Hace casi 30 años, Pittsburgh tenía una tasa de desempleo superior al 17 % y perdía miles de empleos al mes; la industria siderúrgica de la que dependía había quedado devastada a finales del siglo XX por la desaceleración de la demanda, el aumento de los costes y la intensa competencia. Hoy, la ciudad presume de tasas de desempleo inferiores a la media nacional.
Aunque sigue empleando a 100 000 fabricantes como segundo mercado más grande de Estados Unidos en empleo industrial del metal, Pittsburgh se reinventó con éxito atrayendo y creando nuevas industrias, e incluso ganó un nuevo apodo, «Roboburgh», por su éxito en robótica y fabricación avanzada. ¿Puede su historia convertirse en una hoja de ruta para otras ciudades, especialmente las del «cinturón oxidado» estadounidense, para superar el declive industrial?
El reto de la transformación de Pittsburgh se presentó en el informe Clusters of Innovation de 2002 del Council on Competitiveness. El informe señalaba los obstáculos que frenaban el desempeño económico de la ciudad, entre ellos la escasa retención de talento, los bajos niveles de innovación, un entorno difícil para las startups y una coordinación débil entre los distintos niveles de liderazgo. Durante la década siguiente, Pittsburgh adoptó medidas para abordar cada uno de estos retos.
Para evitar que los graduados con talento abandonaran la ciudad y atraer a otros de todo el mundo, se centraron los esfuerzos en cambiar la cultura urbana. Se invirtieron fondos, incentivos y asignaciones en nuevos programas de revitalización. Los resultados se vieron pronto: Pittsburgh fue nombrada la ciudad más habitable de Estados Unidos por la Economist Intelligence Unit.
Con el fin de impulsar la creación y el crecimiento de startups, se pusieron en marcha varios proyectos de innovación. Innovation Works, un programa estatal, promovió y apoyó el emprendimiento. Las asociaciones público-privadas como esta se han convertido en una herramienta poderosa, no solo para dirigir financiación a las startups y empresas en crecimiento que lo merecen, sino también para crear canales de comunicación y cooperación entre los distintos agentes económicos. Este tipo de esfuerzos se combinó con las bases ya existentes de una fuerza laboral cualificada y una sólida comunidad investigadora, lo que hizo posible la transformación de Pittsburgh.
El éxito de la ciudad fue reconocido en 2009, cuando fue elegida como sede de la prestigiosa e influyente cumbre del G20. Los organizadores destacaron su «economía diversa, equilibrada y resiliente», convirtiendo a Pittsburgh en «un modelo de transformación económica, medioambiental y de calidad de vida».
Más allá del éxito previamente mencionado en la fabricación avanzada, la ciudad ha registrado un gran desempeño en diversos ámbitos: servicios financieros y empresariales (alberga dos de los 15 mayores bufetes de abogados de Estados Unidos); negocios globales (sede de más de 100 empresas de más de 1000 millones de dólares), sanidad y ciencias de la vida (con más de 100 000 empleos), educación e investigación (la Carnegie Mellon University y la Universidad de Pittsburgh destacan en investigación, y más de 70 000 empleos son generados por la investigación y el desarrollo en su conjunto), y tecnologías de la información y la comunicación (unas 1600 empresas tecnológicas).
El presidente Obama comentó recientemente que Pittsburgh «se ha transformado de ciudad del acero en un centro de innovación de alta tecnología, que incluye tecnología verde, educación y formación, e investigación y desarrollo».
La recuperación de Pittsburgh demuestra el enorme potencial de transformación de las ciudades que dependen de industrias en declive. Puede tomarse como ejemplo de cómo es posible que las ciudades manufactureras encuentren una segunda vida mediante la innovación y las nuevas tecnologías. En un informe de 2014 de la National Bureau of Economic Research, Pittsburgh fue nombrada la segunda mejor ciudad para alcanzar el sueño americano, lo que reconoce la prosperidad recién encontrada y la movilidad económica que ofrece a sus ciudadanos.
Lea el nuevo informe Competitiveness of Cities aquí.
Autor: Deborah L Wince-Smith es presidenta y directora ejecutiva del Council on Competitiveness.
Imagen: Vista del centro de Pittsburgh desde el Duquesne Incline en Mt. Washington, 22 de septiembre de 2009. REUTERS/David A. DeNoma



