Según la OCDE, la ayuda al desarrollo alcanzó recientemente un nuevo máximo de 142.600 millones de dólares estadounidenses al año.
Pero la ayuda internacional destinada a aliviar la pobreza puede tener consecuencias indeseables, y a menudo imprevistas, tanto para la naturaleza como para la cultura. Y cómo aliviar la pobreza sin degradar el medio ambiente ni los valores culturales sigue siendo un importante desafío mundial.

Atrapados en nuestra forma de pensar
En un nuevo artículo de revisión publicado en la revista Science Advances, ponemos en duda un pilar de la ayuda al desarrollo: la «trampa de la pobreza» y su solución del «gran impulso».
La trampa de la pobreza es un concepto muy utilizado para describir situaciones en las que la pobreza persiste por debajo de cierto umbral de activos mediante mecanismos que se perpetúan. En otras palabras, es el círculo vicioso de la pobreza: quienes son pobres se empobrecen aún más porque no pueden acumular ahorros o no tienen energía suficiente para trabajar.
El término, que utilizaron tanto Jeffrey Sachs como Paul Collier en 2005 para describir hogares o países estancados en niveles bajos de bienestar económico, fue fundamental para los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU.
El «gran impulso» —una de las primeras teorías de la economía del desarrollo— es un enfoque uniforme para aliviar la pobreza que sigue gozando de popularidad en las comunidades y los hogares, pese a sus limitaciones conocidas. La idea básica de esta teoría es que hace falta un gran impulso coordinado de inversión para que las economías despeguen y superen un punto crítico (tal como lo define la trampa de la pobreza).
Como pueden ver, ambos conceptos van de la mano.
Pero hay un problema: aunque la trampa de la pobreza es una forma destacada de conceptualizar la pobreza persistente, su visión estrictamente económica de la pobreza ha ignorado hasta ahora el papel de la naturaleza y la cultura.
Dado que el 78 % de las personas más pobres del mundo vive en zonas rurales, la ayuda al desarrollo suele destinarse a soluciones financieras y tecnológicas para la agricultura. Los organismos de desarrollo alientan a los agricultores a cultivar productos comerciales únicos, o monocultivos, como el algodón modificado genéticamente en India, que puedan vender para salir de la pobreza.
Esta estrategia ha tenido resultados diversos y, en algunos casos, graves consecuencias ecológicas y sociales que pueden agravar la pobreza.
Modelar estrategias para aliviar la pobreza
En nuestro artículo, proponemos una forma de ampliar el enfoque de la trampa de la pobreza para incluir más plenamente los vínculos entre el bienestar financiero, la naturaleza y la cultura.
Nuestro nuevo enfoque identifica tres tipos de soluciones para aliviar la pobreza.
La primera es el llamado «gran impulso» convencional, que busca hacer que los países superen «la barrera» para que sus economías funcionen mejor. La segunda consiste en reducir la barrera. Esto podría incluir desde capacitar a los agricultores hasta modificar comportamientos y prácticas.
Estas dos categorías constituyen la base de las estrategias de ayuda actuales.
Pero introducimos una tercera categoría, que llamamos transformación del sistema, con el objetivo de replantear la estrategia de intervención tradicional.
Mediante modelos teóricos multidimensionales de distintas relaciones entre la pobreza y el medio ambiente en los hogares o las comunidades, pusimos a prueba la eficacia de estas estrategias para aliviar la pobreza.
Por ejemplo, una idea extendida y respaldada por datos empíricos sostiene que las personas pobres degradan su entorno, pero hay pruebas empíricas menos conocidas que muestran que las personas pobres no deterioran el medio ambiente de forma desproporcionada. A menudo son custodias de la naturaleza y crean y mantienen elementos como la biodiversidad agrícola.
Tomemos, por ejemplo, las montañas del Pamir, en Tayikistán y Afganistán, caracterizadas por una gran diversidad biológica y cultural (también llamada biocultural). En un contexto así, las personas pueden ser pobres en términos monetarios y, al mismo tiempo, cuidar una increíble diversidad de cultivos agrícolas, gracias a sus amplios conocimientos ecológicos y prácticas culturales.
A su vez, la diversidad de semillas tradicionales puede ayudarles a resistir las crisis a escala regional.
En esos lugares, el impulso convencional para superar «la barrera» y aumentar la producción de alimentos (mediante semillas mejoradas o fertilizantes) puede entrañar el riesgo de perder biodiversidad o conocimientos tradicionales.
Nuestros modelos muestran cómo una estrategia de transformación en la que acciones endógenas cambian el statu quo podría, en algunos contextos, aliviar la pobreza sin consecuencias graves para la naturaleza y la cultura. Esta posibilidad abre espacio a enfoques de desarrollo que actualmente están poco representados, como la agroecología o la soberanía alimentaria.
Cambio transformador
Los resultados de los modelos muestran que las intervenciones de desarrollo convencionales que ignoran la naturaleza y la cultura pueden agravar la pobreza; que en esos contextos quizá sea necesario un cambio transformador; y que en otros pueden ser eficaces las aportaciones de activos.
Estos resultados se sintetizan en el «cubo de la pobreza», que muestra cómo reunimos la multidimensionalidad de la pobreza, distintas vías de intervención y diversos contextos.

Nuestro enfoque de las trampas de la pobreza puede ayudar a quienes trabajan en el ámbito del desarrollo a reflexionar sobre las implicaciones de distintas trayectorias de desarrollo. Antes de nuestro cubo multidimensional de la pobreza, los modelos de la trampa de la pobreza solían considerar solo la dimensión monetaria de la pobreza.
Ahora, quienes trabajan en el desarrollo pueden imaginar con más facilidad las consecuencias de distintas estrategias para aliviar la pobreza, tanto en el bienestar económico como en la naturaleza y la cultura, y en la interacción entre ellas. El marco que desarrollamos puede servir para categorizar las intervenciones y sus consecuencias para la naturaleza y la cultura en distintos sectores.
Una iniciativa interdisciplinaria
El artículo surgió de varios años de colaboración entre un físico teórico, científicos especializados en sostenibilidad y un economista. Supuso un enfoque de investigación muy interdisciplinario.
Desde hace tiempo se comprende la importancia de los contextos biofísicos y culturales para aliviar la pobreza. Sin embargo, las intervenciones siguen diseñándose a partir de la trampa de la pobreza, un concepto que suele dejar de lado estos factores.
Nuestro cubo de la pobreza podría ayudar a los organismos donantes a integrar mejor la pobreza, el medio ambiente y la cultura en su reflexión y planificación del desarrollo. Integrar estos factores será un importante desafío para los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El siguiente paso consiste en profundizar en la comprensión de cómo puede utilizarse este tipo de modelado multidimensional dinámico en estudios comunitarios centrados en lugares concretos.



