Estos son los cinco principales desafíos de las organizaciones internacionales

People are reflected on an electronic board displaying a graph showing the movement of Nikkei share average outside a brokerage in Tokyo November 7, 2012. Japan's Nikkei share average edged down on Wednesday despite gains in U.S. stocks as earlier short-covering ran its course while investors awaited the outcome of the U.S. presidential election. REUTERS/Toru Hanai (JAPAN - Tags: BUSINESS POLITICS)
A look at the five major challenges we have in accommodating for the ever growing population.Image: REUTERS/Toru Hanai
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El sistema económico mundial ha atravesado muchas dificultades en los últimos años: desde la crisis financiera hasta la desigualdad de ingresos, las presiones migratorias, los cambios tecnológicos y los desplazamientos geográficos de la producción, por mencionar algunos. En este artículo de opinión, Kalin Anev Janse, secretario general y miembro del consejo de administración del Mecanismo Europeo de Estabilidad (el prestamista de último recurso de la eurozona), analiza cinco grandes desafíos y explica por qué las organizaciones internacionales ofrecen la mejor esperanza para gestionarlos.

Hace un año, nos sacudieron cambios geopolíticos con efectos en cadena imprevisibles. La situación no parece más estable hoy. El voto a favor del Brexit y el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos anuncian cambios drásticos en la cooperación mundial y un impulso al proteccionismo. En la práctica, estas votaciones pusieron en tela de juicio las instituciones multilaterales y la colaboración internacional entre países que encarnan esa cooperación. En otoño de 2017, reunimos a un grupo de altos cargos de las 13 organizaciones internacionales más grandes para intentar resolver estos problemas.

¿Qué ocurrió?

Hace exactamente 10 años, en 2007, aparecieron los primeros indicios de la Gran Recesión. Para 2008, la crisis de las hipotecas de alto riesgo liderada por Estados Unidos se había convertido en una crisis financiera mundial. Para 2010, Europa se había visto envuelta en su propia crisis, que sumió a los mercados financieros en la agitación y llevó a varios Estados soberanos a una espiral descendente de crisis de deuda y bancaria.

Pese a la recuperación que sigue en curso y al repunte económico exitoso tanto en Norteamérica como en Europa, en 2016 se hicieron evidentes tendencias preocupantes. Algunos actores importantes mostraron un menor compromiso con la cooperación multilateral, criticaron el comercio abierto y libre y perdieron interés en el cambio climático. Este nuevo panorama aumentó la incertidumbre y amenaza unos fundamentos macroeconómicos y financieros más sólidos. También tensa las relaciones entre los principales actores internacionales, así como entre los ciudadanos dentro de cada país. En países como Estados Unidos y el Reino Unido, dividió abruptamente a las sociedades en dos y amenazó con revertir siete décadas de cooperación internacional.

Todos estos factores también están presionando a las organizaciones internacionales. Cada vez se les pide más que redefinan su función para garantizar que sus programas y actividades sigan siendo pertinentes en este panorama político y macroeconómico cambiante. También se les exige que demuestren cómo mejoran la vida de los ciudadanos. Al mismo tiempo, deben mantener estructuras ligeras para reducir al mínimo la carga para los contribuyentes y aumentar la eficiencia y la eficacia de sus actividades. Entonces, ¿qué ha cambiado?

Cinco grandes cambios que sacudieron nuestro mundo

A escala mundial, hay cinco cambios de tendencia que, por su naturaleza, requieren cooperación internacional, pero que se han subestimado, infravalorado y abordado de manera insuficiente tanto a nivel nacional como internacional. Sus resultados sacudieron nuestro mundo con una fuerza imprevisible.

1. El aumento de la desigualdad de ingresos

Desde hace mucho tiempo, las personas tienden a compararse con sus vecinos, especialmente en lo que respecta a la riqueza. Nos preocupa menos nuestro nivel absoluto de riqueza y nos fijamos más en lo que tenemos y poseemos en términos relativos, en comparación con quienes nos rodean. La riqueza privada mundial alcanzó la cifra récord de 166,5 billones de dólares en 2016, un aumento del 5,3% respecto al año anterior, según un informe de Boston Consulting Group (BCG).1 En 2015, el aumento fue del 4,4%. El rápido incremento se debió principalmente a un mayor crecimiento económico y al comportamiento de los precios de las acciones.

