El crecimiento del producto interno bruto (PIB) suele utilizarse para ilustrar el progreso económico de los países de todo el mundo.
Pero muchos expertos sostienen que se necesita una medida del progreso mejor: más precisa desde el punto de vista económico y más pertinente desde el punto de vista social.
Los cambios económicos globales actuales, junto con las próximas negociaciones de la ONU, podrían ayudar al mundo a avanzar más allá del PIB.
Ante la creciente preocupación de la población por el costo de vida, la desigualdad, la disrupción laboral relacionada con la IA y el cambio climático, ¿ha llegado por fin el momento de destronar al producto interno bruto (PIB) como principal medida del progreso económico nacional?
Los mercados financieros y los economistas suelen entusiasmarse con la publicación de una cifra sólida de crecimiento del PIB o de la productividad, pero hace falta algo más tangible para convencer al público general. La gente juzga el éxito de la economía de su país por el progreso en el nivel de vida de suhogar, ya sea en cuanto a la situación laboral y las perspectivas de empleo, el crecimiento salarial, el costo de los bienes de primera necesidad o la seguridad económica, social o ambiental.
Por supuesto, el crecimiento del PIB estáaltamente correlacionado con el aumento del nivel de vida a lo largo del tiempo, pero la relación entre ambos no avanza al mismo ritmo. Tiende a debilitarse a medida que los países se enriquecen. Además, los niveles de vida pueden variar mucho dentro de una economía, sobre todo cuando se producen grandes cambios o perturbaciones, o cuando el poder político y las rentas económicas están muy concentrados.
Vivimos actualmente un período de profunda transformación, transición y concentración. Esto hace que el crecimiento del PIB sea una medida aún menos satisfactoria del progreso material en este siglo que en el anterior, aunque el crecimiento siga siendo importante, sobre todo para reducir la pobreza en los países de ingresos bajos y medianos bajos.
Una mejor manera de medir el progreso
La cuestión de cómo crear una medida del progreso mejor —es decir, más precisa desde el punto de vista económico y más pertinente desde el punto de vista social— viene de lejos. Pero el trabajo técnico y el debate político sobre este desafío podrían estar a punto de dar un gran paso adelante.
Han pasado más de 15 años desde que se publicó el histórico informeStiglitz-Sen-Fitoussisobre cómo medir el desempeño económico y el progreso social, tras la Gran Crisis Financiera de 2008. Ahora se espera que esta semana se publique un nuevo conjunto de recomendaciones delGrupo de Expertos de Alto Nivel de la ONU sobre Más allá del PIB.
Esto dará inicio a un proceso de negociación intergubernamental en la ONU cuyo objetivo es que este ámbito pase por fin de las buenas prácticas desiguales y dispersas a prácticas habituales comparables a nivel internacional. Esto podría incluir el establecimiento de una nueva medida general del progreso que sustituya al PIB o, más probablemente, lo integre o se utilice junto con él.
Uno de los desafíos más complejos que afrontarán estas negociaciones tiene que ver con la heterogeneidad de los temas y los datos pertinentes.
Unartículo publicado recientemente por un grupo de economistas vinculados a la ONU, del que fui autor principal, propone que los gobiernos distingan claramente las tres dimensiones clave de la medición del progreso: la producción, el nivel de vida material y otros indicadores del bienestar, no materiales o subjetivos. Deberían informar sobre las tres de manera estandarizada a nivel internacional e integrar las dos primeras en una nueva medida general del progreso económico : el desarrollo sostenible nacional bruto (GNSD).
El GNSD integraría una versión mejorada de la medida estándar de la producción (PIB) con un nuevo índice multidimensional del nivel de vida (MLSI). Esto ofrecería una visión del progreso económico estandarizada a nivel internacional desde el otro extremo del telescopio; es decir, desde la experiencia material vivida por las personas o el nivel de vida del hogar mediano.
El artículo ilustra detalladamente ambos conceptos nuevos. Pretende ser una reflexión fundamental —en cierto modo, un regreso a los principios básicos— sobre cómoel proyecto Más allá del PIB, de larga trayectoriapodría lograr el máximo impacto en el comportamiento de quienes formulan políticas y, al mismo tiempo, aumentar la transparencia sobre la «realización progresiva» por parte de los países de losderechos humanos económicos y sociales universales.
IA, cambio climático, comercio internacional y más
Una medida general del progreso económico más completa y equilibrada podría propiciar mejores debates y decisiones en materia de políticas sobre algunos de los mayores desafíos económicos que afrontan los países en el siglo XXI. La inteligencia artificial (IA), por ejemplo, probablemente aumentará la productividad y los ingresos nacionales, pero agravará la desigualdad.
Además, el cambio climático, el envejecimiento de la población y la fragmentación del sistema de comercio internacional parecen estar a punto de limitar el volumen del crecimiento económico en muchos países durante los próximos años. Esto hará que sea más importante que nunca que sus gobiernos den prioridad a políticas que mejoren la calidad social de su crecimiento, es decir, los resultados humanos o las dimensiones del nivel de vida que recoge el índice MLSI.
En economía, como en muchos otros ámbitos de la actividad humana, aquello que se mide como prioridad suele gestionarse como prioridad. Ha llegado el momento de medir de manera coherente a nivel internacional los aspectos del progreso económico que realmente le importan a la gente.
Si los titulares se centraran en el GNSD, ayudarían a reequilibrar las prioridades políticas y a mejorar la rendición de cuentas ante la ciudadanía respecto del objetivo, tantas veces declarado, de hacer que las economías sean más inclusivas, sostenibles y resilientes.



