Lea el Llamamiento a la acción
En la primera etapa posterior a la crisis, hubo señales de una nueva dinámica prometedora en la formulación de políticas globales. El paso del G7 al G20 como centro de las decisiones económicas prometía una nueva era, con las principales economías del mundo ahora dentro del grupo. El Consejo de Estabilidad Financiera cambió de nombre y se reforzó para convertirse en el centro neurálgico de la supervisión financiera. En poco tiempo se acordó un nuevo y estricto régimen de capital para los bancos.
Pero eso fue entonces. Ahora, el progreso es mucho más lento. Las cumbres más recientes han sido decepcionantes: la reunión de Cannes quedó eclipsada por la persistente crisis griega. Hay señales claras de que las prioridades políticas internas han pasado a primer plano, y ha disminuido mucho el interés que muestran los líderes mundiales por abordar los problemas más difíciles de la coordinación económica global. Algunas de las ideas más innovadoras de la Presidencia francesa del G20, como la reforma del sistema monetario internacional, apenas han avanzado.
Quizá siempre haya sido así. Los veteranos niegan con la cabeza y dicen cosas sabias como «toda la política es local». Pero sería una pena aceptar que no se puede hacer nada. Eso equivale a rendirse a la desesperanza. En el ámbito financiero, que es el que mejor conozco, hay aspectos en los que se podría hacer más. El Consejo de Estabilidad Financiera podría reforzarse aún más y dotarse de una estructura institucional. Esa fue una conclusión casi oculta de Cannes. Habría que impulsarla. El futuro de las normas internacionales de contabilidad también es de crucial importancia. ¿Por qué la SEC de EE. UU. no puede acordar su aplicación en Estados Unidos?
También hace falta un diálogo transatlántico más activo sobre la regulación financiera. Hay señales preocupantes de que Estados Unidos y la UE están tomando caminos distintos en cuestiones importantes, como la regulación de las agencias de calificación, la negociación de derivados y las futuras estructuras bancarias. (Dodd-Frank en Estados Unidos y Vickers en el Reino Unido proponen soluciones muy distintas).
Sería bienvenida una mayor urgencia en estos temas. Complementaría los avances en algunas de las otras cuestiones destacadas en el Llamamiento a la acción, en especial las relacionadas con la resolución de la crisis de la eurozona, que, por supuesto, es el problema más crítico al que nos enfrentamos hoy.

