La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto lo bien que los países gestionan el impacto económico de las crisis sanitarias.
Mientras que los países de la OCDE registran, de media, una contracción del PIB del 7,6 %, las previsiones para Corea del Sur se han revisado solo a −0,8 %.
El presidente de Chatham House, Jim O’Neill, explica cómo Corea del Sur se ha convertido en un modelo para otros países.
El 11 de agosto, la OCDE anunció que iba a revisar su previsión del PIB real (ajustado por inflación) de 2020 para Corea del Sur, del −1,2 % al −0,8 %, lo que refuerza la confianza en que el país lo está haciendo mejor desde el punto de vista económico que cualquier otro miembro de la OCDE. De media, los 37 Estados miembros se prevé que registren una contracción real del PIB del 7,6 %. Peor aún, esta noticia llegó tan solo un día antes de que el Gobierno del Reino Unido informara de una contracción récord del 20,4 %, en línea con las previsiones anteriores de que la economía británica se encaminaba a contraerse un 11,5 % en conjunto este año.
Las previsiones son solo previsiones, y el historial de la OCDE no es mejor (ni peor) que el de otras fuentes oficiales de estos datos. Según mi propia lectura de los recientes indicadores de alta frecuencia, sospecho que las cifras de producción mundial de 2020 resultarán menos sombrías de lo que muchos esperan.
No obstante, a efectos de comparaciones entre países, las perspectivas de la OCDE son fiables. Por ejemplo, los datos muestran con claridad que Corea del Sur destaca sobre el resto. El país lleva mucho tiempo siendo un modelo a seguir para otras economías en desarrollo, y ahora cada vez lo es más para economías “avanzadas” como Estados Unidos y el Reino Unido.
Retrospectivamente, no habría sido irrazonable suponer que Corea del Sur sufriría más que otros países de la OCDE a causa de la pandemia. A finales de enero, se convirtió en uno de los primeros países en notificar infecciones por COVID-19 fuera de China, y el riesgo de un brote grave no era menor que en cualquier otro lugar.
Sin embargo, a diferencia de Italia –otra de las primeras víctimas–, Corea del Sur ha evitado una epidemia nacional disruptiva, controlando los brotes esporádicos según han ido surgiendo. Además, en la medida en que la previsión de la OCDE sea acertada, la contracción de Corea del Sur en 2020 no es nada comparada con lo que el país vivió tras la crisis financiera asiática de 1997-98.
A mediados de marzo, muchos comentaristas de prestigio se centraron en el hecho de que el Reino Unido solo iba dos semanas por detrás de Italia, sin apenas mencionar a Corea del Sur. Al final, tanto Italia como el Reino Unido sufrieron crisis especialmente profundas en comparación con otros países. ¿Por qué Corea del Sur –un importante país comercial– logró gestionar el nuevo coronavirus mucho mejor, y qué lecciones tempranas podrían haberse extraído de su experiencia?
En este momento, nadie puede afirmar con certeza qué factores han marcado la mayor diferencia. Pero si tuviera que especular, señalaría aquellos rasgos de la economía surcoreana que le han venido beneficiando especialmente en las últimas décadas. El 20 de febrero publiqué un comentario titulado “Todas las miradas puestas en Corea del Sur”, en respuesta a los premios de la Academia de este año, en los que la película del director surcoreano Bong Joon-ho Parásitos se alzó con el premio a la mejor película. Corea del Sur suele ser estereotipada como un país demasiado rígido y obsesionado con la educación, pero allí estaba una película surcoreana recibiendo uno de los máximos honores artísticos del mundo.
Para mi espanto, entre la redacción y la publicación de ese comentario, Corea del Sur había empezado a sufrir su primer brote de COVID-19. Temía que lo que ocurriera sobre el terreno desmintiera pronto todos mis elogios al país. Pero no debí preocuparme. Casi seis meses después, está claro que Corea del Sur ha vuelto a salir bien parada.
En términos más generales, Corea del Sur se ha convertido en un modelo para otros países por dos razones sencillas. En primer lugar, en los últimos 40 años ha sido la única economía “en desarrollo” o “emergente” de tamaño medio a grande (por población) que ha elevado su renta per cápita hasta el nivel de las economías avanzadas. Cuando me incorporé al mercado laboral a principios de los años ochenta, Corea del Sur era, de media, aproximadamente tan rica como la mayoría de los países africanos. Hoy es tan rica como España.
En segundo lugar, Corea del Sur no solo ha crecido, sino que también ha subido en la escala económica gracias a la adopción de la tecnología. Cuando era economista jefe de Goldman Sachs, dirigí la creación de un índice de desarrollo sostenible para más de 180 países. Comprobamos que, además de figurar entre los diez primeros en la mayoría de los indicadores, Corea del Sur obtenía una puntuación especialmente alta en las medidas de adopción y difusión tecnológicas, incluso superior a la de Estados Unidos.
Lo crucial es que los subcomponentes de nuestro índice no solo recogían quién inventaba o fabricaba determinadas tecnologías, desde las computadoras centrales hasta los teléfonos móviles, sino también quién las utilizaba. Corea del Sur es hoy una sociedad intensiva en tecnología, y eso casi con seguridad ha marcado la diferencia en el contexto de la pandemia, en particular a la hora de vigilar los riesgos localizados y contener la propagación del virus. En cambio, en el Reino Unido todavía estamos lejos de contar con un sistema de pruebas y rastreo “de categoría mundial”, porque las tecnologías necesarias simplemente no están disponibles para suficiente parte de la población.
Corea del Sur está muy abierta al comercio mundial y publica sus datos comerciales el primer día de cada mes. Los datos de julio muestran que su desempeño exportador ha mejorado notablemente (es decir, que no está descendiendo tan bruscamente como en los meses anteriores).
Esta mejora puede o no ser un presagio de lo que aguarda a la economía mundial mientras se recupera de un colapso histórico. Pero es claramente otra señal de que Corea del Sur ha gestionado bien la crisis, especialmente si se compara con las ridículas muestras de fanfarronería, negación e incompetencia de algunas de las economías avanzadas del mundo. Es hora de que todos empiecen a aprender de Corea del Sur.


