Durante la última década, las economías africanas han crecido más rápido que cualquier otra economía del mundo. Sin embargo, la mayor parte de este crecimiento se ha producido fuera de la agricultura, aunque esta emplea a entre la mitad y dos tercios de la población. Este hecho, más que cualquier otro, explica por qué la expansión económica de África no ha logrado generar beneficios para la mayoría de los africanos.
En la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo que se celebra esta semana en Adís Abeba, los jefes de Estado, altos funcionarios gubernamentales y líderes empresariales de todo el mundo pueden contribuir a impulsar un crecimiento más inclusivo en África si ponen el acento en la inversión en la agricultura de pequeños productores, es decir, la producción de alimentos en explotaciones que suelen tener menos de una hectárea de superficie. Estas explotaciones son el pilar del sistema agrícola de África. Y, con la combinación adecuada de políticas e inversiones de los sectores público y privado, tienen potencial para convertirse en actores de alcance mundial.
Según el Banco Mundial, el valor de la producción agrícola de África podría triplicarse pronto, pasando de unos 280 000 millones de dólares actuales a alrededor de 800 000 millones de dólares para 2030. Esa producción podría dirigirse a los mercados alimentarios urbanos de África, que se espera que crezcan cuatro veces, y satisfacer la demanda total de alimentos del continente, que la Unión Africana proyecta que casi se triplique para 2050, con un aumento del 178 %, frente al 89 % de India y el 31 % de China. Pero, lo más importante, si la inversión se canaliza hacia los agricultores familiares y las empresas agrícolas locales, los beneficios llegarán a los quinientos millones de africanos que dependen de la agricultura para su alimentación y sus ingresos, muchos de ellos todavía atrapados en la pobreza.
Aún nos queda un largo camino por recorrer. Hoy en día, los agricultores y las empresas agrícolas africanas atraen solo el 5,8 % del total de los préstamos comerciales del continente, una señal clara de que la mayoría de los inversores todavía no apuestan por el potencial de rentabilidad de este sector.
Los gobiernos africanos se comprometieron recientemente a aumentar de forma significativa sus inversiones en nuestros pequeños agricultores. Muchos creen que se está reuniendo una masa crítica para impulsar un cambio profundo en la agricultura africana. Pero para que esta transformación se produzca, debemos afrontar los desafíos fundamentales de la producción y la comercialización, junto con las débiles políticas e instituciones agrícolas que han provocado que este sector tenga un rendimiento crónicamente deficiente.
Los problemas comienzan en el campo. Los agricultores africanos utilizan una proporción menor de fertilizantes, semillas de alta calidad y maquinaria agrícola básica, como tractores, que sus homólogos de otras regiones en desarrollo. Solo el 6 % de la tierra cultivada en África está regada. Y cuando se superan los desafíos de producción y aumentan los rendimientos, los agricultores a menudo tienen dificultades para rentabilizar su excedente.
Por ejemplo, debido a una combinación de desafíos de infraestructura y políticas comerciales obsoletas, los agricultores y las empresas agrícolas de África siguen teniendo enormes dificultades para acceder a los mercados, desde los centros urbanos de sus propios países hasta sus vecinos africanos al otro lado de la frontera, pasando por los compradores potenciales de los mercados regionales. Además, la transformación de alimentos y otras actividades agrícolas de «valor añadido», así como el empleo, los ingresos y la inversión que las acompañan, siguen produciéndose en gran medida fuera de África para los mercados africanos, lo que genera una enorme factura de importación de alimentos, por no hablar de la oportunidad perdida en empleos exportados para la juventud africana.
Existen ejemplos en varios países en los que las reformas específicas y el enfoque en atraer inversión del sector privado a la agricultura de pequeños productores han logrado resultados rápidos. En solo unos pocos años, las importaciones de arroz, azúcar y pescado de Nigeria se redujeron de 11 000 millones a 7 000 millones de dólares. En Ruanda, Uganda, Malaui, Etiopía, Ghana, Tanzania, Kenia, Zambia y Malí, un mayor acceso a semillas, fertilizantes y otras tecnologías está duplicando e incluso triplicando los rendimientos de los cultivos básicos fundamentales.
Hoy vemos que el sector agrícola de África puede crecer rápidamente y que sus beneficios pueden compartirse ampliamente cuando el enfoque pasa de una agricultura tradicional impulsada por el sector público a iniciativas más lideradas por el sector privado. Entonces, la política, el gasto y los marcos regulatorios gubernamentales, con el apoyo de los socios para el desarrollo, pueden centrarse en posicionar a los pequeños agricultores y a las empresas locales africanas en mercados que funcionen, para que actúen como emprendedores y entablen alianzas con empresas locales, regionales e internacionales que puedan facilitar un crecimiento económico inclusivo.
Incluso con la reciente caída de los precios del petróleo, África sigue siendo la región de crecimiento más rápido del mundo en inversión extranjera directa. Mientras los líderes se reúnen en Adís Abeba esta semana, los gobiernos, las empresas y las instituciones internacionales no solo deben adoptar políticas e incentivos que ayuden a acelerar la inversión, sino también dirigir una mayor parte de este capital a los agricultores africanos y a las empresas agrícolas africanas.
Tomar ahora las decisiones correctas en materia de inversión y políticas determinará si los frutos de las enormes oportunidades agrícolas de África se cosechan en beneficio de los 530 millones de africanos que dependen de la agricultura para su alimentación y sus ingresos. También determinará cuán inclusivas serán las economías africanas y si la promesa de la agricultura africana llega a materializarse o queda sin madurar en el ámbito de un potencial que nunca se llega a alcanzar.
Autora: Agnes Kalibata es presidenta de la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA) y antigua ministra de Agricultura y Recursos Animales de Ruanda.
Imagen: Un trabajador agrícola camina entre hileras de hortalizas en una granja de Eikenhof, al sur de Johannesburgo REUTERS/Siphiwe Sibeko

