Cuando los responsables de formular políticas financieras intentan promover el crecimiento económico, casi siempre se centran en buscar nuevas formas de liberar capital. Pero, aunque este enfoque quizá haya funcionado en el pasado, corre el riesgo de restar importancia al papel que desempeña el talento en la generación y materialización de las ideas que hacen posible el crecimiento. De hecho, en un futuro de rápidos cambios tecnológicos y automatización generalizada, el factor determinante —o el límite paralizante— para la innovación, la competitividad y el crecimiento probablemente no será la disponibilidad de capital, sino la existencia de una fuerza laboral cualificada.
Las fuerzas geopolíticas, demográficas y económicas están transformando sin cesar los mercados laborales. La tecnología, en particular, está cambiando la naturaleza misma del trabajo, dejando obsoletos sectores y ocupaciones enteros, al tiempo que crea industrias y categorías laborales completamente nuevas. Según algunas estimaciones, casi la mitad de las profesiones actuales podrían ser automatizables para 2025. Las especulaciones sobre qué las reemplazará van desde predicciones de oportunidades inesperadas hasta pronósticos de desempleo a gran escala, a medida que las máquinas desplazan a la mayor parte del trabajo humano.
Los primeros indicios de esta disrupción ya son visibles. El desempleo mundial ha superado los 212 millones, según la Organización Internacional del Trabajo, y habrá que crear otros 42 millones de empleos nuevos cada año si la economía mundial ha de proporcionar trabajo al número creciente de personas que se incorporan al mercado laboral. Mientras tanto, el año pasado, el 36 % de los empleadores de todo el mundo informó que tenía dificultades para encontrar talento, el porcentaje más alto en siete años.
Para abordar este desajuste entre la oferta y la demanda, los gobiernos, los líderes empresariales, las instituciones educativas y las personas deberán superar los incentivos para centrarse en el corto plazo y empezar a planificar un futuro en el que el cambio sea la única constante. Todos deben replantearse qué significa aprender, la naturaleza del trabajo y las funciones y responsabilidades de las distintas partes interesadas para garantizar que los trabajadores de todo el mundo puedan desarrollar todo su potencial.
Los responsables de recursos humanos de algunas de las empresas más grandes del mundo prevén profundas disrupciones derivadas de la mayor adopción de Internet móvil y tecnología en la nube, el uso de macrodatos, las modalidades de trabajo flexibles, la impresión 3D, los materiales avanzados y las nuevas fuentes de energía, según los primeros resultados de una encuesta del Foro Económico Mundial. Su valoración del impacto general en los niveles de empleo de sus sectores fue, en su mayor parte, positiva, siempre que puedan desarrollarse rápidamente nuevas competencias laborales en sus propios sectores y en el mercado laboral en general.
A medida que la tecnología asume cada vez más tareas basadas en el conocimiento, las habilidades cognitivas centrales en los sistemas educativos actuales seguirán siendo importantes; pero las habilidades conductuales y no cognitivas necesarias para la colaboración, la innovación y la resolución de problemas también serán esenciales. Las escuelas y universidades actuales, dominadas por enfoques de aprendizaje fundamentalmente individualistas y competitivos, deben rediseñarse para centrarse en aprender a aprender y adquirir las habilidades necesarias para colaborar con otras personas. Las habilidades exclusivamente humanas, como poder trabajar en equipo, gestionar relaciones y comprender las sensibilidades culturales, serán vitales para las empresas de todos los sectores y deberán convertirse en un componente central de la educación de las futuras generaciones.
Además, dado que la educación se está convirtiendo cada vez más en una actividad de por vida, las empresas deben replantearse su papel en la preparación de una fuerza laboral competitiva. Algunas ya lo han comprendido e invierten en el aprendizaje continuo, la recapacitación y el perfeccionamiento de las habilidades de sus empleados. Sin embargo, la mayoría de los empleadores aún espera obtener talento con formación previa de escuelas, universidades y otras empresas.
Cada vez más, las empresas tendrán que trabajar con educadores y gobiernos para ayudar a que los sistemas educativos sigan el ritmo de las necesidades del mercado laboral. Dada la rapidez con que cambian las competencias requeridas para muchas ocupaciones, las empresas deben reorientar la inversión hacia la formación en el puesto de trabajo y el aprendizaje permanente, especialmente cuando los millennials se incorporan a la fuerza laboral buscando propósito y diversidad de experiencias, allí donde sus predecesores buscaban remuneración y estabilidad.
Los ciclos económicos conllevan naturalmente máximos y mínimos del empleo, y las empresas socialmente responsables deberían seguir ejemplos exitosos como los de Coca-Cola, Alcoa, Saudi Aramco, Africa Rainbow Minerals y Google, trabajando para mitigar el desempleo y mejorar la capacidad de las personas para ganarse la vida.
Los gobiernos también tienen un papel que desempeñar en la creación de un entorno en el que sus ciudadanos puedan alcanzar su potencial. Los responsables de formular políticas deben utilizar indicadores más sólidos para evaluar el capital humano y reexaminar la inversión en educación, el diseño de los planes de estudio, las prácticas de contratación y despido, la integración de las mujeres en la fuerza laboral, las políticas de jubilación, la legislación migratoria y las políticas de bienestar social. El apoyo regulatorio al emprendimiento y a las pequeñas y medianas empresas sigue siendo uno de los medios menos aprovechados para liberar la creatividad, impulsar el crecimiento y generar empleo.
Proteger a los trabajadores y a los consumidores es fundamental, pero proteger industrias específicas del impacto de nuevos modelos de negocio no detendrá la próxima ola de transformación. En lugar de intentar frenar empresas disruptivas como Airbnb y Uber, los gobiernos deberían introducir regulaciones que permitan su crecimiento sostenido, a la vez que buscan formas de aprovechar sus tecnologías y enfoques emprendedores para impulsar el bienestar social. Entre esas políticas figuran cursos de educación en línea para personas desempleadas, seguros digitales para trabajadores, sindicalización virtual y políticas fiscales orientadas a la economía colaborativa.
Liberar el talento latente del mundo y, por tanto, toda su capacidad de crecimiento exige que miremos más allá de los ciclos económicos y los informes trimestrales. El futuro está lleno de posibilidades, pero solo si somos lo bastante inteligentes —y lo bastante valientes— para aprovecharlas.
El Informe sobre Capital Humano 2015 del Foro Económico Mundial está disponible aquí.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Klaus Schwab es fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.
Imagen: Mitsos Dan, un trabajador de Albania, suelda piezas de maquinaria agrícola en una fábrica de Atenas. REUTERS/Kostas Tsironis.



