Por qué Piketty se equivoca sobre la herencia

Por qué Piketty se equivoca sobre la herencia
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El revuelo en torno al libro de Thomas Piketty El capital en el siglo XXI puede haberse apaciguado algo, pero el análisis de sus conclusiones está lejos de ser completo. Considere su discusión sobre la herencia, que destaca su creciente peso en la riqueza de los hogares a lo largo del tiempo. Esto parece una revelación impactante, que implica una desigualdad de la riqueza cada vez mayor. ¿Pero es correcta?

Para muchas personas, la riqueza heredada provoca repugnancia moral. La asocian con los Rockefeller y los Vanderbilt, cuyas grandes fortunas han sostenido a generación tras generación, y, de forma más general, con los “niños de fondos fiduciarios”, que heredan tanto dinero que nunca tienen que trabajar.

Los críticos tienen razón en que las herencias y las donaciones –conocidas colectivamente como “transferencias de riqueza”– se distribuyen de forma desigual. Solo alrededor de una quinta parte de las familias de Estados Unidos en 2007 había recibido alguna vez una transferencia de riqueza. En general, es probable que los receptores de cualquier transferencia de riqueza tengan mayores ingresos y pertenezcan a una clase de riqueza superior. Y los jóvenes más ricos tienden a tener padres adinerados y a haber recibido transferencias de riqueza mayores que sus homólogos más pobres.

También existe una desigualdad significativa entre quienes reciben transferencias de riqueza. En 2007, solo el 7,4 % de los beneficiarios había recibido más de 1.000.000 de dólares. El 1 % más rico recibió el 35 % de todas las transferencias de riqueza, y el 20 % más rico, el 84 %. En otras palabras, las transferencias de riqueza son casi tan desiguales entre los receptores como lo es el patrimonio neto de los hogares.

Pero estas cifras no respaldan la tesis de Piketty de que la herencia ha representado una proporción creciente de la riqueza de los hogares y agrava la desigualdad de la riqueza. De hecho, las cifras de Estados Unidos de 1989 a 2010, tomadas de la encuesta trienal de la Junta de la Reserva Federal Survey of Consumer Finances – contradicen ambas afirmaciones.

Para empezar, el valor medio de las herencias (en dólares constantes) aumentó solo un 24 % en ese período, lo que equivale a una tasa de crecimiento anual del 1 %, inferior al crecimiento anual del 1,7 % del patrimonio neto. Esto significa que las transferencias de riqueza como proporción del patrimonio neto en realidad disminuyeron, del 29 % al 26 %.

Asimismo, la proporción del patrimonio neto de una persona rica atribuible a transferencias de riqueza es, en promedio, inferior al 20 %; es decir, inferior a la proporción de un tercio de la clase media. Y, en el caso del 1 % más rico, la proporción cayó bruscamente, del 23 % en 1989 al 11 % en 2010.

Varios factores han contribuido a este descenso. Uno es el aumento de la esperanza de vida, que ha provocado una disminución del número de legados por año y ha obligado a las personas a financiar más años de vida (incluidos mayores gastos en atención sanitaria). Además, la proporción de patrimonios destinada a legados benéficos ha aumentado con el tiempo, en particular entre el grupo más rico. En este sentido, las transferencias de riqueza tienen un efecto igualador.

A primera vista, esta afirmación puede parecer contraintuitiva, sobre todo porque los hogares más ricos reciben transferencias de riqueza mayores que los más pobres. Pero, teniendo en cuenta la riqueza existente, incluso una transferencia relativamente pequeña a un hogar más pobre tendría un mayor impacto, en términos porcentuales, que una donación mucho mayor a un hogar rico. Esto significa que el patrimonio neto sin transferencias de riqueza y las propias transferencias de riqueza están correlacionados negativamente, y que la suma de las transferencias al patrimonio neto reduce la desigualdad de la riqueza en general.

Ayuda el hecho de que las transferencias de riqueza suelen dirigirse a personas o hogares más pobres, especialmente de padres más ricos a hijos más pobres. Este efecto se acentúa aún más cuando el patrimonio de una sola persona o de un hogar se reparte entre varios herederos, algo muy frecuente. Así, la enorme riqueza del plutócrata original se disipa a lo largo de varias generaciones, como ha ocurrido con los Rockefeller, y la velocidad de disipación depende del número de hijos que tenga cada heredero.

En resumen, la afirmación general de que la proporción de las transferencias de riqueza en la riqueza de los hogares está aumentando no es exacta en todos los casos, y desde luego no en la economía más rica del mundo. Incluso si fuera cierto, no sería particularmente problemático, dado que, a largo plazo, las herencias y las donaciones contribuyen a reducir la desigualdad de la riqueza. De hecho, todos podríamos estar mejor si las personas transfirieran más de su riqueza a otros, aunque solo fuera a miembros de su propia familia.

Publicado en colaboración con Project Syndicate

Autor: Edward N. Wolff es catedrático de Economía en la Universidad de Nueva York y autor del próximo libro Inheriting Wealth in America: Future Boom or Bust?

Imagen: Yates de lujo amarrados en el puerto de Cannes antes del inicio del 64.º Festival de Cine de Cannes, en Cannes, el 9 de mayo de 2011. REUTERS/Yves Herman

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