Preguntas y respuestas: Así puede el capitalismo de las partes interesadas ayudar a sanar el planeta

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  • El capitalismo de las partes interesadas es uno de los temas clave de Davos 2020.

  • Las políticas empresariales deben tener en cuenta la salud del mundo natural y adoptar un enfoque sostenible para utilizar los recursos de la Tierra, afirma Peter Brabeck-Letmathe, presidente emérito de Nestlé.

  • Una economía regenerativa, con modelos de negocio que reparen el daño que hemos causado a nuestros recursos naturales, será clave.

«El planeta Tierra está enfermo… así que tenemos que sanarlo»

Estas son las palabras de Peter Brabeck-Letmathe, presidente emérito de Nestlé y expresidente y exdirector ejecutivo de Nestlé SA, al hablar de los desafíos medioambientales sin precedentes que enfrenta la humanidad.

En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de 2020 en Davos, los debates se centran en el capitalismo de las partes interesadas, un sistema en el que las empresas privadas son custodias de la sociedad y trabajan en beneficio de todos. Como afirma Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro, este modelo es la mejor respuesta a los desafíos sociales y medioambientales actuales.

Aquí, Brabeck-Letmathe habla de lo que significa el capitalismo de las partes interesadas para las empresas y de por qué debemos actuar ahora para preservar el futuro de nuestro planeta.

¿Qué significa para usted el capitalismo de las partes interesadas?

El capitalismo de las partes interesadas implica replantearse cómo funciona el comercio. Significa que, como empresa, ya no podemos crear valor únicamente para los accionistas. En cambio, nuestra política empresarial debe crear valor para las muchas personas, los recursos y las comunidades a los que afecta.

Mientras que el capitalismo accionarial explota los recursos para maximizar la rentabilidad de los accionistas, las empresas del mañana deben tener en cuenta consideraciones más amplias y aportar valor a los empleados, a nuestra comunidad y a otra parte interesada importante… el planeta Tierra.

Debemos comprender que es absurdo convertir la naturaleza en dinero y luego usar ese dinero para intentar reparar el daño que le hemos causado. Debemos desarrollar políticas empresariales que tengan en cuenta la salud del mundo natural y un enfoque sostenible para utilizar los recursos de nuestro planeta.

¿Cómo pueden las empresas conciliar el afán de lucro con la necesidad de preservar el mundo natural?

Si observamos las cosas a escala macro, es evidente que lo que estamos haciendo al planeta no tiene sentido. Por desgracia, no todo el mundo tiene en cuenta las consecuencias globales de sus actos, por lo que se abusa de los recursos de la naturaleza.

Tomemos el agua como ejemplo. En la actualidad, el mundo consume, o sobreconsume, casi un tercio más de agua de la que debería, y esta sobreexplotación llegará al 40 % de la cantidad disponible de forma sostenible. Es alarmante porque este comportamiento irresponsable con el agua nos conducirá, dentro de la próxima década, a un grave problema ecológico que afectará a todos los aspectos de la vida en la Tierra.

¿Por qué? Porque no le damos valor. Los productores pueden usar y malgastar el agua del planeta sin límites ni costes. Cuando hablamos de crear valor, debemos incluir al planeta.

Asignar un valor monetario al agua que utiliza la industria llevaría a las empresas a replantearse sus procesos de producción para consumir menos. Por ejemplo, se incentivaría a los agricultores a adoptar métodos de riego que minimicen el consumo de agua; los fabricantes abandonarían los procesos que requieren mucha agua, la reutilizarían o invertirían en fábricas capaces de operar sin agua.

Si aprendemos a utilizar nuestros recursos naturales de manera más responsable, ¿podremos alimentar de forma sostenible a una población cada vez mayor?

Esta es una pregunta fundamental. Y mi respuesta es sí, podríamos, pero tenemos que cambiar. El modelo agrícola actual consume demasiados recursos y no es sostenible a largo plazo. No respeta nuestro planeta, así que debemos pasar a un sistema de agricultura regenerativa.

Por ejemplo, no basta con eliminar el desperdicio de alimentos; tenemos que replantearnos los fundamentos de la producción de alimentos. Según una investigación de ETH Zúrich, hoy las plantas reciben alrededor de 2,7 veces más agua de la que realmente necesitan, y esa cantidad puede reducirse considerablemente.

Nuevas tecnologías, como la agricultura de precisión, los tratamientos del microbioma, la biología sintética y otros avances, podrían ayudar a reemplazar el modelo actual de agotamiento por una cultura de regeneración. Todas estas soluciones tienen sentido empresarial.

La tecnología del microbioma, que permite transferir el microbioma de, por ejemplo, una planta resistente a la sequía a una planta normal, puede aumentar el rendimiento agrícola entre un 17 % y un 35 %, sin modificar genéticamente los cultivos. Así pues, la idea de crear valor compartido forma parte de una propuesta empresarial viable.

¿Qué deberían hacer de manera diferente los líderes empresariales en 2020 para acelerar el cambio?

Debemos plantear las preguntas adecuadas y asegurarnos de que lo que hacemos ayude al planeta a recuperarse.

Actualmente, cuando hablamos del cambio climático, todas las soluciones se centran en reducir los niveles de CO2 en la atmósfera. Esto es importante, pero el problema es más complejo y multifacético.


Es necesario abordar preguntas fundamentales sobre cómo podemos reducir nuestras necesidades energéticas y de dónde proviene nuestra energía. Pasar de motores de gasolina o diésel a coches eléctricos reduce las emisiones de CO2, pero limitarse a sustituir el motor de los SUV pesados actuales no será tan eficaz como fabricar coches ligeros con motores más pequeños y de menor consumo energético.

Los combustibles sintéticos también buscan reducir el CO2, pero se necesitan hasta 9100 miles de litros de agua para producir un litro de biocombustible. La escasez de agua es una de las mayores amenazas a las que se enfrenta el planeta y, sin embargo, estamos agravando la situación. Al resolver la contaminación, estamos dañando el planeta de otras maneras.

Preguntar simplemente cómo reducir los niveles de dióxido de carbono no es un enfoque suficientemente integral. Con cada acción debemos preguntarnos si lo que hacemos daña el planeta o lo sana.

¿Cómo seguimos adelante? ¿Cómo convencemos a los líderes empresariales del mundo de que adopten prácticas más respetuosas con el medioambiente?

Es importante entender que ningún actor por sí solo puede resolver la situación. Todos tenemos un papel que desempeñar: las organizaciones, los líderes empresariales, los responsables políticos y otros.

Organizaciones como el Foro Económico Mundial ofrecen una plataforma importante para sensibilizar sobre estos problemas y decidir las mejores medidas para el bienestar de nuestro planeta a largo plazo.

Para avanzar, el sector privado debe comprometerse a formular políticas empresariales más amplias e integrales, en armonía con la salud del medioambiente.

Los gobiernos también deben tener visión de futuro y considerar el impacto medioambiental de las leyes que promulgan.

Debemos avanzar hacia una economía regenerativa y crear modelos de negocio que reparen el daño causado a nuestros recursos naturales. Juntos, debemos dar paso a una nueva era en la que nuestro planeta sea reconocido como una parte interesada fundamental en la economía del futuro.

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