El aumento de la prosperidad económica de los países en desarrollo está relacionado no solo con el crecimiento del comercio, sino también —y, más importante aún— con la transformación de la composición tradicional de lo que producen y exportan. Hoy, muchos países en desarrollo buscan diversificarse y dejar de exportar productos básicos para pasar a ofrecer bienes y servicios con mayor valor añadido.
La evolución de los flujos comerciales y de inversión durante las últimas tres décadas demuestra que la inversión extranjera directa (IED) puede impulsar las exportaciones, crear nuevos empleos bien remunerados y ser una fuente crucial de financiación. Más importante aún, la IED puede convertirse en un motor muy rápido y eficaz para promover la transferencia de tecnología, conocimientos especializados y nuevas prácticas empresariales, lo que contribuye a elevar la productividad y encamina al país hacia la convergencia. Esto ocurre especialmente en el caso de la IED orientada a la eficiencia; es decir, la IED que sitúa procesos productivos en un país con el objetivo de mejorar su capacidad para competir en los mercados internacionales.
Los beneficios de la IED aumentan aún más cuando las empresas locales pueden aprovechar la presencia de inversores extranjeros para conectarse a cadenas de valor mundiales y regionales (CVM). Cuando nuevas empresas internacionales invierten en un país anfitrión, surgen grandes oportunidades para que las empresas locales suministren los insumos —bienes o servicios— que necesitan sus homólogas internacionales.
Esta ha sido la experiencia de Bangladesh, donde los proveedores locales han crecido al mismo tiempo que los inversores extranjeros en el sector de la confección. Gracias a los vínculos con inversores internacionales, las empresas locales pueden ir incorporándose a la producción de nuevos bienes y servicios que hasta entonces no se producían en el país anfitrión. Así se generan la diversificación económica y un mayor valor añadido.
Las empresas multinacionales (EMN) y sus socios principales (proveedores de nivel 1) suelen estar interesadas en abastecerse localmente si encuentran un proveedor local competitivo. Sin embargo, también son reacias a asumir los elevados costos de búsqueda y, por lo general, no invierten en ayudar a los proveedores locales a mejorar. Del mismo modo, las empresas locales suelen estar interesadas en suministrar a empresas extranjeras, pero a menudo no están preparadas para realizar las inversiones necesarias en tecnología y procesos que les permitan cumplir estrictos estándares de calidad, si no tienen una perspectiva clara del posible rendimiento de esa inversión.
Por ello, las políticas gubernamentales pueden contribuir a reducir los riesgos de este proceso tanto para las EMN como para los proveedores nacionales, por ejemplo, subsanando las deficiencias de información y coordinando programas específicos de desarrollo de proveedores para cerrar la brecha en materia de estándares.
Pero no cualquier política, por bien intencionada que sea, dará resultado. Hay una salvedad: como las empresas extranjeras que invierten en el exterior compiten en los mercados internacionales y su supervivencia depende de alcanzar niveles de eficiencia y productividad de talla mundial, necesitan abastecerse de proveedores igualmente competitivos. Este es el punto clave de una política eficaz de vinculación: en lugar de obligar a las empresas extranjeras a rebajar sus estándares, los gobiernos deben encontrar formas de apoyar a los productores nacionales —que quizá hasta entonces solo habían atendido los mercados locales— para que mejoren sus estándares y prácticas de producción y puedan suministrar los bienes y servicios competitivos a escala internacional que requieren las empresas extranjeras.
Es evidente que convertir a las empresas locales en competidores de talla mundial no es una tarea fácil. Como en la vida real, llegar a ser un competidor de talla mundial exige recursos, talento, conocimientos especializados, esfuerzo y la formación adecuada para rendir. Al igual que no hay una vía rápida para convertirse en un competidor de talla mundial en ningún ámbito, tampoco hay atajos para que las empresas nacionales se conviertan en proveedores de talla mundial. En ocasiones, los gobiernos han intentado imponer atajos mediante leyes y reglamentos, estableciendo requisitos obligatorios de desempeño para obligar a los líderes mundiales a abastecerse localmente, aunque los proveedores del país anfitrión no puedan ofrecer la cantidad, la calidad o el precio necesarios.