Pero este crecimiento no se distribuye por igual. Es probable que la riqueza privada de Asia-Pacífico supere a la de Europa occidental ya a finales de este año, según el análisis de BCG. Esto podría suponer un impacto económico para muchos ciudadanos de las tradicionales potencias occidentales. Es necesario observar y gestionar con cuidado estos cambios, ya que alteran el equilibrio del poder económico y político. El geógrafo y político británico sir Halford Mackinder solía decir: «El crecimiento desigual entre naciones tiende a producir una guerra mundial hegemónica cada 100 años». Solo podemos esperar que se equivocara.

«Ahora mismo, solo ocho hombres poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas en todo el mundo, más de la mitad de la humanidad…»

La desigualdad no deja de empeorar. En 2015 se alcanzó un punto de inflexión: el 1% más rico del mundo poseía tanto como el resto de la humanidad. Esta tendencia ha continuado y se ha acelerado aún más. Según un informe de Oxfam de enero de 2017, solo ocho hombres poseen ahora la misma riqueza que 3.600 millones de personas en todo el mundo, más de la mitad de la humanidad. La desigualdad de ingresos va en aumento, mientras los más ricos siguen acumulando riqueza, a menudo a costa de los más pobres.

Richard Reeves señala en su libro Acaparadores de sueños, que no deberíamos preocuparnos solo por el 1% o el 0,01% más rico. Más importante aún, en algunos países, como Estados Unidos, se está ampliando la brecha social entre la clase media alta y el resto. (Reeves define la clase media alta como las personas cuyos ingresos se encuentran en el 20% más alto de la sociedad estadounidense). Estas disparidades crecientes se reflejan en la estructura familiar, los vecindarios, las actitudes y el estilo de vida. Quienes más ganan están logrando transmitir su posición a sus hijos con mayor eficacia, lo que reduce la movilidad social general y aumenta las divisiones sociales, tanto por clase como por ingresos.

Y todo esto tiene un giro interesante: la paradoja de la desigualdad. A pesar de los avances en la reducción de la pobreza mundial y de la desigualdad entre países desde la década de 1980, la desigualdad de ingresos dentro de los países ha ido en aumento. Hoy en día, casi un tercio de la desigualdad mundial se debe a la desigualdad dentro de cada país (figura 1), lo que deja claro por qué tantos votantes del mundo occidental se sienten como se sienten.

Image: knowledge@wharton

2. La tecnología transforma el empleo

¿Hasta qué punto alterarán los mercados laborales los efectos de la globalización y los avances tecnológicos? Esa es una pregunta clave hoy. En las últimas tres décadas, los empleos de sectores intensivos en mano de obra de las economías avanzadas se han trasladado a mercados emergentes. En otros casos, las nuevas tecnologías han vuelto obsoletas ciertas ocupaciones. El año pasado, la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) publicó un informe de políticas que afirmaba que los robots podrían eliminar dos tercios de los empleos en los países en desarrollo.

Ya vemos algunos de estos cambios. Las cinco mayores empresas mundiales de hoy son Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook. Emplean a unas 720.000 personas. Hace una década, las cinco grandes eran completamente distintas: Petrochina, Exxon Mobile, General Electric, China Mobile y Bank of China. Empleaban a alrededor de 1,3 millones de personas. ¡Lo que puede cambiar en una década! Hoy, las cinco mayores empresas son todas tecnológicas. Su capitalización bursátil es un 30% superior a la de las cinco principales de hace una década, y lo consiguen con un 44% menos de personal (figura 2). Esto tiene un gran impacto en los mercados laborales y el empleo.

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¿Esto cambia las preferencias laborales? Sí, y la mejor manera de evaluarlo es observar a los dos grupos más dinámicos de personas que buscan (o buscarán) empleo: los millennials y los adolescentes de hoy. Sienten que reciben mensajes contradictorios de empleadores y asesores profesionales: por un lado, les dicen que los robots acabarán sustituyendo los empleos del futuro; por otro, necesitan competencias técnicas para competir en el mercado laboral.

Ante este dilema, intentan crear nuevos tipos de empleo en vez de optar por los tradicionales, como los de banca, finanzas o contabilidad. Sueñan con convertirse en estrellas de YouTube, famosos videoblogueros de videojuegos o blogueros de viajes en Instagram, pagados por patrocinadores para visitar hoteles y restaurantes de todo el mundo y conseguir suficientes «me gusta». Incluso en profesiones que los jóvenes con buena formación ignoraron durante muchas décadas están surgiendo nuevas empresas creativas. Se han revitalizado antiguos oficios, desde panaderos de productos ecológicos hasta vinicultores rurales con estilo y carniceros hipsters.

