Robert Shiller, profesor de Economía en la Universidad de Yale, es coautor, junto con George Akerlof, de Animal Spirits: Cómo la psicología humana impulsa la economía y por qué importa para el capitalismo global.
NEW HAVEN – Las recientes señales de debilitamiento de la economía mundial han llevado a muchas personas a preguntarse hasta qué punto será generalizado el mal desempeño económico en los próximos años. ¿Nos enfrentamos a una larga recesión mundial o, quizá, incluso a una depresión?
Un problema fundamental de la previsión actual es que las causas últimas de la desaceleración son, en realidad, psicológicas y sociológicas, y están relacionadas con la confianza fluctuante y con los cambiantes “espíritus animales”, sobre los que George Akerlof y yo hemos escrito. Sostenemos que tales cambios reflejan relatos cambiantes, epidemias de nuevas narrativas y visiones del mundo asociadas, que son difíciles de cuantificar.
De hecho, la mayoría de los economistas profesionales no parecen demasiado pesimistas respecto a las perspectivas de la economía mundial. Por ejemplo, el 6 de septiembre, la OCDE publicó una evaluación provisional sobre las perspectivas mundiales a corto plazo, redactada por Pier Carlo Padoan, que señala sin alarmismo “riesgos significativos” en el horizonte: el lenguaje de la propia incertidumbre.
El problema es que los modelos estadísticos que forman el conjunto de herramientas de los economistas se aplican mejor en tiempos normales, por lo que los economistas tienden de forma natural a describir la situación como normal. Si la desaceleración actual es típica de otras desaceleraciones de las últimas décadas, podemos predecir el mismo tipo de recuperación.
Por ejemplo, en un artículo presentado la primavera pasada en el Instituto Brookings de Washington, DC, James Stock, de la Universidad de Harvard, y Mark Watson, de la Universidad de Princeton, presentaron un nuevo “modelo dinámico de factores”, estimado con datos de 1959 a 2011. Tras excluir así la Gran Depresión, afirmaron que la reciente desaceleración en Estados Unidos es básicamente igual que otras desaceleraciones recientes, solo que de mayor magnitud.
Su modelo reduce las fuentes de todas las recesiones a solo seis perturbaciones —“petróleo, política monetaria, productividad, incertidumbre, riesgo de liquidez/financiero y política fiscal”— y explica la mayor parte de la caída posterior a 2007 en función de solo dos de estos factores: “incertidumbre” y “riesgo de liquidez/financiero”. Pero, aun si aceptamos esa conclusión, nos queda preguntarnos qué causó grandes perturbaciones en la “incertidumbre” y en el “riesgo de liquidez/financiero” en los últimos años, y con qué fiabilidad pueden predecirse tales perturbaciones.
Cuando se consideran las pruebas sobre las perturbaciones económicas externas del último año o dos, lo que surgen son historias cuyo significado preciso es incognoscible. Solo sabemos que la mayoría de nosotros las hemos oído muchas veces.
Entre esas historias, la más destacada es la crisis financiera europea, de la que se habla en todo el mundo. La evaluación provisional de la OCDE la calificó de “el riesgo más importante para la economía mundial”. Puede parecer improbable: ¿por qué la crisis europea habría de ser tan importante en otros lugares?
En parte, por supuesto, la razón es el auge del comercio y de los mercados financieros mundiales. Pero las conexiones entre países no se producen únicamente a través del impacto directo de los precios de mercado. Es probable que la psicología pública interactiva también desempeñe un papel.
Esto nos lleva a la importancia de las historias, y muy lejos del tipo de análisis estadístico que ejemplifican Stock y Watson. Los psicólogos han subrayado que el pensamiento humano tiene una base narrativa: las personas recuerdan —y se sienten motivadas por— historias, en especial historias de interés humano sobre personas reales. Las historias populares tienden a adquirir dimensiones morales, lo que lleva a las personas a imaginar que los malos resultados reflejan alguna clase de pérdida de firmeza moral.
La crisis europea comenzó con la historia de un colapso griego, y parece que toda la economía mundial está amenazada por acontecimientos en un país de solo 11 millones de habitantes. Pero la importancia económica de las historias no guarda una relación estrecha con su valor monetario (que solo puede medirse a posteriori, si es que puede medirse). Depende, en cambio, de su valor narrativo.
La historia de la crisis griega comenzó en 2008 con informes sobre protestas y huelgas generalizadas cuando el gobierno propuso elevar la edad de jubilación para hacer frente a un déficit de financiación de las pensiones. Los medios de comunicación internacionales empezaron a publicar informes que retrataban un sentido excesivo de derecho adquirido, con griegos saliendo a las calles para protestar, aunque el aumento era modesto (por ejemplo, las mujeres con hijos o en trabajos peligrosos podrían jubilarse con prestaciones completas a los 55 años, frente a los 50).
Esa historia podría haber despertado cierto runrún fuera de Grecia, pero apenas captó la atención internacional hasta finales de 2009, cuando el mercado de deuda griega empezó a inquietarse cada vez más y la subida de los tipos de interés causó nuevos problemas al gobierno. Esto amplificó las noticias sobre el despilfarro griego y, así, cerró un círculo de retroalimentación negativa al atraer un interés público cada vez mayor, que acabó alimentando crisis en otros países europeos. Como un vídeo de YouTube, la historia griega se volvió viral.
Se podría objetar que la mayoría de las personas fuera de Europa seguramente no seguían de cerca la crisis europea, y que las menos informadas ni siquiera han oído hablar de ella. Pero los líderes de opinión, así como los amigos y familiares de las personas menos informadas en cada país, sí la seguían, y su influencia puede crear un ambiente que hace que todos estén menos dispuestos a gastar.
La historia griega parece estar conectada, en la mente de muchas personas, con las historias de las burbujas inmobiliaria y bursátil que precedieron a la crisis actual de 2007. Estas burbujas de activos se hincharon por unos estándares de concesión de préstamos laxos y por una excesiva disposición a endeudarse, lo que se asemejaba a la disposición del gobierno griego a contraer deuda para pagar pensiones desmesuradas. Así, la gente vio la crisis griega no solo como una metáfora, sino también como una fábula moral. La consecuencia natural fue apoyar programas de austeridad gubernamentales, que solo pueden empeorar la situación.
La historia europea está con nosotros ahora, en todo el mundo, y es tan vívida que, incluso si la crisis del euro parece resolverse de manera satisfactoria, no se olvidará hasta que alguna nueva historia desvíe la atención pública. Entonces, como ahora, no podremos comprender plenamente las perspectivas económicas mundiales sin considerar la historia que ocupa la mente de la gente.
Las opiniones expresadas aquí son las del autor, no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.
Imagen: Un operador reacciona en la bolsa de Fráncfort REUTERS/ Alex Domanski



