La mayoría de los trastornos del habla y del lenguaje de la primera infancia son evidentes desde el principio. Si un niño tiene dificultades para producir sonidos o usar el lenguaje, el problema se detecta cuando comienza el desarrollo del habla. Sin embargo, la tartamudez suele empezar cuando los niños de dos y tres años comienzan a unir palabras para formar frases cortas, cuando el desarrollo del habla y del lenguaje parece estar ya muy avanzado.
Puede resultar especialmente angustiante para los padres que la tartamudez aparezca de repente. Sin motivo aparente, el niño presenta de pronto un problema del habla.
Los primeros signos de tartamudez suelen ser la repetición de palabras o partes de palabras. Pueden seguirles repeticiones y prolongaciones de sonidos, bloqueos del habla y señales de esfuerzo para hablar. A menudo se producen muecas, tics y otros movimientos corporales.
¿Qué causa la tartamudez?
Existen muchas teorías sobre por qué les ocurre esto a algunos niños. Ninguna cuenta con suficiente respaldo, por lo que la tartamudez sigue siendo uno de los misterios sin resolver del desarrollo del habla y del lenguaje.
Sin embargo, cada vez resulta más evidente, a partir de estudios de imágenes cerebrales que la tartamudez implica un problema en el procesamiento de las señales del habla procedentes del cerebro. Ese problema parece volver inestable el sistema del habla.
Sea cual sea la causa del trastorno, la genética sin duda interviene. Alrededor del 60 % de las personas que tartamudean tiene antecedentes familiares de tartamudez, aunque todavía no se comprenden del todo los detalles precisos de cómo se transmite genéticamente.
La tartamudez es común durante la primera infancia. Un estudio reciente en Melbourne hizo un seguimiento de un amplio grupo de niños durante sus primeros años de vida. Los investigadores descubrieron que el 11 % de los niños, es decir, alrededor de uno de cada nueve, empezó a tartamudear antes de cumplir cuatro años.
Se sabe que la mayoría de los niños en edad preescolar que tartamudean se recuperará sin tratamiento antes de llegar a la adolescencia. Lamentablemente, por el momento no es posible predecir qué niño se recuperará y cuál no.
La importancia de la intervención temprana
Afortunadamente, existe un tratamiento bien estudiado para los niños menores de seis años. El Programa Lidcombe es un tratamiento conductual que los padres administran bajo la supervisión de un logopeda. Los padres aprenden a medir la tartamudez de sus hijos, a elogiarlos cuando hablan sin tartamudear y, de vez en cuando, a pedirles que repitan algo sin tartamudear. Por lo general, el logopeda espera un tiempo antes de iniciar el tratamiento para comprobar si se produce una recuperación natural.
Es fundamental que los padres lleven a sus hijos a un logopeda para recibir orientación en cuanto noten que empieza la tartamudez. Esto se debe a que los resultados son mucho mejores si el tratamiento ha concluido cuando el niño empieza la escolarización formal.
Cuando los niños tienen más de seis años, la tartamudez es más difícil de tratar. En la adolescencia y la edad adulta puede convertirse en un problema de por vida. A las personas afectadas les lleva mucho más tiempo decir la misma cantidad de palabras que a sus compañeros.
La intervención temprana es importante porque las investigaciones han demostrado que los niños pueden sufrir acoso durante la etapa escolar debido a su tartamudez. Además, la tartamudez puede impedir que alcancen su potencial educativo y, más adelante, profesional.
La tartamudez causa más daño en la adolescencia y la edad adulta
La tartamudez suele provocar miedo a hablar en situaciones sociales. Durante la adolescencia y la edad adulta, ese miedo a hablar en situaciones sociales —la ansiedad social— puede ser un aspecto incapacitante de la tartamudez crónica.
Quienes acuden a clínicas del habla en busca de ayuda para la tartamudez suelen sentir ansiedad ante las interacciones cotidianas normales con otras personas, que la mayoría damos por sentadas. Hasta tal punto que, según informes, entre el 40 y el 60 % de quienes tartamudean y acuden a clínicas del habla recibe un diagnóstico de trastorno de ansiedad social, también conocido como fobia social. El trastorno de ansiedad social es un miedo constante, generalizado e incapacitante a la humillación en situaciones sociales.
Todo esto significa que el tratamiento de adolescentes y adultos que tartamudean puede ser un proceso bastante complejo. Por lo general, incluye proporcionar a la persona técnicas para hablar con mayor fluidez. Puede ser necesario tratar la ansiedad social.
Estos problemas pueden evitarse si los padres llevan a sus hijos a un logopeda poco después de que empiece la tartamudez. En los niños en edad preescolar, es mucho más fácil controlar la tartamudez que esperar hasta más adelante. Pero, sobre todo, dos informeshan concluido, a partir de estudios con niños en edad preescolar que tartamudean, que no hay indicios de los problemas de ansiedad social que pueden afectar a los adultos que tartamudean.
Controlar la tartamudez desde una edad temprana puede marcar la diferencia.
Publicado en colaboración con The Conversation
Autor: el profesor Mark Onslow es el director fundador del Australian Stuttering Research Centre, perteneciente a la Facultad de Ciencias de la Salud de The University of Sydney.
Imagen: Un profesor imparte una clase en una escuela pública de Madrid, el 28 de marzo de 2012. REUTERS.

