Un reportaje de portada reciente de The Economist (25 de abril de 2015) sobre «Los náufragos de Europa: un desastre moral y político» (requiere una suscripción) alude a un desafío mundial crítico relacionado con los migrantes y los solicitantes de asilo, mientras los países de todo el mundo atraviesan tiempos difíciles debido a la guerra, la crisis económica y el desempleo, lo que da lugar a más pobreza y privaciones. El desafío de la movilidad laboral y su futuro, que esto implica, se entiende mejor si se observa a través del prisma de los «dos objetivos» del Grupo Banco Mundial[1].
Está claro que más del 90 por ciento de quienes llegan en barco a Europa no solo proceden de África y Oriente Medio, sino que también forman parte del 40 % con menores ingresos de sus respectivos continentes. Y no solo carecen de las oportunidades mínimas de empleo e ingresos; muchos de ellos también huyen en busca de seguridad, especialmente para sus hijos. La incapacidad de los países pobres para atender las necesidades del 40 % con menores ingresos probablemente hará de los «náufragos» un fenómeno más permanente en los países europeos y occidentales.
Las estadísticas muestran que la desigualdad mundial que provoca estas migraciones se ha convertido en un problema alarmante, con implicaciones nacionales y mundiales para la paz, la estabilidad y el bienestar económico. El 10 % más rico de un puñado de países de la OCDE gana sustancialmente más que el 40 % con menores ingresos del mundo en su conjunto. Además, el crecimiento que se ha producido en África o en Oriente Medio ha pasado en gran medida de largo para la mayoría de sus pueblos, y sus beneficios han recaído principalmente en el 10 % más rico de esas regiones. Este patrón de crecimiento económico mundial y acumulación de riqueza en manos de unos pocos no es nuevo ni casual.
Hay muchos gobiernos de África y Oriente Medio que afrontan graves problemas de gobernanza, los cuales perpetúan a su vez la falta de oportunidades para el 40 % con menores ingresos. Pese a los numerosos esfuerzos, los avances en materia de gobernanza en estos países han sido, en el mejor de los casos, exiguos. Esto tiene implicaciones para la trayectoria futura de las personas que emigran de estos países en busca de mejores oportunidades y seguridad.
¿Puede hacerse realidad el «compromiso solemne de Europa y del mundo de no volver a abandonar jamás a personas inocentes a la persecución y el conflicto» únicamente mediante políticas de aceptación y reparto de refugiados? Por muy humanitarias y nobles que sean estas iniciativas, es probable que resulten insuficientes mientras no se aborden las causas profundas de la migración en los países afectados.
Si no se abordan la pobreza, la desigualdad y los problemas de gobernanza en África y Oriente Medio, el 40 % con menores ingresos seguirá convirtiéndose en náufragos en números cada vez mayores. No se trata solo de un problema europeo: es un problema mundial y potencialmente crónico. Las políticas y leyes para hacer frente a los refugiados y los migrantes ilegales no bastan. Se necesita un enfoque de desarrollo más integral que examine y aborde seriamente las causas profundas de la migración mundial. ¿Pueden la ayuda bilateral y los esfuerzos multilaterales comprometerse con estos objetivos a más largo plazo?
Esta publicación apareció primero en el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: El Sr. Sudharshan Canagarajah es asesor del Departamento de Eficacia del Desarrollo de la Región de África del Banco Mundial.
Imagen: En el puerto siciliano de Pozzallo se ven chalecos salvavidas utilizados por migrantes, dejados sobre dos restos flotantes. REUTERS Alessandro Bianchi

