¿Debe incluir el TPP normas laborales y ambientales?

¿Debe incluir el TPP normas laborales y ambientales?
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El Congreso de Estados Unidos acaba de otorgar al presidente Barack Obama la denominada autoridad de negociación por vía rápida para concluir el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el megaacuerdo regional de libre comercio propuesto entre Estados Unidos y otros 11 países. Pero la victoria de Obama no fue fácil: los miembros de su propio Partido Demócrata se opusieron abrumadoramente a esta autoridad, que limita al Congreso a un único voto a favor o en contra de los acuerdos comerciales ya finalizados y, por tanto, excluye la posibilidad de enmendarlos. La medida de vía rápida, conocida oficialmente como Autoridad de Promoción Comercial, solo se aprobó porque Obama pudo contar con el inusual respaldo de la mayoría republicana tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Pero los demócratas tienen razón en un punto. Quieren que el gobierno de Obama garantice que el TPP incluya normas laborales internacionales fundamentales para todos los participantes, un alto nivel de protección ambiental y acceso a medicamentos asequibles, entre otras medidas. Si el gobierno acepta estas exigencias totalmente razonables, el acuerdo resultante contaría con un considerable apoyo bipartidista. Si decide ignorarlas, el acuerdo final generaría mucha más polarización y el Congreso lo aprobaría con muy poco apoyo demócrata.

Aunque Obama ha prometido que el TPP será el acuerdo comercial más progresista de la historia —algo que es posible lograr—, el secretismo que rodea casi todos los detalles de las negociaciones ha dificultado evaluar las afirmaciones y contraafirmaciones al respecto. Pero, una vez concluido, el acuerdo se publicará íntegramente, sin posibilidad de ocultar información.

Además, los criterios establecidos por los demócratas del Congreso son muy claros, bastante específicos y bien meditados. De hecho, en un acuerdo alcanzado en mayo de 2007 entre los demócratas de la Cámara de Representantes y el gobierno del entonces presidente George W. Bush, ya se habían expuesto con considerable detalle casi todos los principios fundamentales.

En 2005, solo 15 demócratas de la Cámara de Representantes votaron a favor del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos, precisamente porque sus disposiciones sobre normas laborales y medioambiente eran muy débiles. En cambio, en 2007, 109 demócratas de la Cámara votaron a favor del Acuerdo de Promoción Comercial entre Estados Unidos y Perú, precisamente porque sus disposiciones se habían ajustado según lo solicitado y de conformidad con el acuerdo de mayo. Y, en octubre de 2011, la Cámara aprobó el muy debatido Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Corea con 59 votos demócratas a favor. El nivel de apoyo demócrata en el Congreso depende directamente del contenido concreto de cada acuerdo comercial.

Los principios fundamentales del acuerdo de mayo de 2007 son claros y difíciles de objetar. Los trabajadores deben tener derecho a formar sindicatos. Debe abolirse el trabajo infantil. Deben prohibirse todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio, incluida la trata de personas. No son aceptables las promesas vagas sobre estos asuntos: los países deben cumplir las normas antes de que entre en vigor un acuerdo comercial.

Además, el acuerdo pide que se incorporen a los acuerdos de libre comercio las normas ambientales internacionales vigentes, incluidas las reglas sobre contaminación y especies animales en peligro de extinción. Asimismo, esos acuerdos deben promover un acceso equitativo a las patentes farmacéuticas y a los datos utilizados para demostrar la seguridad de los tratamientos médicos. Y el acuerdo de mayo de 2007 deja claro que «no se otorgarán a los inversionistas extranjeros en Estados Unidos mayores derechos sustantivos en materia de protección de las inversiones que a los inversionistas estadounidenses en Estados Unidos».

En un documento publicado en enero de 2015 y, de nuevo, en un importante discurso pronunciado en mayo, Sander Levin, el demócrata de mayor rango en la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, aplicó estos principios a todas las cuestiones pendientes relativas al TPP.

Al gobierno le resultaría fácil dar a Levin y sus colegas lo que piden. Es posible que algunos participantes en el TPP se resistan a tener que elevar sus normas laborales o ambientales; en ese caso, sin embargo, los responsables de formular políticas deberían preguntarse si esos países deben obtener un acceso más fácil al mercado estadounidense. Del mismo modo, otros países necesitan desesperadamente acceder a medicamentos asequibles; quienes no muestran demasiado entusiasmo son las grandes empresas farmacéuticas.

El reto más difícil para el gobierno de Obama quizá sea la manipulación de las divisas. Los demócratas impulsan disposiciones que prohíban o limiten la intervención de los bancos centrales en los mercados cambiarios cuando busque dar una ventaja competitiva a las exportaciones de un país. Este es también un enorme problema potencial para el TPP, porque las devaluaciones competitivas pueden eclipsar en un orden de magnitud cualquier otro beneficio del comercio, con efectos sustancialmente negativos sobre el empleo en Estados Unidos. El gobierno debe tomar en cuenta este punto con urgencia.

«Libre comercio» siempre ha sido, en cierta medida, un nombre engañoso. Sí, la lógica del comercio mundial basado en el mercado es muy sólida. Pero todo mercado funciona dentro de un conjunto específico de reglas, que no son aleatorias ni vienen dictadas desde el cielo.

El TPP representa una oportunidad importante para establecer mejores reglas para el comercio y la inversión internacionales. Pero aún no hemos llegado a ese punto.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Simon Johnson, ex economista jefe del FMI, es profesor en MIT Sloan, investigador sénior en el Peterson Institute for International Economics y cofundador de un destacado blog de economía, The Baseline Scenario.

Imagen: Se ve una bandera estadounidense frente al Capitolio. REUTERS.

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