La innovación siempre ha seguido un enfoque descendente para resolver problemas. La alta dirección es la primera en beneficiarse de los nuevos avances tecnológicos en el lugar de trabajo. Esta tendencia debe cambiar. Las ventajas adicionales que aportan los avances tecnológicos deben llegar a las masas y servir para cerrar las brechas económicas entre ricos y pobres.
El crecimiento inclusivo es una necesidad apremiante para cerrar las brechas de desigualdad económica y permitir que los países mantengan sólidas tasas de crecimiento del PIB per cápita. La tecnología ha crecido exponencialmente en la última década y desempeña un papel clave en la vida de los millennials de hoy. Gracias a los avances tecnológicos, la forma en que nos comunicamos, nos entretenemos y trabajamos ha cambiado para mejor, diría hoy un millennial urbano promedio. ¿Los avances tecnológicos que disfrutamos, respaldamos y ayudamos a llevar al mercado son exclusivos de los ricos y privilegiados? ¿O deberíamos aprovecharlos para impulsar a quienes se encuentran en la base de la pirámide?
La inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático son términos de moda que hoy se usan en conversaciones de cafetería sobre los coches autónomos. En nuestra búsqueda de alcanzar la singularidad, cuando el ser humano y la máquina sean uno, ¿estamos olvidando centrar la tecnología en resolver un problema del mundo real mucho mayor y urgente: la escasez de alimentos? Los datos de imágenes satelitales, junto con herramientas de análisis predictivo, podrían ayudar a los agricultores a prever la aparición de enfermedades y alertar a los gobiernos sobre una próxima temporada de sequía. Así, la IA y el aprendizaje automático pueden reducir la carga de trabajo de los agricultores en el campo y ayudar a los gobiernos a gestionar mejor la crisis alimentaria mundial.
La nanotecnología reduce constantemente el tamaño de nuestros chips informáticos y propicia nuevas innovaciones en materiales ligeros y resistentes para aplicaciones espaciales. Más importante aún, puede ayudar a resolver un problema de gran escala en los países en desarrollo y menos desarrollados: proporcionar agua potable a quienes carecen de ella. Las soluciones nanotecnológicas pueden contribuir a crear un sistema de membranas de filtración de bajo coste para que el agua sea potable y esté libre de enfermedades, disponible en todo el mundo, incluso en las regiones más remotas. Esta tecnología puede multiplicar significativamente la labor filantrópica de organizaciones como las Naciones Unidas.
Los avances biotecnológicos, fruto de miles de millones de dólares invertidos en investigación y desarrollo, se limitan a las cuatro paredes de las empresas biotecnológicas de Fortune 500. Incluso en el caso de las semillas híbridas obtenidas mediante investigación biotecnológica, que pueden lograr mayores rendimientos y ser resistentes a las enfermedades, el agricultor común las considera un arma de doble filo. El elevado precio de las semillas y la dificultad para acceder a estos productos reducen el beneficio general para la sociedad. Los gobiernos deberían invertir una parte considerable de nuestros impuestos en investigación biotecnológica, específicamente para resolver problemas agrícolas. Sería una inversión en un futuro mejor y reduciría la carga de las generaciones venideras, que de otro modo podrían afrontar precios desorbitados de los alimentos por las costosas semillas modificadas genéticamente que venden las grandes empresas.
El almacenamiento de energía se ha convertido de repente en una necesidad apremiante gracias al rápido avance de la tecnología solar. Los paneles solares existen desde hace décadas, pero una reciente caída de los costes de producción ha llevado a los países a replantearse sus opciones energéticas.
Hemos llegado a un punto de inflexión y soplan vientos favorables para las fuentes renovables, como la solar, gracias a que sus costes de generación de energía por unidad son competitivos frente a los del carbón, una fuente no renovable. Sin embargo, la oferta y la demanda plantean un gran problema, ya que el sol brilla entre 10 y 12 horas al día, mientras que el consumo de energía es ininterrumpido. Los gobiernos deben equipar todas las redes eléctricas, tanto urbanas como rurales, para que acepten la electricidad generada por paneles solares en los tejados y ofrecer beneficios fiscales de ahorro en el impuesto al carbono con bajos intereses a quienes se pasen a la energía solar. Esto impulsará el sector y fomentará su adopción generalizada. Las grandes tierras agrícolas baldías y sin uso que generen energía solar para las ciudades vecinas, ávidas de energía, parecen un buen modelo de negocio para quienes antes dependían exclusivamente de la agricultura para subsistir.
A medida que contaminamos más lagos, generamos más basura y vertemos más efluentes de nuestros vehículos y fábricas, quienes se encuentran en la base de la pirámide social son quienes más sufren. Es necesario utilizar la internet de las cosas para controlar y vigilar problemas urbanos de gran escala, como la basura y la contaminación. Los contenedores inteligentes que avisan al conductor local del camión de basura cuando están llenos; los sensores que detectan niveles excesivos de contaminantes en las aguas residuales de las comunidades residenciales y envían alertas a las autoridades locales; y los sensores incorporados en los vehículos para detectar niveles elevados de contaminantes en las emisiones del tubo de escape podrían ayudarnos a tomar medidas correctivas y hacer que la vida sea más habitable para todos, privilegiados y no privilegiados.
Uno de los grandes problemas que afrontan los ciudadanos de muchos países es la falta de transparencia en los sistemas financieros que conceden préstamos y la temida burocracia. A menudo, los gobiernos anuncian programas de prestaciones para quienes más las necesitan, pero el dinero y los beneficios rara vez les llegan. Mediante tecnologías de vanguardia, como las cadenas de bloques, y el procesamiento cuántico para gestionar el enorme volumen de transacciones en la cadena de bloques, los gobiernos pueden hacer llegar las prestaciones directamente a la población y mantener la transparencia del proceso, evitando así a los intermediarios codiciosos que están presentes en todos los niveles de distribución.
La tecnología evolucionará con el tiempo, pero la forma en que la encaucemos para maximizar los beneficios para quienes los necesitan —para quienes está en juego la supervivencia o la solución de una crisis que amenaza la vida de alguien— es lo que garantizará el crecimiento inclusivo en nuestras comunidades.
Sobre este artículo: Alok Medikepura Anil es Global Shaper del Foro Económico Mundial en el centro de Bangalore. Su artículo es el ganador de este mes del concurso de ensayos de Global Shapers, cuyo tema es el crecimiento inclusivo.