«El 45% de la población mundial en edad de trabajar está infrautilizada: desempleada o subempleada».

Me preocupa menos la imaginativa generación joven; encontrará su camino. Los problemas podrían surgir entre los trabajadores de mediana edad o mayores, con cualificaciones medias o bajas. Una estimación reciente de McKinsey indica que el 45% de la población mundial en edad de trabajar está infrautilizada: desempleada o subempleada. Si no se reorienta la inversión hacia sectores productivos intensivos en mano de obra y no se ofrece formación para adquirir nuevas competencias, quizá no se creen los empleos deseados, lo que alimentaría el descontento, los disturbios y el populismo.

3. El auge del proteccionismo

Los países del G20 se han vuelto más proteccionistas. El número total de medidas proteccionistas discriminatorias aplicadas por los países del G20 ha aumentado en los últimos cinco años (figura 3). El principal impulsor ha sido Estados Unidos. Según el informe de Global Trade Alert, si se excluyera a Estados Unidos, el número total de instrumentos de política proteccionista impuestos por el G20 habría sido menor en 2017 que en 2016. Estados Unidos ha aplicado más medidas proteccionistas y restrictivas del comercio que los demás integrantes de su grupo de pares; la Unión Europea, menos que todos (figura 4). Esto parece contraintuitivo en el caso de un país que se enorgullece de ser una economía abierta, pero parece que es Europa quien defiende la reducción de las barreras comerciales y la prevención de medidas proteccionistas.

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«La reciente crisis de refugiados en Siria y la consiguiente llegada de más de un millón de migrantes a Alemania en 2015-2016 supusieron un desafío formidable para la estabilidad política y social».

4. El aumento de la migración

La reciente crisis de refugiados en Siria y la consiguiente llegada de más de un millón de migrantes a Alemania en 2015-2016 supusieron un desafío formidable para la estabilidad política y social. Además de endurecer los controles en las fronteras exteriores de la UE y firmar un controvertido pacto sobre refugiados con Turquía, la UE está invirtiendo más en los países de origen de los migrantes. Los refugiados sirios huyen de una brutal guerra civil. Escapan de la violencia, como también lo hacen muchas personas de Irak y Afganistán, y en esos casos las razones humanitarias siempre deben prevalecer sobre otras consideraciones. Las guerras, el cambio climático y las desigualdades económicas y sociales más amplias son las causas fundamentales de los flujos migratorios. Aunque estos aumentos de la migración son fáciles de comprender, siguen causando problemas en los países de llegada: dificultades de integración, límites de absorción y desajustes de competencias.

Image: knowledge@wharton
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5. La creciente influencia de las redes sociales y el mundo posverdad

Las redes sociales plantean el último gran desafío para las organizaciones internacionales. Según un análisis reciente del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, el 51% de las personas con acceso a internet utiliza las redes sociales como fuente de noticias. Las redes sociales son la principal fuente de noticias para el 44% de los usuarios de teléfonos inteligentes en Estados Unidos y el 38% en el Reino Unido (figura 7). Junto con la proliferación de las llamadas noticias falsas, que cobraron gran protagonismo en las elecciones estadounidenses del año pasado, y la tendencia de las redes sociales a favorecer mensajes cada vez más breves y llamativos, no sorprende que muchos observadores digan que vivimos en un mundo posverdad.

«En las elecciones estadounidenses de noviembre de 2016… las principales noticias falsas electorales generaron más interacción total en Facebook que las principales noticias electorales de los 19 grandes medios de comunicación juntos».

Un análisis reciente de BuzzFeed sobre el tráfico en redes sociales en vísperas de las elecciones estadounidenses de noviembre de 2016 reveló que las principales noticias falsas electorales generaron más interacción total en Facebook que las principales noticias electorales de los 19 grandes medios de comunicación juntos (figura 8). Estas tendencias plantean pruebas serias en muchos frentes, entre ellos la lucha contra el terrorismo y la garantía del funcionamiento adecuado de las instituciones democráticas. El miedo, la ira y la desesperación reclutan a personas para el terrorismo. También crean un clima social más polarizado y propician el auge del extremismo, como nos recordaron recientemente los trágicos sucesos de Charlottesville, en Estados Unidos, o alrededor de media docena de atentados terroristas con vehículos en Europa este año.

