Hoy, las megaciudades se han convertido en sinónimo de crecimiento económico. Tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados, las ciudades con poblaciones de 10 millones o más representan entre un tercio y la mitad de su producto interno bruto.
Muchos analistas y responsables de formular políticas creen que esta tendencia ha llegado para quedarse. Según afirman, el auge del análisis de macrodatos y de la tecnología móvil debería impulsar el desarrollo y transformar metrópolis como Shanghái, Nairobi y Ciudad de México en las llamadas «ciudades inteligentes», capaces de aprovechar sus enormes poblaciones para impulsar sus economías y cambiar el equilibrio de poder en el mundo.
Sin embargo, como investigadores de tecnología, vemos un futuro urbano menos prometedor. Esto se debe a que la digitalización y la colaboración colectiva socavarán los propios cimientos de la economía de las megaciudades, que suele basarse en alguna combinación de manufactura, comercio, venta minorista y servicios profesionales.
La fórmula exacta varía de una región a otra, pero todas las megaciudades están diseñadas para maximizar la productividad de sus enormes poblaciones. Hoy, estas ciudades dependen en gran medida de las economías de escala, por las que el aumento de la producción genera ventajas de costos, y de los ahorros y beneficios de ubicar a personas y empresas en el mismo lugar en barrios y polos industriales.
Pero los avances tecnológicos están transformando estos antiguos modelos de negocio y amenazando el futuro de las megaciudades tal como las conocemos.
La manufactura, en crisis
Un ejemplo clásico de tecnología disruptiva es la impresión 3D, que permite a las personas «imprimir» desde helados hasta piezas de maquinaria.
A medida que se extienda esta técnica simplificada, eliminará algunos de los numerosos eslabones del proceso de producción mundial. Al suprimir a los «intermediarios», la impresión 3D podría reducir en última instancia la cadena de suministro a solo un diseñador en un extremo y un fabricante en el otro, lo que reduciría considerablemente los costos de producción de los bienes manufacturados.
Esto beneficia los márgenes de ganancia de las empresas transnacionales y a los consumidores, pero no a las ciudades industriales, donde buena parte de la infraestructura de transporte y almacenamiento pronto podría volverse redundante. Los empleos en manufactura, logística y almacenamiento, ya amenazados en muchas grandes instalaciones, pronto podrían estar en peligro en todo el mundo.
En resumen, la impresión 3D ha transformado las economías de escala surgidas de la industrialización en economías de una o pocas unidades. A medida que se extienda, muchas megaciudades, en particular centros manufactureros asiáticos como Dongguan y Tianjin, ambas en China, pueden esperar una alteración generalizada de sus economías y fuerzas laborales.
Declive de los centros comerciales
El sector minorista está experimentando una transformación similar. Los centros comerciales, por ejemplo, que antes prosperaban en las megaciudades, ahora sufren las consecuencias de la llegada del comercio electrónico.
La propuesta de valor de los centros comerciales siempre se basó en que sus economías de escala dependían de la ubicación. Es decir, para ser rentables, los centros comerciales debían situarse cerca de una gran base de consumidores. Las megaciudades densamente pobladas eran perfectas.
Pero, a medida que las tiendas se han trasladado a Internet, las megaciudades han perdido esta ventaja competitiva. Aunque las compras en línea no han sustituido por completo al comercio minorista en tiendas físicas, su facilidad y comodidad han obligado a muchos centros comerciales a cerrar en todo el mundo. En Estados Unidos, las visitas a los centros comerciales disminuyeron un 50 por ciento entre 2010 y 2013.
Las ciudades de China, donde el Gobierno ha buscado basar la economía nacional en el consumo, se verán especialmente afectadas por este fenómeno. China tiene el mayor mercado de comercio electrónico del mundo y se calcula que un tercio de los 4.000 centros comerciales del país cerrará en los próximos cinco años.
A medida que la tecnología móvil siga expandiéndose y llegue incluso a las poblaciones más remotas, este proceso se acelerará en todo el mundo. Muy pronto, sitios web de venta minorista como Amazon, Alibaba y eBay habrán convertido cada teléfono inteligente en un centro comercial virtual, sobre todo si el sueño de las entregas con drones se hace realidad.
La nueva fuerza laboral: robots, IA y la nube humana
Los cambios en el mundo empresarial también afectarán a las ciudades de todo el mundo.
Gracias a la inteligencia artificial, o IA, que hace posible automatizar numerosas tareas, tanto manuales como cognitivas, hoy podemos despedirnos de los cajeros humanos y los gestores de fondos y dar la bienvenida a los robots.
Incluso en los trabajos que no se pueden automatizar fácilmente, la digitalizada economía de trabajos ocasionales pone a las personas en competencia directa con una oferta mundial de trabajadores independientes para realizar tareas tanto rutinarias como especializadas.
La colaboración colectiva tiene, sin duda, sus ventajas. Mediante el uso de la IA y del conocimiento aportado colectivamente por miles de especialistas médicos de 70 países, el Human Diagnosis Project ha creado una plataforma mundial de diagnóstico gratuita para pacientes y médicos, una ayuda especialmente valiosa para quienes tienen un acceso limitado a los servicios de salud pública.
Pero, al trasladar la colaboración al ámbito virtual, el modelo de negocio de la «nube humana» también está volviendo obsoleta la idea de la oficina. En el futuro, los profesionales médicos de distintas especialidades ya no tendrán que trabajar cerca unos de otros para realizar su labor. Lo mismo ocurrirá en otros campos.
En un mundo sin oficinas, los centros empresariales y financieros tradicionales, como Nueva York y Londres, se verían perjudicados, ya que la planificación urbana, la zonificación y el mercado inmobiliario tendrán dificultades para adaptarse a las necesidades cambiantes de las empresas y los trabajadores.
Una crisis en ciernes
En algún momento, todos estos cambios podrían hacer que las economías de escala importen mucho, mucho menos. Si eso ocurre, el tamaño de la población —actualmente el motor de las metrópolis modernas— se convertirá en una desventaja.
Las megaciudades llevan mucho tiempo lidiando con los efectos negativos de la densidad y la rápida urbanización, entre ellos las enfermedades transmisibles, la escasez de infraestructura crítica, la creciente desigualdad, la delincuencia y la inestabilidad social. A medida que se erosione su base económica, es probable que estos desafíos se vuelvan más apremiantes.
Los daños variarán de una ciudad a otra, pero creemos que los profundos cambios en curso en el comercio minorista, la manufactura y los servicios profesionales afectarán a los siete tipos principales de megaciudades del mundo: gigantes globales (Tokio, Nueva York), centros asiáticos (Singapur, Seúl), puertas de entrada emergentes (Estambul, São Paulo), China industrial (Tianjin, Cantón), capitales del conocimiento (Boston, Estocolmo), ciudades estadounidenses de tamaño medio (Phoenix, Miami) y ciudades internacionales de tamaño medio (Tel Aviv, Madrid).
Y dado que el 60 por ciento del PIB mundial se genera en solo 600 ciudades, las dificultades de una ciudad podrían desencadenar fallos en cadena. Es concebible que, dentro de 10 o 20 años, las megaciudades en declive provoquen la próxima crisis financiera mundial.
Si este pronóstico parece alarmante, también es previsible: los lugares, al igual que las industrias, deben adaptarse a los cambios tecnológicos. Para las megaciudades, ha llegado el momento de empezar a planificar un futuro marcado por la disrupción.




