por Olivier Campenon*
Si el cambio es la única constante en nuestras vidas que no podemos evitar —por mucho que a veces lo intentemos—, podemos aprovechar al máximo la incertidumbre y sacar partido de las oportunidades que ofrece. El cambio para mejor ha cobrado impulso en toda la región durante los últimos meses; todos hemos sido testigos de ello. Y antes de que se imponga la era de la incertidumbre, creo que este es el momento adecuado para examinar las opciones que presenta.
Esta cumbre, en particular, me parece marcada por la incertidumbre: en este momento hay más preguntas abiertas que respuestas. Se percibe con fuerza que queda mucho por hacer. Sin embargo, al mismo tiempo, existe una determinación abrumadora de hacer lo correcto para encaminar a los países de la región hacia el éxito.
Por experiencia propia, cuando todo se convierte en un torbellino, una forma de poner las cosas en perspectiva es centrarse en lo esencial. Una hoja en blanco, una línea en el medio y las ventajas y desventajas anotadas a cada lado. Además, una buena dosis de pragmatismo: quedan descartados los sueños de cielos azules, las ciudades nuevas y todo lo que eso conlleva. La tarea del día es trabajar a conciencia para establecer un marco jurídico, crear oportunidades de empleo y lograr la paz en la región. Una casa solo es tan sólida como sus cimientos; la oportunidad de instaurar un nuevo orden es inmensa, y las posibilidades de que los jóvenes participen en la construcción de su propio futuro son igual de amplias e importantes.
El sector empresarial y el de las tecnologías de la información pueden desempeñar un papel especialmente constructivo. La inversión en infraestructura sigue siendo uno de los componentes clave del desarrollo y la integración de las economías en el mercado global. Sin embargo, con poblaciones jóvenes y formadas en toda la región, la oportunidad que se presenta es mucho más amplia. Los servicios que pueden desarrollarse sobre una infraestructura moderna no solo crean nuevos empleos: también abren nuevas ventanas al mundo y nuevos horizontes.
Soy y sigo siendo optimista. Tras permanecer durante décadas en penumbra, ¿qué mejor perspectiva que la de ver algo de sol? En el sentido literal, a la región nunca le ha faltado; ahora es el momento de que también ilumine su futuro. Es un pensamiento reconfortante mientras regreso a París, bajo cielos otoñales grises.
*Olivier Campenon es vicepresidente de BT para EMEA y asistirá a la Reunión Especial del Foro Económico Mundial sobre Crecimiento Económico y Creación de Empleo.