Image: knowledge@wharton
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¿Está llegando a su fin la colaboración internacional pacífica?

Pese a estos enormes desafíos, también hay motivos para el optimismo. En Europa, los líderes políticos han recuperado la confianza en mantenerse unidos para afrontar las realidades mundiales y sociales. Al menos dos factores han sido cruciales para recuperar la confianza en el proyecto europeo. En primer lugar, la UE está dando resultados económicos. La eurozona y la UE en su conjunto registraron recientemente sus mayores niveles de empleo de la historia. La inversión ha aumentado y se prevé que este año el crecimiento esté a la par del de Estados Unidos, o incluso lo supere.

En segundo lugar, pese al auge del populismo, los ciudadanos europeos han defendido con convicción la democracia, las fronteras abiertas, las reformas económicas y una mayor integración europea. Los resultados de las elecciones de Países Bajos y Francia dieron testimonio de esta tendencia positiva en las sociedades europeas. A pesar de los recientes avances electorales de un partido de extrema derecha en Alemania, el resultado volvió a ser claramente proeuropeo. Hoy el continente parece estar en mejor forma que hace un año, tras el Brexit.

A mi juicio, Europa puede ofrecer lecciones de integración regional pertinentes para otras partes del mundo. Entre otras instituciones, la mía —el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)— es fruto de la cooperación europea en respuesta a la crisis financiera y económica. Como el mayor y más activo mecanismo regional de financiación, el MEDE trabaja estrechamente con sus homólogos de otras regiones del mundo.

Más allá de Europa, el continuo crecimiento de las economías asiáticas y latinoamericanas ofrece nuevas oportunidades para reforzar la cooperación internacional en muchos de los ámbitos que he mencionado, como las finanzas, la infraestructura, la energía, la educación, el cambio climático y otros.

Entonces, ¿qué significa todo esto para las organizaciones internacionales públicas? Estas organizaciones actúan como agentes de sus accionistas (es decir, los Estados miembros) y deben ayudar a afrontar desafíos difíciles. Algunas organizaciones internacionales, como la mía, que captan fondos en los mercados de capitales para sus operaciones, también deben estar atentas a las inquietudes de sus inversores. En general, las organizaciones internacionales también cuentan con poder blando, derivado de sus fondos y de su capacidad de persuasión moral, basada en una amplia experiencia y en los valores y normas que respetan y promueven. Evidentemente, las organizaciones internacionales también necesitan un amplio respaldo del público en general, sobre todo en tiempos de cambio e incertidumbre. Todo esto debe hacerse manteniendo estructuras organizativas ligeras para que los costos para los contribuyentes sean bajos.

En nuestra sesión de otoño de 2017 del grupo de altos cargos de organizaciones internacionales, nos propusimos encontrar maneras modernas de explicar mejor lo que hacemos y lo que podemos ofrecer para afrontar estos desafíos. Entre otras cosas, hablamos de utilizar más las redes sociales y de empoderar a nuestro personal talentoso y trabajador para que comparta sus historias personales, pues estas son la mejor manera de demostrar el enorme impacto de su trabajo.

«Las instituciones multilaterales y las organizaciones internacionales han demostrado ser la forma más eficaz de resolver problemas mundiales complejos de manera pacífica y constructiva».

También debemos hacer que nuestras instituciones sean menos burocráticas y verdaderamente «ágiles, limpias y ecológicas», no solo porque así son más eficientes, sino también porque puede ayudarnos a atraer más talento de la generación millennial. Por último, debemos esforzarnos aún más por cooperar mejor entre nosotros y garantizar que las misiones y actividades de nuestras instituciones tengan un impacto, porque nada demuestra mejor el valor del multilateralismo que las organizaciones internacionales que ofrecen soluciones eficaces y sostenibles a los desafíos mundiales más urgentes.

Pero, al final, solo hay una pregunta que importa: ¿hay alguna otra manera de hacer funcionar nuestro mundo, con más de 7.000 millones de personas? En esta etapa, no: las instituciones multilaterales y las organizaciones internacionales han demostrado ser la forma más eficaz de resolver problemas mundiales complejos de manera pacífica y constructiva. Cualquier otra alternativa implica mucha más violencia, agresión y aislamiento. Si miramos el mundo con los ojos de nuestros hijos, es mucho más sensato colaborar y trabajar juntos que luchar (digitalmente) con nuestros vecinos de todo el mundo, estén cerca o lejos.

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