Una de las suposiciones más comunes que subyacen a las políticas e intervenciones de desarrollo actuales en el África subsahariana es que el uso de todos los insumos agrícolas modernos —como fertilizantes químicos, variedades de semillas mejoradas, riego, agroquímicos y maquinaria— sigue siendo lamentablemente bajo. Sin embargo, al examinar las pruebas que sustentan esta afirmación básica, es fácil sentirse engañado. La mayoría de las cifras que se repiten con frecuencia provienen de fuentes de datos macroeconómicos muy agregados, mientras que otras se derivan de muestras pequeñas o seleccionadas deliberadamente. Además, muchos de los estudios que se siguen citando tienen diez o veinte años y quizá ya no sean precisos en un contexto influido por los compromisos asumidos mediante la Declaración de Abuja sobre fertilizantes.
Entonces, ¿qué debe hacer un analista de políticas cuando es probable que la base de evidencia sea problemática? ¿Limitarse a desear y esperar que existan datos más adecuados? Para un grupo de ocho países del África subsahariana, la espera ha terminado. La Encuestas Integradas sobre Agricultura del Estudio de Medición de los Niveles de Vida ofrecen ahora datos representativos a escala nacional y muy desglosados sobre las parcelas agrícolas de los agricultores, que ayudan a replantear nuestra comprensión de la agricultura africana y los espacios rurales.
Impulsados por el acceso a estos datos de disponibilidad pública y por el mandato del proyecto «Agricultura en África: distinguir los hechos de los mitos» , Chris Barrett y yo nos propusimos examinar numerosas afirmaciones sobre el uso de insumos agrícolas en la región: no solo los niveles generales, sino también sus múltiples correlaciones en las parcelas y los hogares agrícolas. Nuestro documento de trabajo explora estas diversas facetas y concluye con diez mensajes importantes para orientar los debates sobre políticas y las investigaciones futuras. A modo de adelanto, describo a continuación solo dos de estos hallazgos.
Los agricultores no combinan insumos en las parcelas para obtener sus beneficios.
Es bien sabido que combinar adecuadamente ciertos insumos agrícolas aporta muchos beneficios: fertilizantes inorgánicos con variedades modernas de semillas; fertilizantes inorgánicos y orgánicos, como propone el modelo de gestión integrada de la fertilidad del suelo ; métodos de riego junto con fertilizantes inorgánicos y semillas modernas, entre otros.
Al analizar las correlaciones simples entre los numerosos tipos de insumos que observamos en seis países, encontramos una correlación sorprendentemente baja entre ellos, aunque con salvedades importantes. Esta falta de combinación es generalizada en los hogares y se acentúa aún más en las parcelas. Esto implica que, aunque los hogares utilicen algunos tipos de insumos en sus explotaciones, no necesariamente los combinan en una misma parcela para obtener los beneficios conocidos. Las cifras siguientes, correspondientes a Etiopía, muestran que, entre los hogares que utilizan fertilizantes inorgánicos, variedades de semillas mejoradas o riego, solo el 3,7 % emplea los tres insumos a la vez en la explotación. En las parcelas, sin embargo, apenas el 0,2 % de todas ellas se gestiona con esos mismos tres insumos.
Etiopía: nivel del hogar; Etiopía: nivel de la parcela


Diagramas de Venn de Sheahan y Barrett (2014).
Este comportamiento apenas se ha estudiado y podría ser una vía importante y sencilla para aumentar la productividad allí donde los insumos ya están disponibles en las explotaciones, pero aún no se combinan para lograr una respuesta y una gestión óptimas.
Los agricultores no varían la aplicación de insumos según la calidad que atribuyen a sus parcelas.
También es bien sabido que la calidad y la fertilidad subyacentes del suelo afectan la respuesta de los cultivos a la aplicación de insumos. Por lo tanto, cabría esperar que los agricultores modificaran sus decisiones sobre la aplicación de insumos según la calidad que atribuyen a sus parcelas.
En tres países de África oriental —Malawi, Tanzania y Uganda—, las encuestas LSMS-ISA preguntan a los agricultores cómo entienden la calidad del suelo. Las estadísticas descriptivas simples muestran que no ajustan las tasas de aplicación de insumos para adecuarlas a su percepción de la calidad de las parcelas. El análisis de regresión de la variación dentro de las explotaciones revela que es más probable que reciban fertilizantes inorgánicos las parcelas consideradas de calidad «promedio» o «mala» que las clasificadas como «buenas»; sin embargo, estas variables explican solo una parte muy pequeña de la variación en la aplicación de fertilizantes dentro de cada explotación. Asimismo, el estado de erosión de la parcela informado por los agricultores —observado en esos mismos tres países y también en Níger— no parece estar fuertemente correlacionado con la aplicación de insumos, incluidos los fertilizantes orgánicos, que pueden ayudar a reparar suelos dañados y empobrecidos.
Este importante hallazgo refuerza aún más el creciente reconocimiento de la importancia de comprender mejor el vínculo entre los suelos y el bienestar de los agricultores, promovido a través del Año Internacional de los Suelos y los artículos relacionados.
Una vía para avanzar.
Aunque nuestro análisis descriptivo aporta los matices tan necesarios a un debate plagado de generalizaciones amplias, queda mucho por aprender sobre los insumos agrícolas en el África subsahariana, especialmente en lo que respecta a la capacidad de respuesta, la rentabilidad, la promoción y sus efectos sobre el medio ambiente y la salud humana. Los conjuntos de datos de panel que se están recopilando para estos países de LSMS-ISA ayudarán a orientar nuestros análisis y nuestra comprensión de muchos de estos temas, y contribuirán así a la impresionante y creciente comunidad de analistas que utilizan estos datos tan ricos.
Este es el segundo de una serie de blogs que examinan las creencias compartidas sobre la agricultura de África y sus agricultores. Se basan en los hallazgos del proyecto de colaboración Agricultura en África: distinguir los hechos de los mitos dirigido por la Oficina del Economista Jefe de la Región de África del Banco Mundial.
Este artículo se publicó originalmente en Africa Can End Poverty del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Megan Sheahan es especialista en apoyo a la investigación en la Universidad de Cornell.
Imagen: Los agricultores etíopes Mandefro Tesfaye (izquierda) y Tayto Mesfin cosechan trigo en su campo de Abay, al norte de Adís Abeba, capital de Etiopía. REUTERS/Barry Malone.

