El año pasado, cientos de mujeres recurrieron a las redes sociales para mostrar que «no necesitan el feminismo». Estas Mujeres contra el feminismo rechazaban públicamente un movimiento por la igualdad de género que, a su juicio, no había hecho lo suficiente para celebrar aquello que diferencia a las mujeres de los hombres.
En los acalorados debates que siguieron, muchas personas señalaron que las mujeres implicadas habían entendido completamente mal la idea de igualdad de género. Como indica la Organización de las Naciones Unidas en su definición del término: «La igualdad no significa que las mujeres y los hombres vayan a ser iguales, sino que los derechos, las responsabilidades y las oportunidades de mujeres y hombres no dependerán de si nacen varones o mujeres. La igualdad de género implica que se tengan en cuenta los intereses, las necesidades y las prioridades tanto de las mujeres como de los hombres, reconociendo la diversidad de los distintos grupos de mujeres y hombres».
Según esta definición, quienes promueven la igualdad de género no niegan que haya diferencias entre hombres y mujeres. Pero buscan crear un mundo en el que esas diferencias no determinen lo que un niño o una niña puede ser o llegar a ser. Por desgracia, aunque esta definición es acertada, el malentendido del que ya hemos hablado está muy extendido, y está perjudicando nuestras posibilidades de alcanzar una igualdad verdadera.
Replantear el debate
Quizá, entonces, deberíamos replantear la cuestión. En vez de intentar lograr la igualdad de género, deberíamos centrarnos en erradicar la dominación de género, es decir, en derrocar el sistema patriarcal —con el hombre como cabeza de familia, sostén económico y responsable de las decisiones— que ha dominado durante siglos. Para hacerlo, primero debemos entender cómo surgió.
Hay tres elementos esenciales para la supervivencia: el sexo (la reproducción), el sustento (la alimentación) y la seguridad (la longevidad). La sociedad se desarrolla de determinada manera, optimizada para la supervivencia, debido al entorno que la rodea. En promedio, los hombres son mucho más fuertes que las mujeres en cuanto a fuerza bruta. Por eso, cuando la supervivencia dependía de la agresividad (la caza, luchar contra depredadores) y del trabajo pesado (trabajar con maquinaria pesada, por ejemplo), el mundo era de los hombres. Por lo general, los hombres llevaban el sustento a casa y mantenían a salvo a la familia; así nació una sociedad patriarcal.
Pero ese viejo orden está cambiando. Como The Economist escribió en 2009: «Cuando la fuerza bruta importaba más que la inteligencia, los hombres tenían una ventaja inherente. Ahora que se ha impuesto la capacidad intelectual, los dos sexos están más igualados».
Poner el género patas arriba
Ha llegado el momento de lo que me gusta llamar un «giro de género»: está cambiando el entorno que durante tanto tiempo ha propiciado un tipo de dominación de género. ¿Qué habilidades se valorarán en este nuevo mundo? Para empezar, la economía del conocimiento dependerá de un suministro constante de trabajadores con alta formación. Las mujeres encajan en ese perfil. De hecho, los datos de Pew Research muestran que, al comienzo de nuestras carreras, tenemos más formación que nuestros homólogos masculinos. También harán falta buenos directivos que marquen el rumbo. Una vez más, las mujeres podrían tener ventaja, ya que algunos estudios nos han considerado líderes más eficaces. También se necesitará mucha inteligencia emocional: habilidades de comunicación, empatía y trabajo en equipo. A medida que los avances tecnológicos eliminen la necesidad de realizar trabajos físicamente exigentes, estas habilidades interpersonales cobrarán aún más importancia. Algunas investigaciones parecen indicar que estas habilidades les resultan más naturales a las mujeres, lo que de nuevo nos da ventaja.
¿Qué significa este giro de género para las personas que no son mujeres? ¿Conducirá a la dominación de género femenina? No, si los hombres se incorporan de forma proactiva a estos nuevos roles, que requieren un conjunto diferente de habilidades. También podría darles la oportunidad de redefinirse. Como escribió Betty Friedan, los hombres también fueron víctimas de esta sociedad patriarcal, que defendía «un misticismo masculino anticuado que los hacía sentirse innecesariamente inadecuados».
No puedo concluir esta perspectiva sin abordar los derechos de las minorías en este gran debate entre hombres y mujeres. Mientras los defensores de la igualdad de género se explayan sobre el aumento de la participación femenina en el ámbito laboral, apenas se habla de la inclusión de las personas transgénero. ¿Qué papel tendrán cuando se produzca el giro de género? Creo que estarán mucho mejor posicionadas. Aunque varios factores contribuirán a ello —por ejemplo, valorar a la persona en lugar de su género—, las mujeres en puestos de liderazgo serán un catalizador fundamental. Las mujeres pueden reconocer y empatizar mejor con los problemas que afrontan las personas transgénero en el trabajo. Y, con más mujeres en puestos de liderazgo, podemos esperar un entorno laboral más abierto e inclusivo.
Autora: Supriya Jain es directora de Marketing de Liderazgo de Pensamiento en Wipro Limited.
Imagen: Peatones esperan a que cambie el semáforo en la intersección de King Street y George Street, Sídney. De Dave Young, en Flickr.


