Los cambios que tuvieron lugar en Armenia el año pasado son, en efecto, históricos por su naturaleza y magnitud. La Revolución de Terciopelo condujo al triunfo de la democracia en nuestro país. El movimiento popular se basó en un amplio consenso respaldado no solo por todos los sectores de nuestra sociedad, sino también por la diáspora armenia, de seis millones de personas. Fue una transformación absolutamente no violenta, sin una sola víctima. El amor, la fraternidad y la tolerancia fueron los lemas del movimiento popular armenio.
Las elecciones parlamentarias anticipadas celebradas en diciembre pasado confirmaron y reforzaron las aspiraciones democráticas de nuestra sociedad. Demostraron que las fuerzas políticas que representan a la nueva Armenia gozan, en efecto, de un amplio apoyo público.
Estos cambios democráticos no provocaron ningún cambio tectónico en nuestra política exterior. Armenia sigue comprometida con sus obligaciones internacionales y con sus socios de política exterior. Además, creo que la Armenia democrática puede ser una contribuyente más valiosa para las uniones político-militares y económicas en las que participa.
¿De dónde surgió la demanda de cambio en Armenia?
En primer lugar, históricamente, los valores fundamentales de nuestra sociedad han estado profundamente arraigados en las ideas de libertad y justicia. En 1988, Armenia fue uno de los primeros países en sacudir los cimientos mismos del régimen comunista mediante un movimiento popular de alcance nacional. Las aspiraciones democráticas se han mantenido firmes en Armenia desde entonces.
En segundo lugar, Armenia es un país sin litoral, con recursos naturales limitados y que afronta grandes desafíos de seguridad, derivados de la incierta situación geopolítica de la región. Como resultado, el pueblo armenio no podía permitirse el lujo de contar con instituciones extractivas que causaran ineficiencia económica e impidieran el desarrollo del país. Como muchas otras naciones, Armenia necesita desarrollar sus instituciones económicas y políticas para crear condiciones propicias para el progreso económico, político y social. Sin embargo, el antiguo régimen llevó a nuestro país a un estancamiento. La modernización de las instituciones nacionales se convirtió, por tanto, en un imperativo, mientras que la democracia era la única solución viable que podía ayudarnos a alcanzar este objetivo fundamental. No vimos ninguna alternativa a la democracia.
Lograr una democracia coherente es un proceso difícil: requiere mucho tiempo, un compromiso incondicional e incluso un cambio de mentalidad. Solo hemos dado los primeros pasos en este camino interminable.
Con un nivel sin precedentes de confianza y legitimidad pública, el Gobierno de Armenia adoptó una ambiciosa agenda de reformas. La lucha firme contra la corrupción, la erradicación de los monopolios, el establecimiento de condiciones equitativas para todos los actores económicos y políticos, la eliminación de la pobreza y un sistema judicial independiente se cuentan entre las prioridades de nuestro Gabinete.
Por ello, una vez finalizada la transformación política, nuestro Gobierno se centra actualmente en la transición económica. Hemos abierto una página completamente nueva: ahora existe un entorno verdaderamente competitivo para hacer negocios en Armenia. Estamos mejorando el marco regulatorio, eliminando las barreras al comercio, modernizando la infraestructura, aumentando la competitividad de los productos armenios y atrayendo inversión extranjera directa. Junto con sectores tradicionales como la minería, la agricultura, el procesamiento de diamantes, los textiles, el agua mineral, el vino y los licores, estamos impulsando una economía basada en la industria, centrándonos en los sectores con mayor potencial de crecimiento, entre ellos las tecnologías de la comunicación, la educación, los recursos hídricos, la salud, el turismo y las energías renovables.
Armenia, como miembro de la Unión Económica Euroasiática (UEE), desempeña un buen papel de puente entre la UEE y la Unión Europea, creando múltiples oportunidades para las empresas occidentales de hacer negocios dentro de la UEE, aprovechando el conocimiento y la habilidad de los armenios, plenamente familiarizados con este mercado y sus normas. Como miembro de la OMC, Armenia se beneficia del estatus de nación más favorecida con todos los demás países miembros de la OMC. Firmamos el «Acuerdo de Asociación Integral y Ampliada» con la Unión Europea, que conecta a Armenia con la UE tanto en el ámbito económico como en el político. Así pues, existen todas las oportunidades para que los inversores extranjeros inicien sus negocios en Armenia.
Avanzamos hacia la construcción de una economía verdaderamente tecnológica e industrial que cumpla con los estándares del siglo XXI, con oportunidades y perspectivas cada vez más amplias para posicionar a Armenia como un país que produce bienes y servicios de alto valor y con uso intensivo del conocimiento, con el capital humano creativo en el centro.
Estamos decididos a avanzar por este camino para alcanzar nuestro objetivo final: una Armenia estable, democrática y con desarrollo económico, basada en el Estado de derecho y en una gobernanza responsable. No tenemos derecho a fracasar. Debemos estar a la altura de la confianza de nuestro pueblo y proteger la democracia.



