La socialización de los niños moldea sus expectativas sobre los roles y comportamientos apropiados de las niñas, en contraste con los propios, y valida la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Estas normas suelen reforzarse y reconstruirse en las familias, comunidades e instituciones sociales a las que pertenecen.
Las rígidas nociones de masculinidad predominantes influyen en la forma en que los hombres interactúan con las mujeres, incluso mediante la violencia contra ellas, las conductas sexuales de riesgo o acciones que limitan su capacidad de decisión. Por ejemplo, en muchos contextos, los niños consideran que burlarse de las niñas reafirma su masculinidad y no constituye un acto violento que pueda limitar la movilidad de las niñas o su experiencia de los espacios públicos.
Crear normas sociales positivas que valoren a las niñas y sus derechos es importante para mejorar su bienestar y lograr un cambio social sostenible a largo plazo. La participación de hombres y niños es fundamental para ayudarlos a reevaluar críticamente las nociones de masculinidad y cuestionar las desigualdades de género predominantes.
Samata, un estudio de investigación y programa con sede en el norte de Karnataka, India, que apoya a las niñas para que completen la educación secundaria, habló recientemente con un grupo de 20 adolescentes de la zona, de entre 13 y 18 años. Las entrevistas buscaban comprender las opiniones de los niños sobre la participación de las adolescentes en la educación, el matrimonio precoz y las normas de género, así como el comportamiento de los niños hacia las niñas.
Los resultados de este estudio exploratorio fueron complejos. Por ejemplo, las entrevistas revelaron que los niños están dispuestos a apoyar la educación de las niñas, no para impulsar sus carreras o ambiciones, sino para asegurarse de que se conviertan en buenas esposas y madres.
Aunque están dispuestos a animar a las familias a que las niñas continúen estudiando, los niños dijeron que preferirían que ellas tuvieran menos educación que sus pares varones. Esto se debe a que temen que la educación haga que las niñas expresen opiniones propias y les dé capacidad para no ajustarse a los roles esperados. Los niños dijeron que tienen derecho a decidir sobre la educación de sus hermanas, pero creían que debían tener autonomía para tomar decisiones sobre su propia educación.
Los niños consideran que es su deber concertar el matrimonio de sus hermanas cuando terminen sus estudios. Creen que las niñas deberían casarse jóvenes (alrededor de los 18 años) para evitar que se enamoren o estén expuestas al acoso.
Se informó que las burlas eran un problema frecuente al que se enfrentaban las niñas. Los niños les arrojan piedras, les gritan «Te quiero», las llaman por el móvil o las insultan verbalmente. Sin embargo, los encuestados consideraban inaceptable que otros niños se burlaran de sus propias hermanas. Muchos afirmaron que todas las niñas deben ser vistas como hermanas, y que el amor o la atracción sexual entre niñas y niños se considera incorrecto y prohibido, incluso cuando tienen edad para casarse.
Derecho a controlar o ridiculizar
Los niños a quienes entrevistamos se consideran físicamente superiores. El trabajo «duro y físicamente exigente» que realizan se considera de mayor valor que las tareas domésticas de las mujeres, como cocinar y limpiar. El apoyo a las niñas suele entenderse como control de su comportamiento o de su movilidad fuera del hogar. Se consideran inapropiados para las niñas conducir motocicletas, llevar ropa de estilo occidental o pasar el rato fuera de casa. Sus padres y hermanos empiezan a restringir los movimientos de las niñas cuando estas llegan a la menarquia.
En resumen, se percibe que los roles masculinos no solo son diferentes, sino también superiores a los femeninos. Los niños se consideran defensores de los roles sexuales normativos asignados a las niñas y las mujeres, con derecho a controlar o ridiculizar a las mujeres que se apartan de esas normas.
Esto no es un problema únicamente a nivel individual, sino también uno que alcanza la construcción social más amplia de las relaciones de género. En este contexto, ¿cómo se puede involucrar a los niños para transformar los roles de género y hacerlos participar en los esfuerzos por empoderar a las niñas?
Diálogos sobre respeto y equidad
Samata trabaja con niños mediante el modelo Parivartan para transformar sus actitudes hacia el género, haciendo hincapié en la necesidad de que las niñas y las mujeres tengan roles iguales en la sociedad.
Parivartan moviliza a entrenadores deportivos locales para que impartan guiones y herramientas de prevención de la violencia a adolescentes varones deportistas de la misma localidad, con el fin de cambiar las normas que fomentan la agresión y la violencia, promover la intervención de quienes presencian esas situaciones y reducir las agresiones físicas y sexuales. Cada semana, estos entrenadores pasan una hora con los niños jugando al críquet o al kho kho e iniciando conversaciones sobre el respeto, la equidad y la violencia en el deporte, que luego amplían a situaciones de la vida real. Así, los deportes populares se convierten en un canal para transmitir mensajes positivos sobre la masculinidad y el respeto hacia las mujeres, y en un espacio para aprender sobre los roles y las relaciones de género.
Además, el programa patrocina sesiones de diálogo en los vecindarios para animar a los niños a reflexionar críticamente sobre cuestiones relacionadas con el género, el sexo, la sexualidad y la violencia que afectan a la permanencia de las niñas en la escuela. Los facilitadores del programa también forman a «niños promotores» para que impulsen la educación de las niñas en sus propias familias.
Quienes participan en Samata están observando indicios iniciales de que los diálogos deliberados con los niños —sobre género y masculinidad— ayudan a crear normas de género positivas y a reducir la violencia de género. Esperamos que ese diálogo abierto pueda eliminar los obstáculos a la educación de las niñas en Karnataka.
Esta publicación se basa en los resultados de un estudio realizado por Karnataka Health Promotion Trust como parte del consorcio STRIVE y analizado por Hannah Shephard-Lewis, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine.
El proyecto Samata , así como sus componentes de investigación y evaluación, cuenta con el apoyo del Grupo Banco Mundial, el gobierno de Karnataka y —a través del consorcio STRIVE— UKaid/Department for International Development. Las opiniones expresadas en esta publicación no reflejan necesariamente las políticas oficiales de los socios.
Esta publicación apareció primero en el blog Voices del Banco Mundial
Autora: la Dra. Sapna Nair es una profesional de la salud pública con 13 años de experiencia como médica, gerente y especialista técnica.
Imagen: Niños sentados durante una asamblea matutina. REUTERS.