Es posible que estas políticas se hayan tolerado en inversiones orientadas a los recursos naturales o al mercado, en las que el acceso a los recursos naturales o a los mercados nacionales —en vez de la competencia en los mercados internacionales— era la principal motivación de las decisiones de ubicación de los inversores. Sin embargo, en la era de las CVM, en la que las empresas internacionales deben competir a escala mundial, imponer mediante leyes y reglamentos políticas obligatorias de contenido local no funciona a largo plazo. En última instancia, estas políticas no solo impiden que se establezcan vínculos, sino que también pueden ser contraproducentes: pueden ahuyentar la inversión ancla e impedir que se instale en el país, o propiciar prácticas corruptas para aparentar, sobre el papel, que se cumplen los requisitos obligatorios.
Cabe preguntarse qué pueden hacer los gobiernos para fomentar eficazmente los vínculos entre los inversores internacionales y nacionales. Una estrategia eficaz de vinculación de la IED debe armonizar las necesidades y capacidades de las empresas extranjeras y locales con las reformas de políticas y las iniciativas gubernamentales adecuadas. Sin embargo, es fundamental que toda intervención de este tipo aborde las limitaciones existentes y no interfiera en la actividad empresarial.
Es evidente que los distintos contextos nacionales y de inversión requieren combinaciones de políticas diferentes. Como muestran investigaciones recientes, países emergentes del sudeste asiático como Tailandia o Malasia, que han tenido bastante éxito a la hora de atraer IED, necesitan renovar su enfoque de políticas para mejorar las competencias, el valor añadido y la innovación de productos a fin de maximizar los beneficios de la IED mediante los vínculos. También necesitan crear una economía local más competitiva, que pueda convertirse en un motor para atraer inversiones adicionales. Las necesidades de otros países pueden ser distintas.
Para maximizar el éxito de las estrategias impulsadas por el mercado que buscan acelerar la creación de vínculos locales y el valor añadido nacional (VAN), deben tenerse en cuenta los siguientes elementos:
- Los programas deben procurar ampliar la presencia de las EMN y aumentar el valor añadido nacional en el país; es decir, aumentar la «permanencia» de la IED mediante un arraigo más firme del inversor extranjero, sobre la base de un conocimiento profundo de la estrategia de abastecimiento de las EMN y de la estructura de las CVM.
- El apoyo debe centrarse en las empresas locales que ya sean más competitivas en ámbitos específicos pertinentes para las necesidades de abastecimiento de los inversores extranjeros. El tamaño o la nacionalidad de las empresas no deben determinar las intervenciones.
- Los inversores extranjeros serán partes interesadas clave en las intervenciones de vinculación, y orientarán el diseño y la ejecución de los programas, además de aportar el impulso necesario desde el mercado.
- La ejecución de las intervenciones de vinculación se centraría principalmente en los sectores de bienes y servicios comercializables. Las características del país y las consideraciones de economía política relacionadas, por ejemplo, con las industrias extractivas podrían justificar en ocasiones programas de vinculación que también incluyan sectores no comercializables.
- El apoyo debe ir más allá de los programas de búsqueda de socios y abordar las limitaciones que afrontan las empresas locales para conectarse con empresas extranjeras. Se trata, sobre todo, de ayudar a las empresas locales a obtener la «certificación de proveedor cualificado» de empresas extranjeras mediante intervenciones específicas de desarrollo de capacidades y mejora, orientadas a cumplir los estándares básicos de las EMN y los requisitos de certificación.
- Por lo general, varias agencias gubernamentales deberán colaborar en el diseño y la ejecución de una estrategia y un programa de vinculación. Una división clara de funciones y responsabilidades, y una agencia gubernamental sólida que dirija la coordinación y la ejecución generales, son clave para que estos programas funcionen.
Los programas de vinculación pueden tener múltiples objetivos, entre ellos la creación de empleo, el aumento de la productividad y el valor añadido nacional. En cuanto a la cuestión más filosófica de cuánto VAN es «bueno», hay que procurar no oponerse a las fuerzas del mercado al intentar aumentar el VAN y la presencia de las EMN en un país mediante objetivos numéricos. Esto significa que la prioridad debe ser promover el VAN sobre una base competitiva —a través de las EMN y sus proveedores de nivel 1 que ya están en el país—, reconociendo al mismo tiempo que las estrategias de abastecimiento de las EMN y la forma en que se organizan algunas de estas CVM implican que ciertos insumos siempre serán importados, y que debe fomentarse el comercio transfronterizo eficiente para que los países ofrezcan una plataforma atractiva a las EMN y participen eficazmente en las redes internacionales de producción.



