¿Deberíamos preocuparnos por el nuevo aumento de la deuda?

¿Deberíamos preocuparnos por el nuevo aumento de la deuda?
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El desapalancamiento de los hogares, es decir, el pago de sus deudas, fue uno de los principales temas económicos de la recuperación tras la Gran Recesión. En los años previos a la recesión de 2007-2009, la deuda de los hogares se duplicó entre 2001 y 2007, a medida que se inflaba la burbuja inmobiliaria. Finalmente, la burbuja estalló y millones de hogares quedaron con cargas de deuda que no podían afrontar. Desde entonces, los hogares han estado tratando de recuperarse de este daño. Pero, según los datos, el período de desapalancamiento ha terminado. Ahora los hogares están contrayendo más deuda. Y no son los únicos.

El mes pasado, economistas de la Reserva Federal de Nueva York publicaron nuevos datos sobre la deuda de los hogares. Los autores afirman que los datos muestran que «los hogares han empezado a recurrir de nuevo al crédito para complementar su flujo de caja». J.W. Mason, profesor del John Jay College, mediante un enfoque contable de la deuda de los hogares, concluye que el aumento de la ratio de deuda-ingresos se debe a nuevos préstamos, y no a cambios en los tipos de interés o la inflación.

Sin embargo, los hogares llegan tarde al nuevo ciclo de endeudamiento en comparación con las empresas, que llevan varios años endeudándose considerablemente. Un nuevo informe de la Oficina de Investigación Financiera del Departamento del Tesoro destaca el aumento del apalancamiento empresarial.

Ahora bien, este aumento de la deuda empresarial no es necesariamente un problema. Puede que las empresas simplemente estén aprovechando los bajos tipos de interés para endeudarse y aumentar su productividad. Y, durante un tiempo, eso es lo que parecían estar haciendo, según el informe de la OFR. Pero, como señalan los autores, más recientemente las empresas están usando el dinero prestado para otros fines.

En vez de hacer crecer sus negocios, las corporaciones están usando dinero prestado para recomprar acciones, pagar dividendos a los accionistas y comprar otras empresas. Esto significa que una parte considerable de ese dinero prestado no se usa para invertir, sino que parece destinarse a sacar beneficios de la corporación y ponerlos en manos de los accionistas. Este proceso podría explicar la aparente desconexión entre los beneficios empresariales y la inversión en los últimos años.

Además, el informe de la OFR señala que la deuda emitida por las corporaciones es de menor calidad que en el pasado. La llamada deuda de «alto rendimiento» ha representado el 24 por ciento de toda la deuda empresarial desde 2008, frente al 14 por ciento en expansiones económicas anteriores.

Independientemente del motivo del endeudamiento, debemos recordar que las corporaciones están aumentando su apalancamiento en un período de tipos de interés extraordinariamente bajos. La Reserva Federal parece dispuesta a subir los tipos de interés a mediados del próximo año, por lo que la era de los tipos de interés cero acabará por llegar a su fin. Si las corporaciones pueden gestionar adecuadamente sus cargas de deuda, todo debería ir bien. Pero si sus finanzas se asientan sobre cimientos de arena y requieren refinanciarse en el futuro a un coste mayor, todos deberíamos preocuparnos.

Esta publicación apareció originalmente en The Washington Center for Equitable Growth

Autor: Nick Bunker es investigador asociado de políticas públicas en el Washington Center for Equitable Growth.

Imagen: Un hombre pasa junto a edificios del distrito financiero central de Singapur el 14 de febrero de 2007. REUTERS/Nicky Loh.

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