Para 2014, proyectamos que la economía rusa crecerá a un ritmo estimado del 0,3-0,5 por ciento. Esta es la tasa de crecimiento más baja desde la crisis financiera mundial, pero superior a la del escenario de alto riesgo previsto desde que comenzaron las tensiones geopolíticas y entraron en vigor las sanciones de la UE y Estados Unidos. Esto significa que el desempeño económico previsto de Rusia en 2014 será similar al de la zona euro, aunque Rusia depende mucho más del mercado europeo que la UE de Rusia.
En el último semestre, hemos observado un rápido ajuste hacia una trayectoria relativamente estable, aunque ligeramente más baja, para la economía rusa. A diferencia de nuestras proyecciones de marzo, que suponían un profundo impacto puntual debido a las tensiones geopolíticas, ahora proyectamos un impacto más prolongado. Esperamos que continúen las fuertes respuestas del mercado, aunque más bien breves, si aumentan las tensiones, con una rápida incorporación de los riesgos adicionales a los precios. No obstante, a nuestro juicio persiste una gran incertidumbre geopolítica, y este entorno de riesgo se refleja en nuestro abanico de perspectivas de crecimiento, con dos escenarios alternativos que flanquean el escenario de referencia de Rusia (Figura 1).

Entonces, ¿por qué debería preocuparnos la economía rusa si el país podría evitar una recesión y tener un desempeño similar al de la zona euro? Para empezar, hay motivos suficientes de preocupación por las economías de la zona euro. Cualquier desempeño que iguale su anémico crecimiento debería preocupar a los responsables de formular políticas de todo el mundo.
Sin embargo, hay tres problemas internos más profundos que amenazan con poner en peligro las perspectivas de Rusia a medio plazo.
1. Pérdida de confianza. Los inversores siguen evitando Rusia y limitan su exposición al país, lo que provocó un crecimiento negativo de la inversión en el primer semestre del año. Los hogares se muestran cada vez más cautelosos al tomar decisiones de consumo. En el segundo trimestre, el crecimiento del consumo fue uno de los más bajos de los últimos años y llevó casi a detenerse el principal motor de crecimiento de Rusia. Esto debería ser una llamada de atención para cualquier país de ingresos altos o medios. En ese momento, el crecimiento deja de ser solo una cifra y afecta directamente a las posibilidades de mejorar el bienestar de los hogares.
2. El bajo potencial de crecimiento de Rusia y el impacto de las sanciones. Las sanciones y las tensiones geopolíticas tuvieron cierto impacto, pero la causa de la baja tendencia de crecimiento de Rusia no es nueva y está relacionada con su bajo crecimiento potencial, del 1-2 por ciento. La economía rusa empezó a desacelerarse en 2012 debido a limitaciones estructurales al crecimiento. Al operar cerca de su potencial, el crecimiento se ve restringido por una asignación ineficiente de los factores de producción, mercados poco competitivos y escasez de innovación. Sin duda, las recientes tensiones geopolíticas se sumaron a estos factores y generaron incertidumbre que los mercados tuvieron que internalizar. Varias rondas de sanciones, contrasanciones y medidas para estabilizar la economía crearon un entorno de mayor riesgo que, a su vez, redujo la demanda interna. Las grandes salidas de capital, que este año podrían superar ampliamente los 100.000 millones de dólares estadounidenses, y la depreciación del rublo, que ha perdido cerca del 20 por ciento de su valor frente a la cesta de divisas euro-dólar estadounidense desde enero, crearon difíciles condiciones de financiación para los inversores. La depreciación del rublo y el aumento de la inflación de los precios al consumidor hasta alrededor del 8 por ciento frenaron en seco a los consumidores.
3. Impacto en las personas pobres. El panorama es bastante desalentador (Figura 2). Las bajas perspectivas de crecimiento dejan poco margen para seguir reduciendo la pobreza y aumentar la prosperidad compartida. En el pasado, el aumento de los salarios y las transferencias de pensiones permitieron a Rusia reducir significativamente la pobreza y ampliar las filas de la clase media. También preocupa el aumento de la desigualdad. Aunque el coeficiente de Gini, de 0,42, se mantiene en línea con el promedio de 2007-2013, lamentablemente no registra los cambios en la forma de la distribución. Al examinar los indicadores de la dinámica reciente de la clase media en Rusia (definida como las personas con ingresos per cápita superiores a 10 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo al día), observamos que la proporción de la población perteneciente a este grupo aumentó de forma sostenida hasta alcanzar el 68,4 por ciento en 2012. En la región de Europa y Asia Central, Rusia es uno de los países con mejor desempeño según esta definición de clase media. Sin embargo, un análisis más detallado de la distribución indica que este crecimiento se debió a la expansión de la proporción de personas relativamente más acomodadas dentro del grupo. En cambio, la proporción de la población situada en el extremo inferior (con ingresos de 10-25 dólares estadounidenses al día) se estancó en torno al 47 por ciento. Si Rusia no emprende reformas estructurales para ampliar el potencial de la economía, la baja inversión hará menos probable la creación de empleos bien remunerados. La alta inflación pone en riesgo el crecimiento de los ingresos reales y podría perjudicar el crecimiento del consumo.

¿Qué políticas o reformas prioritarias podrían cambiar este panorama?
Las medidas de estabilización macroeconómica seguirán siendo importantes en los próximos meses. Pero crece la incertidumbre sobre los objetivos más amplios de la política económica rusa a medio plazo. Algunas de las medidas y políticas que se están debatiendo podrían alterar el funcionamiento de la economía y resultar perjudiciales para su competitividad. Por ejemplo, el renovado interés del Gobierno en apoyar a determinadas empresas y sectores que se beneficiarían de la sustitución de importaciones —como la prohibición de los productos porcinos a principios de este año— constituye proteccionismo. Estas medidas podrían retrasar las reformas estructurales que ayudarían a la economía rusa a ser más competitiva a escala mundial.
Más allá de confiar en que los precios del petróleo sean altos, el retorno de Rusia a un crecimiento más sólido dependerá de una inversión privada firme y de una mejora de la confianza de los consumidores. Para ello será necesario un mayor grado de previsibilidad de las políticas que el actual, pero, sobre todo, más esfuerzos de reforma estructural. Rusia debería aprender de las lecciones de los países de la zona euro: las reformas que allí se evitaron durante los años buenos ya no pueden aplazarse en los años malos. Es posible que Rusia tenga por delante unos cuantos años malos.
Publicado en colaboración con El blog Future Development del Banco Mundial
Autor: Birgit Hansl es economista jefe del Banco Mundial para la Federación de Rusia.
Imagen: Una vista general muestra el Centro Internacional de Negocios de Moscú y la Torre Mercury City. REUTERS/Sergei Karpukhin


