Veinticinco años después de la caída del Muro de Berlín, la globalización tal como la entendíamos se derrumba bajo su propio peso. Pero no podemos defender la globalización, y mucho menos considerar cómo podría hacerse que funcione mejor en el futuro, sin una comprensión honesta de dónde nos ha fallado en el pasado. Debemos reflexionar con franqueza sobre por qué ha ocurrido esto y qué puede hacerse.
Si el último cuarto de siglo tuvo un manifiesto, fue escrito en Boston.
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Imagen. Un niño patea un segmento del Muro de Berlín (REUTERS/Fabrizio Bensch)




