los responsables políticos deben aplicar una combinación prudente de medidas monetarias y fiscales y volver a comprometerse con reformas más amplias de los mercados de productos, laborales y financieros. La forma en que respondan a estos desafíos marcará el rumbo de la economía mundial durante los próximos años.

El retumbar de las advertencias sobre una recesión mundial inminente es cada vez más fuerte. Según los últimos datos de Brookings-Financial Times TIGER, que siguen la recuperación económica mundial, el impulso del crecimiento está disminuyendo en prácticamente todas las grandes economías del mundo. Y lo que esto anticipa a más largo plazo es ominoso, sobre todo dadas las limitadas opciones de política macroeconómica para estimular el crecimiento.

La desaceleración actual se debe principalmente a la débil confianza de las empresas y los consumidores, a las incertidumbres geopolíticas y a las tensiones comerciales. Estos factores han frenado la inversión empresarial y también podrían perjudicar las perspectivas de crecimiento futuro. Si la caída persiste, los niveles actuales elevados de deuda pública y los bajos tipos de interés limitarán la capacidad de los responsables políticos de las grandes economías avanzadas para proporcionar estímulos fiscales o monetarios significativos. Otras medidas de política monetaria menos convencionales, por su parte, conllevarían riesgos importantes y resultados inciertos.

En Estados Unidos, la expansión económica se ha moderado a medida que se desvanecen los efectos del estímulo fiscal y se debilitan el empleo y las ventas minoristas. Los indicadores prospectivos de confianza empresarial y de los consumidores, así como una curva de rendimientos que sigue siendo relativamente plana a pesar de la probabilidad de mayores déficits presupuestarios, sugieren más problemas por delante. Con las presiones salariales e inflacionarias todavía moderadas, la Reserva Federal ha suspendido sus planes de endurecimiento de tipos. Ahora se habla de posibles recortes de tipos y de detener la reducción del balance de la Fed.

El crecimiento también se deteriora en Europa. La principal locomotora, Alemania, está perdiendo claramente impulso, y están surgiendo debilidades en las economías centrales y periféricas de la eurozona. El sentimiento empresarial y de los consumidores parece haberse deteriorado en todos los ámbitos, lo que podría mantener bajo el crecimiento.

Mientras tanto, las incertidumbres vinculadas al Brexit están llegando a un punto crítico en el Reino Unido, que cuenta con mercados de renta variable débiles y un crecimiento del crédito estancado. Pero, a pesar de la contracción de la inversión empresarial, la economía real hasta ahora ha resistido mejor de lo esperado. En Japón, las condiciones financieras se están debilitando, persisten los riesgos deflacionistas y las tensiones comerciales globales amenazan con descarrilar las exportaciones y el crecimiento.

El crecimiento del PIB de China parece haberse mantenido bien, pero otros indicadores como las ventas minoristas, la inversión en activos fijos y la producción industrial pintan un panorama menos optimista. Las exportaciones y las importaciones son ambas inferiores a las de hace un año, lo que refleja la débil demanda global y el rezago del crecimiento interno. Los esfuerzos del gobierno por mitigar esta trayectoria de debilitamiento del crecimiento han producido algunas mejoras en indicadores prospectivos como el índice de directores de compras. Y, con el crédito bancario fluyendo de nuevo con más libertad, hay señales de que la inversión empieza a repuntar. Pero la continua asignación indebida de crédito está aumentando los riesgos del sistema financiero y también pone en peligro la productividad a largo plazo y el crecimiento de la producción, especialmente dada la desfavorable demografía de China.

La India sigue creciendo con solidez, favorecida por un modesto estímulo fiscal ante las inminentes elecciones nacionales, así como por los recortes de tipos de interés del Banco de la Reserva de la India, más recientemente el 4 de abril. Además, la perspectiva de que los tipos de interés bajos de Estados Unidos se mantengan y los precios bajos del petróleo han aliviado las presiones a corto plazo sobre la inflación, el presupuesto y el déficit por cuenta corriente. Pero la lenta inversión privada y una fuerte contracción de los volúmenes comerciales apuntan a problemas por venir.

Cualquier alivio que las economías de mercados emergentes como Indonesia puedan experimentar gracias a una política más acomodaticia de la Fed ha sido superado por el menor crecimiento chino, que ha perjudicado las exportaciones. Brasil, en cambio, muestra signos de resiliencia en sus volúmenes comerciales y en sus mercados laborales.

Brasil, México y Rusia podrían crecer cada uno alrededor de un 2 % en 2019, pero todos son muy vulnerables a posibles shocks en la demanda global y en los precios de las materias primas. Turquía, por su parte, ha entrado en recesión, impulsada por una caída en picado de la producción industrial y un sentimiento de los consumidores desalentador.

El menor crecimiento del comercio internacional podría agravar los males económicos inmediatos del mundo, dificultando aún más la recuperación del crecimiento general. La incertidumbre causada por las tensiones comerciales también podría tener un impacto adverso a largo plazo, al socavar la confianza empresarial y deprimir la inversión privada. Esto, a su vez, perjudicará el crecimiento de la productividad, que ha sido débil durante la recuperación tras la crisis financiera mundial de 2008 y que será aún más crucial para mantener el crecimiento del PIB a medida que envejecen las poblaciones.

Ante una desaceleración mundial cada vez más sincronizada, los responsables políticos deben combinar una prudente mezcla de medidas monetarias y fiscales para sostener el crecimiento. Al mismo tiempo, deben volver a comprometerse con reformas más amplias de los mercados de productos, laborales y financieros, una tarea enorme e inacabada. La forma en que respondan a este desafío marcará el rumbo de la economía mundial durante los próximos años.

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