La globalización no está en declive, pero sí está cambiando

A Filipino trader stands against the reflections of trading figures inside the Philippine Stock Exchange in Makati's financial district at Manila February 27, 2006. REUTERS/Romeo Ranoco - RP3DSFDDHDAA
Some technologies will improve trade logistics and transaction costs, boosting goods tradeImage: REUTERS/Romeo Ranoco
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La historia del comercio refleja el avance constante de la innovación tecnológica. Esta columna sostiene que, a pesar del aumento de las tensiones comerciales, el auge del nacionalismo y la desaceleración del comercio mundial de bienes, la globalización no está retrocediendo. En cambio, está entrando en una nueva etapa impulsada por los flujos de información y datos, así como por los cambios tecnológicos que están reconfigurando las cadenas de valor de la industria.

Numerosas fuerzas determinan los flujos comerciales, entre ellas las políticas comerciales, los cambios en la naturaleza y la ubicación de la demanda de los consumidores y las diferencias en los costes de la mano de obra y otros insumos entre distintas geografías. Otro factor importante, aunque poco reconocido, que impulsa los flujos comerciales es la tecnología.

La historia del comercio refleja el avance constante de las nuevas innovaciones tecnológicas. Por ejemplo, tras la Segunda Revolución Industrial, la introducción de los barcos de vapor y los ferrocarriles cambió la economía del comercio a través de las fronteras nacionales. Del mismo modo, la revolución digital de los años noventa y principios de los 2000 permitió a las empresas interactuar con proveedores y clientes de lugares lejanos (Baldwin 2016). Las cadenas de valor globales existían antes de internet, pero internet facilitó aún más la fragmentación y la deslocalización de la producción al reducir enormemente los costes de coordinación y comunicación. Cuando China y otros países en desarrollo comenzaron a participar en estas redes de producción de proveedores especializados y plantas de ensamblaje, los flujos comerciales se dispararon y se extendieron por todo el mundo.

Hoy, la nueva generación de tecnologías volverá a reconfigurar los flujos comerciales y las cadenas de valor globales. Pero, a diferencia de la revolución anterior de las TIC, estas innovaciones tendrán efectos más diversos y complejos en el comercio durante los próximos años. Algunos avances, como las plataformas digitales, la cadena de bloques y el internet de las cosas, seguirán reduciendo los costes de transacción y logística, impulsando así el comercio (OMC 2018). Otras tecnologías, en cambio, podrían reducir los flujos comerciales al cambiar la economía y la ubicación de la producción, y transformar el contenido mismo de lo que se compra y se vende a través de las fronteras.

El impacto neto de toda esta oleada de nuevas tecnologías no está claro, pero en escenarios futuros plausibles podrían frenar el comercio de bienes y, al mismo tiempo, impulsar aún más los flujos de servicios y datos. Investigaciones anteriores han encontrado indicios de que la tecnología aumenta el comercio de datos y servicios (por ejemplo, Bughin y Lund 2017, Freund y Weinhold 2000), pero hasta la fecha la literatura no ha aportado pruebas detalladas sobre las cadenas de valor. Tanto para las empresas como para los países, estas tendencias beneficiarán a algunas empresas y también crearán perdedores. Para todos, es cada vez más imperativo centrarse en las competencias y la infraestructura digitales, las capacidades de prestación de servicios y la innovación. En esta columna analizamos algunos de los posibles efectos y estimamos la magnitud del cambio potencial.

Algunas tecnologías mejorarán la logística comercial y reducirán los costes de transacción, impulsando el comercio de bienes

Las empresas que comercian a través de las fronteras suelen perder tiempo y dinero en los trámites aduaneros o por retrasos en los envíos y pagos internacionales. Sin embargo, varias tecnologías nuevas pueden aliviar estas fricciones.

Por ejemplo, las plataformas digitales conectan directamente a compradores y vendedores, y reducen los costes de búsqueda y coordinación (McAfee y Brynjolfsson 2017). Han creado mercados globales fluidos en ámbitos como el comercio electrónico, los pagos, los viajes, el aprendizaje y los servicios laborales, y aún hay mucho margen para crecer. AliResearch, de Alibaba, prevé que las ventas transfronterizas de comercio electrónico B2C por sí solas alcanzarán aproximadamente 1 billón de dólares en 2020. El comercio electrónico B2B podría multiplicar esa cifra por cinco o seis. Aunque algunas de esas transacciones podrían sustituir los flujos comerciales tradicionales fuera de línea, el comercio electrónico aún podría generar entre 1,3 y 2,1 billones de dólares de comercio adicional para 2030, e impulsar entre un 6 y un 10 % el comercio de bienes manufacturados. Esto incluirá a muchas pequeñas empresas que podrán llegar directamente a clientes de otros países. EBay, Alibaba, Amazon, Jumia y otros mercados en línea están propiciando el auge de las «microempresas multinacionales»: hoy, las empresas emergentes acceden al talento, la financiación y los consumidores globales desde el primer día (McKinsey Global Institute 2016).

