El mismo día en que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU advirtió de que solo nos quedan 12 años para evitar una catástrofe climática, un economista estadounidense especializado en clima, citado con frecuencia en el informe del IPCC, ha sido nombrado uno de los dos ganadores del Premio Nobel de Ciencias Económicas de este año.
William Nordhaus, catedrático de economía en Yale, ha sido reconocido por la Real Academia Sueca de Ciencias por su trabajo, que se remonta a la década de 1970, para comprender y modelizar cómo interactúan la economía mundial y el clima.
Nordhaus comparte el premio Nobel, dotado con un millón de dólares, con Paul Romer, catedrático de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, quien ha sido galardonado por su trabajo, que demuestra la importancia fundamental de los factores internos, como la innovación tecnológica, para impulsar el crecimiento económico de un país.
Juntos, según el Comité Nobel,, los dos galardonados han “diseñado métodos que abordan algunas de las cuestiones más fundamentales y urgentes de nuestra época: el crecimiento sostenible a largo plazo de la economía mundial y el bienestar de la población mundial”.
Nordhaus inició su trabajo sobre el cambio climático en la década de 1970, cuando empezaban a surgir las pruebas del calentamiento global causado por el ser humano. Desarrolló un conjunto de modelos sencillos pero dinámicos sobre la relación entre la economía mundial y el clima. Estas herramientas, denominadas “modelos integrados de evaluación”, nos permiten simular las consecuencias, tanto para la economía como para el clima, de las decisiones, supuestos y políticas que se adoptan y aplican hoy.
El trabajo de Nordhaus le ha llevado a concluir que la mejor manera de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar sus efectos es un sistema de impuestos sobre el carbono aplicado a escala mundial, una línea de actuación que recomienda el informe del IPCC.
Por su parte, el trabajo de Romer le ha llevado a desarrollar un conjunto de ideas denominadas teoría del crecimiento endógeno. Tradicionalmente, los economistas han sostenido que el crecimiento económico de un país depende en gran medida de factores externos, como, por ejemplo, la inversión exterior. Sin embargo, la teoría de Romer sostiene lo contrario: que son los factores internos o endógenos los que encierran la clave de la prosperidad de un país. Esto es importante porque demuestra a los gobiernos y a los responsables políticos que es posible lograr un crecimiento sostenible dirigiendo los recursos y la inversión hacia el interior, hacia los impulsores de la innovación tecnológica, como la educación y la investigación.
Si bien el trabajo de Nordhaus es el que se ocupa de forma más explícita de combatir el cambio climático, el de Romer también es fundamental, porque necesitamos la innovación tecnológica de nuestro lado en la lucha contra el cambio climático. Al preguntarle por la lección más importante de su trabajo durante la entrevista con el Comité del Premio Nobel incluida más arriba, Romer respondió: “Lo que ocurre con la tecnología está bajo nuestro control”.
“Si todos nos proponemos mejorar la tecnología”, afirma, “podemos mejorarla en la dirección que consideramos importante y a un ritmo más rápido… En lugar de tratarla como si fuera el clima, podemos tratar [la tecnología] como algo que controlamos”.
Las aportaciones de estos dos economistas son “pasos decisivos hacia adelante para abordar cuestiones centrales sobre el futuro de la humanidad”, según ha afirmado el Comité Nobel. Para avanzar hacia un sistema de crecimiento económico mundial sostenible, necesitamos comprender cuál es la mejor dirección a seguir. Romer y Nordhaus han ayudado a señalar el camino, y sus señales de tráfico no podrían ser más oportunas.