Las tecnologías logísticas también siguen mejorando. El internet de las cosas puede rastrear los envíos en tiempo real, mientras que la inteligencia artificial puede determinar las rutas de los camiones según las condiciones actuales de las carreteras. El procesamiento automatizado de documentos puede agilizar el paso de las mercancías por la aduana. Algunas empresas están desarrollando flotas de camiones autónomos, y varios puertos de todo el mundo han incorporado grúas automatizadas y vehículos guiados capaces de descargar, apilar y volver a cargar contenedores con mayor rapidez y menos errores. La cadena de bloques podría servir para rastrear los envíos y activar pagos automatizados más rápidos, aunque habrá que esperar un tiempo para determinar si es escalable y eficaz en el comercio.

Calculamos que este conjunto de tecnologías podría reducir entre un 16 y un 28 % los tiempos de envío y de tramitación aduanera. La literatura académica concluye que una reducción del 1 % en los costes comerciales puede traducirse en un aumento del 0,4 % en los flujos comerciales (Djankov et al. 2010, Hausman et al. 2013). A partir de estas cifras, estimamos que, en conjunto, estas tecnologías podrían impulsar el comercio total entre un 6 y un 11 % para 2030 en comparación con el escenario de referencia, lo que equivaldría a unos 4,7 billones de dólares en comercio anual. Si se consideran los tiempos medios de tramitación y los flujos bilaterales de cada país, Bangladesh, India e Indonesia figuran entre los que podrían obtener los mayores beneficios.

Figura 1 El efecto de la tecnología en los flujos comerciales de las cadenas de valor

Image: McKinsey Global Institute (2019)

La automatización y la fabricación aditiva cambian los procesos de producción y la importancia relativa de los insumos, y pueden reducir el comercio de bienes

La difusión de las tecnologías de automatización e inteligencia artificial apunta a que varias industrias experimentarán un cambio profundo en la importancia relativa del capital y la mano de obra (McKinsey Global Institute 2017). La creciente adopción de la automatización y la IA en la fabricación resta importancia a los costes laborales y aumenta la de otros factores, como la proximidad a los mercados de consumo, el acceso a los recursos, las competencias de la fuerza laboral y la calidad de la infraestructura.

Como resultado, ya observamos una tendencia a trasladar la producción más cerca de los mercados de consumo finales, como Estados Unidos y la Unión Europea. Hoy, solo el 18 % del comercio de bienes va de países con salarios bajos a países con salarios altos, y esa proporción está disminuyendo en las industrias con mayor intensidad de mano de obra, como la textil y la confección. Por ejemplo, Adidas y Nike han diseñado nuevas líneas de calzado deportivo aptas para automatizar por completo el proceso de producción, y han abierto esas nuevas fábricas en Alemania y Estados Unidos (Adidas) y en México (Nike).

Además de afectar al comercio de bienes manufacturados, la automatización influirá en el comercio de servicios. Muchos servicios de centros de llamadas y asistencia técnica ya están «atendidos» por agentes virtuales, que incorporan capacidades de procesamiento del lenguaje natural y empiezan a realizar una gama más amplia de tareas. Esto lleva a algunas empresas a automatizar la atención al cliente y los servicios administrativos internos en vez de deslocalizarlos. Esta tendencia podría reducir el mercado mundial de 160.000 millones de dólares de externalización de procesos empresariales, actualmente uno de los sectores de servicios con mayor volumen de comercio.

La fabricación aditiva (impresión 3D) también podría influir en los futuros flujos comerciales. La mayoría de los expertos cree que no sustituirá a la producción en masa durante la próxima década; su coste, velocidad y calidad siguen siendo limitaciones. Sin embargo, está ganando terreno en la fabricación de prototipos, piezas de repuesto, juguetes, calzado y dispositivos médicos. Como los productos impresos en 3D pueden fabricarse cerca del lugar donde se utilizan, dejarían de necesitar transporte internacional (aunque podrían aumentar los flujos de datos al transmitirse los archivos de diseño). Si bien esto podría reducir sustancialmente el comercio de algunos productos concretos, para 2030 es poco probable que la caída supere unos pocos puntos porcentuales en el conjunto de los bienes manufacturados. En algunos casos, la fabricación aditiva incluso podría impulsar el comercio al permitir la personalización.

En general, estimamos que la automatización, la IA y la fabricación aditiva podrían reducir conjuntamente el comercio mundial de bienes hasta un 10 % para 2030 en comparación con el escenario de referencia, es decir, en 4 billones de dólares en flujos comerciales anuales. Sin embargo, esto refleja únicamente el impacto directo de estas tecnologías al posibilitar que la producción se acerque a los consumidores finales de las economías avanzadas. También es posible que estas tecnologías propicien la relocalización cercana y la regionalización del comercio, en lugar de la relocalización en las economías avanzadas, lo que afectaría tanto a los modos de transporte (por ejemplo, al sustituir el transporte en contenedores por el terrestre y la carga aérea) como a los corredores comerciales. Ya observamos que, desde 2013, el comercio intrarregional ha crecido más rápido que el interregional. Esta tendencia se observa en todo el mundo, pero destaca especialmente a medida que se desarrollan cadenas de valor regionales en Asia y en la UE28 (McKinsey Global Institute 2019).

Las nuevas tecnologías también pueden tener efectos indirectos e inesperados en los flujos comerciales

A medida que la tecnología transforma algunos productos y servicios, también cambiará el contenido y el volumen de los flujos comerciales. Algunos de estos cambios podrían tener consecuencias inesperadas para dichos flujos.

Las energías renovables, como la solar y la eólica, son menos comerciables que los combustibles basados en el carbono, como el carbón y el gas natural licuado (GNL). Por lo tanto, la descarbonización en curso de las economías y la transición a las energías renovables podrían reducir el comercio de energía.

Otro ejemplo de efectos indirectos en el comercio es que la creciente adopción de vehículos eléctricos podría reducir el comercio de piezas de automóviles. McKinsey estima que los vehículos eléctricos representarán alrededor del 17 % de las ventas totales de automóviles en el mundo para 2030 (frente al 1 % en 2017). Sin embargo, como sus sistemas de propulsión tienen apenas un 15 % de las piezas móviles de los motores de combustión interna, esta tendencia podría reducir hasta un 10 % los cientos de miles de millones de dólares del comercio anual de piezas de vehículos y, además, moderar las importaciones de petróleo (más de la mitad de las cuales se destinan al transporte).

El paso de los flujos físicos a los digitales, iniciado hace años con películas, álbumes y juegos individuales, está evolucionando de nuevo a medida que empresas como Netflix, Tencent Video y Spotify popularizan los modelos de emisión en continuo y suscripción. La emisión en continuo ya representa casi el 40 % de los ingresos mundiales por música grabada. La computación en la nube utiliza un modelo similar de pago por uso o suscripción para el almacenamiento y el software, y evita que los usuarios tengan que realizar grandes inversiones de capital en su propia infraestructura de TI. La transición de los bienes físicos a los servicios de emisión en continuo, alquiler y pago por uso apenas está comenzando. Esto afectará no solo a la composición del comercio —de bienes físicos a servicios—, sino probablemente también al valor relativo de los servicios.

La creciente importancia de los servicios

El impacto neto de estas fuerzas contrapuestas en los flujos comerciales mundiales es incierto. Sin embargo, en escenarios plausibles, es muy posible que el siguiente efecto acelere aún más el paso de los bienes a los servicios en los flujos comerciales mundiales. Esto concuerda con otras investigaciones sobre las causas de la desaceleración del comercio (Timmer et al. 2016).

Ya hoy, el comercio de servicios crece un 60 % más rápido que el comercio de bienes en general. Algunos tipos de servicios, como los servicios de TI, las telecomunicaciones, los servicios empresariales y las regalías por propiedad intelectual, crecen entre dos y tres veces más rápido que el comercio de bienes. Además, el 30 % del valor de los bienes comercializados corresponde a los servicios incorporados en su producción, como la ingeniería y el diseño, los servicios financieros, la distribución y el marketing (Miroudot y Cadestin 2017). Si se contabilizan en términos de valor añadido, los servicios ya representan al menos el 45 % de los flujos comerciales mundiales.

Las redes inalámbricas 5G, la realidad virtual y la realidad aumentada podrían impulsar los servicios en el futuro. La llegada de las redes inalámbricas 5G ultrarrápidas abre nuevas posibilidades para prestar servicios en todo el mundo. Por ejemplo, la cirugía a distancia podría volverse más viable gracias a que las redes transmiten imágenes nítidas sin demoras y los robots responden con mayor precisión a la manipulación remota. En las plantas industriales, la tecnología 5G puede facilitar el mantenimiento basado en la realidad aumentada y virtual desde ubicaciones remotas, y crear nuevos flujos de servicios y datos.

Conclusiones

A pesar del aumento de las tensiones comerciales, el auge del nacionalismo y la desaceleración bien documentada del comercio mundial de bienes, la globalización no está retrocediendo (Lund y Tyson 2018). Más bien, está entrando en una nueva etapa impulsada por los flujos de información y datos, así como por los cambios tecnológicos que están reconfigurando las cadenas de valor de la industria.

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